Tito Alarcón

Licenciado en Historia – Universidad de Valparaíso. Fotógrafo Profesional.

En Colina se realiza anualmente una procesión eucarística formada por más de 1500 jinetes al galope. Esta fiesta religiosa, fue calificada por el Papa Juan Pablo II como “verdadero tesoro del pueblo de Dios”.(1)

Al alba salimos de Santiago rumbo a Colina, situada 30 kilómetros al norte. No para un paseo dominical cualquiera, sino para participar en una de las más antiguas festividades religiosas populares del país, la Fiesta del Cuasimodo, una procesión eucarística realizada cada año el domingo siguiente al de Resurrección.

Su peculiar nombre, que puede causar extrañeza en algunos, se forma por las dos palabras iniciales de la antífona de entrada de la Misa de ese día: Quasi modo geniti infantes (“como niños recién nacidos”). Ese día tan especial, centenares de huasos montando hermosos caballos equipados con sus mejores aperos, salen a correr a Cristo —como dice la pintoresca expresión de los campesinos—acompañando al cura párroco que lleva la comunión a los ancianos y enfermos que no pudieron recibirla en las celebraciones de Semana Santa.

Antes de las siete de la mañana llegamos al poblado. Filas interminables de jinetes cuasimodistas vuelven difícil el desplazamiento por las calles y los carabineros ya habían desviado el tránsito en los alrededores de la Parroquia de la Inmaculada Concepción, una de las más antiguas del país, edificada en 1576.

La ciudad entera se hizo presente. Nadie quiere perderse la salida del Cuasimodo desde la iglesia. Las madres concurren con sus hijos vestidos de cuasimodistas. Desde la infancia empiezan a participar en la procesión, cabalgando junto a sus padres y hermanos.

El origen del cuasimodo

Aunque la teoría comúnmente aceptada dice que el Cuasimodo tuvo sus orígenes en la Colonia, no hay fuentes precisas que la avalen. Sólo se conoce una crónica del diario El Mercurio de Valparaíso, publicada en 1841, en que se afirma que ya se conocía esta fiesta desde el primer cuarto del siglo XIX.

De acuerdo a la tradición oral, surgió gracias al celo de unos sacerdotes dominicos que salían a llevar la comunión a los enfermos dispersos por los campos durante la Pascua, montados a caballo y llevando el Santísimo bajo el poncho. Los jinetes de escolta indicaban el recorrido y, eventualmente, protegían al sacerdote de asaltos durante el trayecto.

La vestimenta del Cuasimodo

El traje del cuasimodista es muy sencillo. Sobre la camisa a cuadros, una chaquetilla corta adornada con hileras de botones en las mangas y en los costados de la espalda. A la cintura una faja de varios metros de longitud, generalmente de lana roja, que ciñe el cuerpo del huaso y termina en una artística punta enflecada que cae a lo largo de la pierna. El pantalón castellano, negro con líneas blancas, y las polainas protegen al jinete de los roces en las cabalgadas por el bosque.

En los pies, zapato negro de tacón alto, sobre el que se ubica la espuela de plata adornada de grandes rodajas, las que el huaso agita con habilidad y maestría, produciendo melodiosos sonidos. Como el huaso no lleva sombrero por respeto al Santísimo, se cubre la cabeza con un gran pañuelo de raso blanco y ornamentos dorados. Sobre la espalda y el pecho cae una capa corta de los mismos colores, adornada con el Escudo de Chile o los símbolos de la Sagrada Eucaristía.

El Cuasimodo de Colina

Frente a la Parroquia una carroza color crema, revestida interiormente con tapiz blanco, espera la llegada del sacerdote con el copón que contiene las Hostias consagradas para la Comunión de los ancianos y enfermos, previamente empadronados por los mismos cuasimodistas, que indicarán el camino de la columna montada.

A las siete y media de la mañana se apean veinte huasos que componen la guardia personal del sacerdote, cada cual con una bandera chilena, formando rápidamente un arco de banderas bajo el que, despues de saludar a todos los presentes, el ministro de Dios avanza en dirección a la carroza. Este año la procesión se encuentra a cargo del Párroco de Colina, padre Sergio de la Maggiora. Al tañido de las campanas que llevan los cuasimodistas se da inicio a la marcha. Primero al trote, después al galope, avanzan cerca de 1500 caballos, haciendo temblar el suelo por donde pasan, montados por los corredores de Cristo, los custodios de Jesús Sacramentado. Saliendo por Avenida San Martín, la grandiosa procesión de jinetes hace un pequeño alto en la capilla de Santa María, en las inmediaciones de la ciudad. Enseguida se continúa la marcha y, siempre al galope, se entra al poblado de Esmeralda, cuyas calles están adornadas con guirnaldas de papel blanco y amarillo. Una gran cantidad de fieles se santigua y se arrodilla al paso del Santísimo. En cada lugar donde hay enfermos por comulgar hay un pequeño altar coronado por un arco de hojas de palmera, cuya esmerada confección revela el ingenio y el fervor de los campesinos.

La procesión abarca más de ocho manzanas, lo que hace imposible que todos sus participantes estén presentes en cada ceremonia de Comunión. Por eso están divididos en grupos de acuerdo a sus respectivas hermandades. El grupo que asiste a una ceremonia pasa después al final del cortejo, dándole cabida al grupo siguiente. Es impresionante sentir la resonancia de tantos cascos sobre la tierra y presenciar la fe y devoción con que estos campesinos escoltan a Nuestro Señor Sacramentado. Durante todo el recorrido, brilla en sus ojos la alegría de ser católicos.

La fiesta del Cuasimodo no tiene cantos propios, pero sí proclamaciones de trechos de la Liturgia, como los siguientes:

“Santo, Santo, Santo es el Señor Dios de los Ejércitos;
llenos están los cielos de la majestad de su gloria”. “Gloria al
Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo”.

Dejando atrás el poblado de Esmeralda, la procesión seinterna por precarios caminos rurales hasta la capilla de RosarioSur, otra localidad cercana. Después de un pequeñodescanso, continúa la cabalgata hacia otros alejados lugaresdonde el Rey de Reyes va a visitar los hogares y los corazonesde sus hijos ancianos y enfermos.El día ha sido agotador para todos los jinetes, cierto cansanciose nota en sus rostros curtidos por el sol. Pero esoshombres acostumbrados al duro trabajo del campo, aúnestán con ánimo para terminar la jornada con broche deoro. Son casi las cinco de la tarde cuando la comitiva llegaa la Medialuna de Colina, amplio recinto abierto donde serealiza el acto culminante del Cuasimodo: la celebración dela Eucaristía, presidida por el Arzobispo de Santiago, CardenalFrancisco Javier Errázuriz.Con la celebración de la Misa terminó la esplendorosa fiesta. Tal como los demás participantes, nos alejamos lentamente, empezando ya a echar de menos esa manifestaciónde fervor y belleza. Así como el Cuasimodo nos invita a correr a Cristo, anunciando la fe en la presencia real de Jesúsen la Eucaristía, corramos también nosotros junto a Él, busquémoslo,acompañémoslo y permanezcamos a su lado hastael día en que podamos verlo cara a cara en el Cielo. ²

1) Discurso sobre la religiosidad popular y devoción mariana, La Serena, 5/4/1987.

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