Pumanque recupera patrimonio dañado por terremoto

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Pumanque ubicada en la Provincia de Colchagua, tiene el tradicional paisaje del campo chileno. Sus grandes casas de adobe, los largos corredores de tejas, y las antiguas iglesias con imágenes coloniales, lugares, donde se realizaba la vida pública y social. Bajo esos aleros se conversaba cada tarde y veía pasar el tiempo a ritmo campestre. Esos corredores eran también tribunas para los grandes desfiles del pueblo y sus procesiones religiosas. “Todo eso ya no existe. Lo que los pumanquinos llaman su ‘corazón histórico’ fue destruido por el terremoto de 2010″, dice la profesora del departamento de Ciencias Históricas y directora del Centro de Estudios Culturales Latinoamericanos de la Universidad de Chile Alejandra Vega. Agrega además que la participación de la gente de la zona es primordial en esta reconstrucción, que se desarrolló en los últimos dieciocho meses,”ninguna reconstrucció tiene sentido si las personas no se sienten partícipes”, dice.

Procesión en Pumanque /© Libro «Pumanque: Lo que perdura cuando cae lo material»

El proyecto, que obtuvo aportes del Fondo Valentín Letelier de la Vicerrectoría de Extensión de la universidad, se desmarcó de las grandes urgencias materiales. “Estos procesos son tristemente largos. Los corredores no están reconstruidos, la iglesia tampoco, pero sí las casas de sus habitantes. Podríamos decir que Pumanque está a medio camino”, declara Vega.

Los avances, eso sí, se han logrado en el ámbito de los tesoros intangibles, “de las tradiciones, la historia, los recuerdos”, dice. A eso apuntó la iniciativa llamada “Lo que perdura cuando cae lo material”, resumida además en un libro que el equipo de veinte personas -entre profesores, funcionarios y estudiantes de las facultades de Filosofía y Humanidades y de Ciencias Sociales- entregó hace una semana a los pumanquinos en una fiesta popular celebrada en su medialuna.

[box type=”note” style=”rounded” border=”full” icon=” “]Ver libro «Pumanque: Lo que perdura cuando cae lo material»[/box]

El trabajo consistió en la recuperación del archivo parroquial, donde está registrado el historial del pueblo, y que había iniciado en solitario el párroco José Vergara Banda. “Ahí se apuntaban los bautismos, los matrimonios, las defunciones. Eran papeles que estaban debajo de los escombros y que requerían salvataje, limpieza y catalogación”.

Luego, un equipo trabajó con unos 25 niños de la Escuela de Pumanque para descubrir sus testimonios y la experiencias ante un 8,8 grados Richter. “Son los actores menos tomados en cuenta cuando se discute un proceso de reconstrucción. Lo interesante fue que a ellos les interesaba más recuperar su plaza y el cementerio que los corredores”, cuenta.

Las preferencias de los adultos, en cambio, coincidieron en estos elementos patrimoniales: los corredores y la iglesia, fundada en 1824 y derrumbada sistemáticamente por los terremotos de 1906, 1928, 1939 y 1985. “Con ellos trabajamos las historias de origen, las tradiciones, las narraciones, el sentido del paisaje. Todo el contenido de los 1.500 libros que entregamos a la comunidad es lo que escuchamos de ellos y anotamos. Y no sólo es un resumen. Representa la valorización de la trama de relaciones sociales que mantienen viva a una comunidad afectada de esta manera: la existencia de los vecinos, amigos, familiares y ancestros”.

Fuente: El Mercurio, 23 de enero de 2012 p. A9