La iglesia San Francisco, ubicada en las alturas del cerro Barón, es una edificación emblemática para Valparaíso, por su peso religioso, histórico, arquitectónico y patrimonial . Fue construida en el año 1892 por el arquitecto Eduardo Provasoli, en cal y ladrillo sin armar, pero bellamente trabajado. Por muchos años ha sido la silueta entrañable que primero identificaban quienes llegaban por mar a la bahía; la fachada que recordaban los marineros forasteros, en los esplendorosos años de la Ciudad Puerto, que por eso recibió el apodo cariñoso de «Pancho» alusivo al nombre del Santo a quien la iglesia está dedicada.
La histórica construcción ha sufrido los embates del tiempo y actualmente presenta un avanzado estado de deterioro. No hay que olvidar que en 1983 sufrió un incendio que la afectó gravemente y en septiembre de 2010 otro que fue devastador, justo en el momento que era restaurada a raíz de su título de Iglesia Patrimonial. El fuego la ha dañando tremendamente, tanto en su edificación como en sus ornatos e imágenes de culto, dentro de los cuales destacan esculturas religiosas del siglo XIX.
Recuperación
A casi dos años del último siniestro, partió un taller para la recuperación de parte del patrimonio dañado, a cargo de la arquitecto y restauradora, Mildred Aguilera, y que se formó a raíz de un convenio de cooperación en el cual participan la Corporación Museo Fonck, y la Comunidad Franciscana de la Iglesia San Francisco. El taller se está llevando a cabo desde el 12 de marzo hasta el 5 de abril.
Según la profesional a cargo, esta actividad es netamente académica, por lo que no va a realizar la restauración completa de las piezas, sino que está trabajando en intervenciones de emergencia en cinco unidades de distinta índole, desde el mobiliario hasta la imaginería religiosa.
«En cada una vamos a intervenir, y realizar una ficha clínica de diagnóstico, un mapeo de daños, y un registro para estipular criterios de intervención, además de realizar una intervención tipo en cada una, dejando los lineamientos claros de cómo proseguir la restauración, ya que esta tiene tiempos técnicos que no se pueden disminuir. Por lo tanto, en este taller que dura un mes, es imposible llevar a cabo la restauración completa de una pieza», dijo Mildred Aguilera.
Dentro de las piezas a recuperar destacan el Cristo que se encontraba sobre el altar. «Es una de las más importantes con las que vamos a trabajar; aparte de realizar la ficha clínica y el mapeo completo, vamos a realizar las pruebas de limpieza de la policromía del Cristo, la idea es limpiarlo del daño que se haya producido por la calcinación de la madera a raíz del incendio, y también por el paso del tiempo», explicó.
Otras Piezas
Todas las piezas son de distintas épocas, el Cristo y una banca datan de fines de 1800, que según indagaciones históricas fueron una donación de los reyes de España a la Comunidad Franciscana. También destaca la figura de madera policromada de una Virgen embarazada la que fue regalada por el Convento de la Inmaculada en el año 1986, y que a causa del incendio quedó completamente calcinada.
«Esta madera va a quedar como testimonio de la pieza pre existente para que después un futuro artista lo tome como testigo».
Por qué se escogieron
Al momento de consultar a la encargada del taller de recuperación por qué se habían escogido estas piezas argumentó que «por la importancia que tienen y también por la diversidad, para así poder presentar distintos casos de intervención en cada una. También vamos a trabajar con dos instrumentos musicales, un piano, y un armonio, todos presentan distintos niveles de degrado, por lo que académicamente son ejemplos muy buenos».
Fuente: El Mercurio de Valparaíso




