Patricio Amunátegui Mönckeberg

Presidente de la Corporación Cultural Identidad y Futuro. Licenciado canónico en Filosofía por la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia.

Al atardecer de cada 28 de septiembre — desde tiempos inmemoriales — las islas del archipiélago, se iluminan con la luz brujuleante de fogatas, velas y faroles, símbolo de la fe y fervor de sus habitantes: es la fiesta religiosa popular de las luminarias en honor de San Miguel Arcángel — celeste protector de Calbuco — la víspera de su conmemoración litúrgica oficial.

Calbuco, "Aguas Azules" Foto de Philip Oyarzo Calisto

Calbuco, “Aguas Azules” Foto de Philip Oyarzo Calisto (Flickr CC)

CalbucoAguas Azules, en mapudungun – capital de la comuna archipiélago de 14 islas en que se reparten sus más de 35 mil habitantes, se encuentra a 56 kilómetros al sur oeste de Puerto Montt; allí donde Chile continental comienza a desmembrarse anunciando el fascinante entramado de fiordos, islas y canales de deslumbrante belleza y encanto que se abre en Chiloé.

La pequeña capital de las Aguas Azules se destaca entre las ciudades sureñas por muy buenas razones. Nos detenemos hoy en una: la antigüedad de su asentamiento, fundada, como fue, hace más de 400 años en la isla de Calbuco, alrededor del fuerte San Miguel en la colina del sector de la Picuta.

Desde 1602 se veneró allí una imagen de San Miguel Arcángel traída por los mismos fundadores españoles quienes, después del levantamiento indígena que arrasó las ciudades en nuestro territorio continental desde el Bío-Bío al Sur, se habían refugiado en la Isla Grande de Chiloé, pasando luego al archipiélago calbucano. La histórica imagen fue albergada primeramente en una precaria capilla, para construirse más tarde una Iglesia que un torbellino dañó gravemente en 1861 y que acabó incendiada por efectos de un rayo. Algunos años después se emprendió la reconstrucción, terminada en 1897; pero las intemperies la fueron dejando en mal estado hasta ser demolida y reconstruida toda en madera en 1935 y es la que hoy conocemos. En su altar mayor se encuentra la histórica imagen policromada de San Miguel.

La población de la hermosa comuna-archipiélago consciente de su historia y amante de las tradiciones que reflejan y mantienen su identidad, ha celebrado sagradamente por generaciones y con sencilla fidelidad sus tres grandes fiestas religiosas locales que son la noche de San Juan, la fiesta religiosa de los indios y la noche de las luminarias.

Ésta última es un particular homenaje que se rinde a San Miguel, cada 28 de septiembre, Vísperas de la Fiesta Litúrgica del Arcángel. Desde tiempos muy remotos –la celebración viene del siglo XVII — durante las semanas y días previos al 28, niños y jóvenes salen a recolectar coligües en toda la zona, acumulándolos en grandes atados para la ceremonia.

fiesta de las luminarias calbuco

Misa y Procesión de San Miguel Arcángel. Foto del CNCA

El programa comienza, es claro, con la Eucaristía, centro de la vida cristiana y que se celebra en la Iglesia Parroquial. Enseguida sale del templo la gran procesión hacia las terrazas donde se llevará a cabo, a las 20:00 horas, la manifestación tradicional de piedad popular que caracteriza la Fiesta religiosa de esa noche calbucana.

Se da lugar entonces al encendido de los atados para las fogatas, donde las familias han colocado las cañas de coligue de entre 2 a 8 m. de altura, depositando simbólicamente en manos de San Miguel sus penas, sus luchas y sus anhelos para que el Arcángel los purifique y lleve a los pies del Padre Dios. Fiesta religiosa popular, momento de oración íntima y recogida, en el cual las familias del archipiélago, se reconocen –a la vez– como comunidad fraterna, identificándose con su originalidad y con su historia y renuevan su fe y su nexo propio y colectivo con Dios, la Virgen y su Santo Patrono.

Como desde hace centurias, en todo el pequeño archipiélago se levanta entonces la luz ascendente de las fogatas, mientras brujulean las velas y los faroles en las casas, los niños juegan alrededor y los grandes contemplan silenciosos. En Calbuco el conjunto musical Caicaivilú suele interpretar en la ocasión entrañables piezas musicales del folclore chilote.

Encendido de las  luminarias en Calbuco. Foto del CNCA

Encendido de las luminarias en Calbuco. Foto del CNCA

Es la comunidad de los calbucanos que hace un alto en sus laboriosos quehaceres diarios, recuerda a sus antepasados y se eleva por sobre la cotidianidad, como las llamas grandes y pequeñas en la noche de las luminarias, rindiendo homenaje agradecido a su Arcángel protector y solicitando su ayuda para lo venidero.

Danzas y comidas típicas, en la región por excelencia del curanto, completan esta noche de Fe, unidad, belleza y celebración ¿Cómo surgió ella? No se sabe bien. Nació un día, en tiempos muy remotos, por alguna convergencia de acontecimientos locales y costumbres ancestrales, de esa forma inspirada y espontánea — no planificada — como se gestan las tradiciones auténticas; para transformarse en una realidad simbólica colectiva que nos transmite y revela, a través de generaciones — con ese encanto sureño tan propio — el ser de Calbuco, de sus islas, de sus aguas marinas, de sus lanchas veleras y, sobretodo, de sus habitantes.

Cada año esa noche el pintoresco archipiélago de las Aguas Azules brilla, a la luz de la Fe, como una de las bonitas y valiosas piezas que componen el matizado mosaico de la identidad chilena.

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