Patricio Amunátegui Mönckeberg

Presidente de la Corporación Cultural Identidad y Futuro. Licenciado canónico en Filosofía por la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia.

Se viene septiembre y, con él, la Primavera. Se diría que la amable y bella estación quiso asociarse a la alegría agradecida con que celebramos año tras año, por generaciones, las Fiestas Patrias y las tradiciones más entrañables que nos identifican como nación cristiana de raíz agraria.

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Una hostilidad y boicot mal velados a las tradiciones de la tierra

Pero llegó el momento para Identidad y Futuro de hacerse cargo de una cierta hostilidad minoritaria y mal velada que se ha venido manifestando últimamente contra el legítimo sentimiento de chilenidad; contra las costumbres, músicas, bailes y cultura de la tierra que lo representan.
Tal manifestación de antipatía sorda hacia lo nuestro, se ha mostrado más notoria y petulante en estos últimos dos años. Tiene entre sus agentes más activos a los cultores de un populismo nostálgico del utopismo revolucionario internacionalista que fracasó tan clamorosamente el siglo recién pasado.

Cosmopolitas y “ciudadanos pardos del mundo”, sin color local, cuando han llegado a alcanzar autoridad como alcaldes o parlamentarios, se muestran ansiosos de reglamentarlo y uniformarlo todo. Soberbios y autoreferentes, su talante totalitario los lleva a querer someter la realidad a su voluntarismo utópico. No soportan la Tradición que nace sin planificación, como por instinto, de la simbiosis orgánica entre la realidad misma y la libertad de familias y personas, siendo atesorada con amor como un bien del espíritu en el devenir histórico de los pueblos. No es extraño, pues, que aquí o allá hayan tratado, por ejemplo, de introducir en sus comunas o distritos el carnaval rockero fomentado por la industria cultural globalizada, o las canciones de protesta, en oposición al espíritu de las fiesta costumbristas, desnaturalizando solapadamente la índole de estas celebraciones tradicionales.

Estos revolucionarios utópicos e internacionalistas no aprecian el talante propio de nuestra gente: el amor al terruño y a su modo de vida, su venerable folclor, sus cantores populares a lo divino y a lo humano, sus danzas típicas, su artesanías, sus cuentos y leyendas campesinas, donde aún se vive esa sencilla y la vez noble felicidad de situación y esa amistad hospitalera, tan humana y cristiana de los hombres y mujeres de nuestra tierra.

Populistas seudo-intelectuales o burócratas de ciudad, afectan un “superior” menosprecio racionalista por las coloridas celebraciones del catolicismo popular o las fiestas civiles de la chilenidad. Obsesionados con sus fracasadas quimeras marxistas igualitarias, hoy tienen a un país que marchaba esperanzado y creativo rumbo al desarrollo, tenso y convulsionado queriéndole imponer a todo costo sus reformas ideológicas impopulares. Desprecian la familia natural y sus valores, promueven el aborto y la llamada Ideología de Género, amalgama radical de freudismo y marxismo. Y, es claro, nuestras tradiciones no podían escapar a su ímpetu reformador e intervencionista.

Tratando de adular cierto sentimentalismo desinformado, las han emprendido más recientemente contra el tradicional Rodeo. Convertido en deporte nacional, éste rememora y celebra los tiempos en que los huasos debían separar en rudas y esforzadas faenas el ganado de diferentes haciendas sueltos en ciertos pastizales llamados de veraneo durante el invierno. El fin exitoso de los trabajos era amenizado con asados y canciones en que confraternizaban patrones y trabajadores del campo. Como en las celebración festivas de las cosechas, se festejaba un hito en sus labores productivas, ambientadas en sus costumbres propias y en su modo de vida, donde la pasión por los animales forma parte de la trama misma de su existencia, ocupando en ella un lugar fundamental.

Nada de esto interesa a estos opositores al Rodeo. Escogieron para su embestida anti-tradición — no sin torpeza o arrogancia — precisamente las vísperas del mes de la Patria. Así el conocido senador de izquierda, Guido Giraldi (connotado impulsor del Aborto en Tres Causales, puerta abierta para el Aborto libre) ha comenzado a promover un proyecto que, bajo apariencias de necesidad de reglamentación, permite restringir la práctica del Rodeo en el país. Dos alcaldes uno comunista — el de Recoleta francamente hostil al Rodeo — y el otro, el de Ñuñoa — de ideología no muy definida aunque militando en la centro-derecha –, temeroso de las protestas de animalistas radicales, fueron más allá, con prohibiciones del deporte nacional. El de Ñuñoa, en el Estadio Nacional y el de Recoleta, en toda su comuna…Se veía venir.

La carta del Alcalde de Melipilla en defensa del Rodeo

Naturalmente el caso despertó la atención de alcaldes y parlamentarios afines con las tradiciones nacionales, que salieron sin complejos a defender con diversas iniciativas la popular y arraigada Fiesta deportiva huasa.

Destaco aquí entre estas valiosas reacciones, por su carácter esclarecedor, la del edil de Melipilla, Mario Gebauer. En carta a El Mercurio publicada el pasado 19 de agosto resume él, con acierto y precisión, los valores que encarna este deporte-tradición, saliendo al paso de la insólita y publicitada medida decretada por el Sr. Jadue (Alcalde comunista de Recoleta), que prohíbe el Rodeo en un comuna como donde no se practica…:

“Señor Director:

“Esta semana, el alcalde de Recoleta, Daniel Jadue, ha difundido profusamente a través de distintos medios informativos la decisión de ese municipio de prohibir la práctica del rodeo, por considerar que a través de ella se maltrata a los animales. Quizá porque en Recoleta no se practica el rodeo (así es, el alcalde está prohibiendo algo que no existe en su comuna), al parecer el señor Jadue desconoce absolutamente la realidad de esta actividad, faltando el respeto a millones de chilenos y chilenas.

“El rodeo chileno no solo es el segundo deporte nacional, es una actividad que es parte de la identidad nacional y promueve nuestras tradiciones más profundas, como la artesanía, la música y la vida campesina, entre otros aspectos, siendo parte fundamental de nuestra historia y cultura. De Arica a Magallanes, para miles de familias de todos los estratos sociales esta actividad es su vida, su pasión. Solo en Melipilla existen 55 organizaciones de rodeo, 315 artesanos y alfareras, 30 arpilleristas, 15 tejedoras, etcétera.

“Entiendo y respeto a personas que practiquen el veganismo. Sin embargo, ello no les da el derecho a caricaturizar al rodeo, asociándolo al maltrato animal. Quiero informar al señor Jadue que soy testigo del respeto y cuidado hacia los animales que existe en el mundo del rodeo. Conozco, además, las campañas y estrictas políticas en pos del bienestar de los animales que han impulsado las federaciones y asociaciones de rodeo para su práctica, y no me cabe duda que cada vez más se irán profundizando para un desarrollo más sustentable de este deporte.

“Como señalaba, el rodeo forma parte de la identidad nacional, de su tejido social, especialmente rural y campesino, y espero que en la diversidad prime el respeto y la valorización de quienes fomentan la cultura y el patrimonio de nuestro país.”

Fuente: El Mercurio 19 de agosto de 2016

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