La estátua ecuestre de Francisco Pizarro. Trujillo. Cáceres

Estatua Ecuestre de Francisco Pizarro. Trujillo. Cáceres, España. Por González-Alba

La llegada del Caballo a América

Según lo expresa la historia y diversos hipólogos destacados como Prado (1914) y Cabrera (1945), el caballo arribó a América en 1493 en el segundo viaje de Cristóbal Colón, llegando a la Isla Española, hoy Las Antillas. Desde ahí se multiplicaron extraordinariamente para posteriormente reunirse en gran número en Jamaica y México, lugares desde donde la corona concedió los caballos suficientes a los conquistadores para llevar a cabo sus arriesgadas expediciones al interior del continente americano.
Por ello, para entender mejor la formación del Caballo Chileno que hoy poseemos, tendremos que retroceder en el tiempo hasta situarnos en la península ibérica anterior a 1492, época en donde según lo expresa el ingeniero agrónomo y zootecnista de la Universidad de Chile don Uldaricio Prado, en su libro de 844 páginas, “El Caballo Chileno 1541 a 1914, Estudio Zootécnico e Histórico Hípico ”, éste se redujo en su formación a tres tipos bien definidos, formando cada uno de ellos una raza o tipo, con características distintas y muy nítidas.

1. Tipo Español Castellano formado por:

1.1  Tipo Aborigen de las regiones de Galicia, Navarra, Castilla y Aragón, ejemplar proveniente de mezclas entre caballada autóctona europea, céltica y africana.

1.2  Tipo germánico introducido por Godos – Suecos y Eslavos, caballada nativa de Noruega, Rusia, Austria y Hungría.

2. Tipo Español Andaluz formado por:

2.1 Caballo aborigen (Ronda, Córdoba, Sevilla; producto mezclado de los caballos autóctonos: europeo, céltico y africano).

2.2 Tipo morisco (traído por Númidas y Beréberes, que corresponden al tipo autóctono del caballo africano, introducido por musulmanes que corresponde al tipo del caballo asiático, conocido genéricamente como caballo árabe. Cabe destacar que aquí se incluye al caballo Sirio, Persa y el árabe propiamente tal.

3. Tipo Jaca y Rocín formado por:
El tipo aborigen de Galicia, Vasco, Navarra y Andalucía; productos mezclados en los caballos autóctonos céltico, africano y europeo

EL CABALLO EN CHILE
Los orígenes del caballo chileno se remontan al año 1540, cuando el conquistador, don Pedro de Valdivia, introdujo desde el Virreinato del Perú en su expedición los primeros 75 ejemplares entre potros y yeguas, con los que cruzó la cordillera en época de poca nieve, aunque no menos complicada, perdiendo buena parte del ganado. Tres años más tarde, don Alonso de Monroy trajo 70 productos más, los que se incrementaron con 4 remesas que llegaron desde el Cuzco, Perú, que en menos de 7 años conformaron una masa caballar de alrededor de 500 equinos, población que fue reforzada y mejorada con la inclusión de 42 reproductores escogidos de propiedad del Gobernador García Hurtado de Mendoza, siendo estos quinientos ejemplares los que le dan forma al caballo chileno de hoy.

Cabe consignar que la consolidación del caballo en nuestro territorio se debe gracias al establecimiento del primer criadero en Chile a cargo del padre Rodrigo González de Marmolejo en los sectores de Melipilla y Quillota.

En su desarrollo la historia nos dice que los guerreros araucanos incorporaron a sus filas el caballo en 1585, y se familiarizaron tanto con él, que en poco tiempo fueron jinetes más diestros y valientes que los mismos españoles. Luego viene el mestizaje del indio con el español dándole origen a los naturales o criollos, raza que según el historiador jesuita, Padre Miguel de Olivares, se caracterizó por su apego a los juegos ecuestres y por destacar la calidad y hermosura de sus caballos, afición, por cierto, heredada de los genes hispanos, toda gente de caballería.

Al respecto el sacerdote escribió: “Es cierto que la noble calidad de los caballos justifica la demasiada afición que les tienen los naturales. Son admirables en la celeridad de la carrera, en el aguante del trabajo, en el brío de acometer en los riesgos, en el garbo del movimiento, en el coraje, en la docilidad y obediencia, y en la hermosura de la forma”. Hace más de quinientos años el sacerdote nos describía lo que fue, y sigue siendo, el caballo chileno, condiciones que se ven hoy expuestas en toda su magnitud en nuestras exposiciones y especialmente en el deporte nacional: el rodeo.

En 1893 se inauguró oficalmente el resgistro del caballo Chileno, cuando la formalización de las razas caballares era una idea que no existía en América. Esto convierte al Caballo Chileno en la raza con registro más antiguo en Sudamerica, teniendo también el tercer registro más antiguo en todo el Hemisferio Occidental.

El Caballo Chileno a solo un año de haber entrado en el tercer milenio, se ha mantenido intacto por más de 400 años gracias a la visión y esmero de los conquistadores que encontraron en este fiel amigo a su mejor herramienta. Recordemos que estos españoles se convirtieron en el hacendado y este en el huaso chileno. Vale Aclarar que todos ellos dirigían su reproducción personalmente, a diferencia de lo que sucedió en otras partes de América en donde el mestizaje que originó la crianza en manadas le dio origen a tipos disímiles como el Manga Larga en Brasil, El Quarters Horse en Estados Unidos y el Bagual en Argentina, por nombrar algunos. De aquella rígida forma de crianza la historia da cuenta, encontrando en ella antecedentes de numerosas crianzas entre el valle del Choapa y el río Bio Bio. Pero sin duda que en las zonas de Aconcagua, Santiago y Colchagua fue donde existieron los mejores troncos de familia que con tradición genealógica se conservan hasta hoy.

(…)

 

Tomado del Sitio de la Federación Nacional de Rodeo y Clubes de Huasos de Chile.

http://www.huasosyrodeo.cl/historiadelcaballo.html

Vicente Pérez A.
Criador y Huaso de Colchagua 

Breve Historia del Caballo chileno

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