Identidad y Futuro: un Portal de Buenas Noticias…

Patricio Amunátegui Mönckeberg

Presidente de la Corporación Cultural Identidad y Futuro. Licenciado canónico en Filosofía por la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia.

Sobre un Chile que mira al porvenir, desde la tradición y la identidad.

Identidad y Futuro, puede ser visto como un “portal de las buenas noticias” según el decir de su página de inicio. Sí, porque rescata y muestra un país diferente; cuyas realidades atrayentes, pacíficas y positivas son menos divulgadas. Un Chile de vida, originalidad y esperanza que busca progresar, pero sin desvincularse de sus tradiciones. Es importante detenerse a analizar un poco este Chile. Partamos refiriéndonos a lo que este Chile ve hoy con distancia o rechazo, para luego comentar lo que anhela.

Lo que este Chile extraña y repudia

Este Chile no se siente atraído por las expresiones desabridas de resentimientos, envidias, chaqueteos, vulgaridades y rencores que agitan y enredan vanamente nuestra vida pública, correpondiendo a tónicas mediocres y negativas del carácter nacional. Tampoco es ávido de la exhibición desproporcionada de las desgracias mórbidas y se encuentra hastiado del predominio noticioso  de hechos deprimentes o degradantes, del cual muchos medios suelen hacer hacen gala en nuestros días.

marcha estudiantil

Barricada en calle Arturo Prat, Santiago. Foto: www.flickr.com/antitezo/

Mas aún, es un Chile tranquilo y observador muy intuitivo. Por eso mismo ve de lejos, y con creciente preocupación y  extrañeza, como  han surgido últimamente sectores que parecen empeñados en desviar o detener el curso de progreso y civilización que el país venía trillando exitosamente  desde hace algunas décadas.

Realmente, se han puesto en movimiento sectores empeñados en re-levantar orquestadamente — y con intolerante arrogancia y pertinacia — mitos y proyectos de reforma en los cuales se anida un estatismo trasnochado y fracasado en Chile y en el mundo. Tales movimientos y sus operadores políticos vienen creando una perjudicial incertidumbre sobre el rumbo futuro del país, que ya comienza a paralizar las iniciativas de emprendimiento y a conducirnos al estancamiento. Mas que resolver los problemas efectivos del presente, parecen querer obstaculizar su solución razonable y anclarnos en disputas del pasado reciente,  creando un ambiente negativo, de cultivo sistemático de divisiones, de exacerbación de odios y revanchismos, de  fomento a conflictos destructivos, en cuyo trasfondo ya se siente claramente la presencia de tendencias más o menos anarquistas. 

Todo va sucediendo desde hace un cierto tiempo ya, como si se movieran en la trastienda de estos extemporáneos acontecimientos, mentores enigmáticos que desean ver al país desandar el camino avanzado. O sea, lanzarlo de vuelta a las vías de la utopía revolucionaria que convulsionó a Chile en las décadas 60-70 del siglo pasado. Las propuestas re-fundacionales que desean imponer al país, bajo capa atrayente de igualdad y justicia, representan hoy el mismo canto de sirena antiguo con letra nueva que puede conducirnos a la regresión, la frustración y el caos…

Cuasimodo de Rinconada de Maipú

La alegre, fervorosa y llena de colorido tradición del Cuasimodo. Rinconada de Maipú.

Lo que anhela: un encuentro con sus tradiciones e identidad en un país justo y amigable que marcha rumbo al futuro

Nada de esto quiere el Chile profundo que en este sitio cultural proyectamos. Por el contrario, es un Chile pacífico, trabajador animoso y ordenado; optimista y emprendedor, que ama la libertad de creación e iniciativa, siendo completamente refractario a toda esa manipulación obscura de tensiones y pasiones. Un Chile antiguo y nuevo, que anhela mantener de un modo u otro una continuidad con la Fe de sus ancestros.

Este Chile que pugna por afirmarse orgánicamente no es ni resentido ni quejumbroso; sabe reconocer y agradecer los dones y potencialidades que la Providencia le concedió y, por eso mismo, se manifiesta vital, alegre, solidario y creativo. Sin rechazar los beneficios reales de la modernidad, ha comenzado a desprenderse, en parte, de la vieja tendencia nacional al mimetismo con lo foráneo, que lo despersonaliza y desarraiga, reencontrando el valor de su identidad y de sus tradiciones regionales o nacionales.

En este Chile nuevo que va amaneciendo en medio de la confusión contemporánea, crecen tendencias y se definen sectores que —hace tiempo ya— caminan, discretamente, por veredas propias. Ponen hoy de algún modo el norte de su felicidad en la búsqueda de bienes de alma:  en la convivencia sana, en valores y bellezas psicológicas, morales, simbólicas o espirituales; cuya vigencia el país necesita más que nunca. Si ama la equidad y rechaza los abusos e injusticias económico-sociales, que desea ver firmemente rectificados, quiere sobre todo continuar a progresar en paz y armonía social.

Pero también — es necesario advertirlo — en este Chile real y profundo hay fe, espíritu de oración, vida y energía más que suficientes para resistir con firmeza y lucidez las tentaciones regresivas y anarquizantes que hoy amenazan robarnos ese futuro de paz, de libertad creadora, de renacer de tradiciones y de progreso que venía siendo construido.

Divulgarlo tal como es, contribuye a evitar la crisis hacia donde se nos quiere dolosamente conducir y a enriquecer verdaderamente las premisas de un diálogo social inclusivo y actualizado, amplio y real que, sin esconder los problemas y desafíos presentes, mire con serenidad y de modo constructivo hacia el futuro .

Es bueno reiterarlo:
Nuestro país, como lo vienen avisando a los nostálgicos de la utopía revolucionaria observadores imparciales de los más diferentes cuadrantes ideológicos, no es más el de los años 60-70 del siglo pasado. Hay en nuestra patria actualmente potencialidades para asumir —con determinación y equilibrio—  una fecunda y original ecuación entre nuestras tradiciones como nación de indudable raíz agraria y cristiana y un crecimiento material moderno y justo, sostenible y humanizado, el cual no se transforme en factor de empobrecimiento cultural y espiritual. Por el contrario, sea un progreso con libertad creativa, inclusivo, que fortalezca nuestra continuidad histórica  y sepa proyectar la identidad chilena, engrandecida, hacia el porvenir y ante el mundo.

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