Lago Icalma, Belleza Perdida en la Araucanía

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Para llegar al lago Icalma hay que tener un poco de decisión y emprender el viaje, ya sea por el sector de Temuco a Melipeuco o por el Camino Internacional (asfaltado) desde Curacautín a la Aduana de Liucura, siguiendo desde ese lugar por el camino de ripio hasta Icalma.

lago icalma
Las superficies de agua de Galletué e Icalma son las principales afluentes del grandioso Bío Bío, que entrega sus aguas al mar en las cercanías de Concepción, VIII Región. Foto de César Cáceres/flickr

Salimos desde Curacautín con una mañana amenazante, incluso cayendo unos débiles copos de nieve. Al llegar a Malalcahuello la nieve se intensifica. Por el camino encontramos el barrenieves de Vialidad listo para iniciar su trabajo en caso de ser necesario. Antes de pasar el túnel de “Las Raíces” la nevada se extiende por todo el valle, vistiendo de blanco las copas de las araucarias y haciendo temer la continuidad del viaje.

La travesía del túnel siempre tiene algo de privilegio. Esta antigua estructura que se comenzó a construir el año 1929, para el paso del ferrocarril, permite que hoy en día, cuando ya se han levantado las vías, que se pueda pasar por este lugar en todo tipo de vehículos. Luego de transitar sus 4.527,61 metros aparecemos en la boca sur con un sol maravilloso que no tiene nada que ver con el paisaje nevado de la boca norte. No obstante, algunas nubes lejanas hacia el sur indican que el tiempo puede cambiar durante el día.

En vista de las circunstancias, nos arriesgaremos a adentrarnos unos kilómetros por la llamada ruta de “La Fusta”, camino que se desvía hacia el sur un poco más allá del poblado de Sierra Nevada. Una vez en la primera altura podremos apreciar las bondades del camino, que se mantiene bien estabilizado, a pesar de ser de ripio.

Tal como imaginamos, todavía la nieve no ha provocado estragos en la ruta y decidimos continuar hasta nuestro destino por este hermoso lugar.

Este sector perteneció a la antigua fábrica de madera terciada Mosso, que operaba en Curacautín con una de las plantas más grandes del cono sur de América. Todavía, a lo largo de unos veinte kilómetros pueden verse los estragos provocados por el corte de las milenarias araucarias, árbol que era la materia prima para la fabricación del terciado. Algunos ejemplares yacen caídos en medio del bosque, los que seguramente no pudieron ser transportados por el enorme grosor de sus troncos.

El paisaje es simplemente fascinante, dominado por la esbeltez de las araucarias encaramadas entre las rocas de los cerros que se ubican entre el fundo La Fusta y el valle de Kinkén, donde una comunidad Pehuenche se encarga de proteger esta especie nativa, cuyo corte ahora está prohibido por ley. Como es sabido, de este árbol se obtiene el piñón, cuyo fruto es muy valorado por estas comunidades, que de antiguo era casi el único alimento que comían en invierno, de diversas maneras: cocido, asado o hecho harina, permitiéndoles una suculenta dieta, rica en calorías. Aún hoy es muy valorado por todos los habitantes de la región.

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Ver De Curacautín a Icalma en un mapa ampliado

Desde aquí cambia el paisaje. Algunos kilómetros más adelante, hacia el lado izquierdo nos encontramos con la laguna Galletué y un letrero que dice “Aquí nace el río Bío-Bío”. En este sector se ubican algunos camping, cabañas y casas de pastores dispersas en las cercanías del camino, cuyos habitantes en verano se dedican a la venta de pan y las ricas tortillas cocidas en rescoldo.

Poco más adelante nos encontramos con el aeródromo particular Marimenuco, cuyo laxo catavientos, desteñido por el sol, la nieve y la lluvia de la cordillera, pareciera indicarnos que no hay tráfico de aviones. Aquí el paisaje carece de floresta y sólo los porfiados coirones luchan por sobrevivir en un medio agreste, salvaje, donde el viento quema el rostro y prácticamente no permite cultivos agrícolas, aparte de la alfalfa para forraje de animales que puede verse en pequeñas extensiones en algunos predios.

Finalmente llegamos al puente Rucanuco, de una corta extensión, bajo cuya construcción desagua hacia el mar el grandioso lago Icalma, que en los mapas aparece (a mi parecer) designado erróneamente como laguna, ya que su tamaño y profundidad no despreciables, le dan ese aspecto.

Como se sabe las superficies de agua de Galletué e Icalma son las principales afluentes del grandioso Bío Bío, que entrega sus aguas al mar en las cercanías de Concepción, VIII Región.

Atravesando el puente se asciende una pequeña colina y ya estamos en el pueblo de Icalma, a cuyo ingreso un letrero que cruza la vía nos da la bienvenida. Se trata de un poblado de pocos habitantes, originado a la vera de la Aduana y Carabineros que resguardan el paso Icalma hacia la frontera con Argentina.

Frente al viejo cementerio local, donde las tumbas están cubiertas por pequeñas casitas para proteger a los visitantes durante las lluvias, viramos hacia la derecha, donde se ubica la playa y el sector de camping y cabañas, que en el último tiempo han dado mucho apoyo al turista que se interna hasta estas soledades cordilleranas.

La playa es pequeña, pero tiene un sector de arena que en verano permite a los bañistas disfrutar del lago, aunque sus aguas no son nada de temperadas.

Hace unos cinco años trabaja en el sector el “Crucero Calfuqueo”, transbordador que se encarga de transportar a los habitantes del otro lado del lago a un módico precio de “residentes” y a un precio más elevado para los turistas veraniegos.

La embarcación, de metal, es bastante confortable en su interior, protegiendo a los pasajeros del crudo viento que hoy se hace sentir con violencia. Por momentos el oleaje es intenso y no tiene nada que envidiarle a las olas marinas. En su cubierta el Calfuqueo puede llevar un auto pequeño o un jeep, labor que es facilitada por una proa con un portalón abatible, que sirve tanto a vehículos como a pasajeros.

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Provistos de salvavidas, cuyo uso es obligatorio, viajamos en cubierta para apreciar el paisaje que es esplendoroso. La montaña cubierta de bosques pareciera ser una tupida selva inexpugnable, sin embargo en el sector de la Comunidad Calfuqueo vive una población que en verano se dedica al turismo y durante todo el año al arriendo de cabañas, según nos indica Graciela Infante, una joven que viaja a su hogar, luego de haber efectuado algunas diligencias en Icalma. Nos confidencia que antes de que llegara el transbordador todos los residentes hacían el viaje en bote a remos, lo que en realidad era un verdadero peligro, sobre todo en invierno cuando las aguas del lago son agitadas bravíamente por el viento.

La primera pasajera que baja lo hace sobre un tronco puesto previamente con ese fin en la orilla del lago y en las cercanías de su vivienda. Luego seguimos el trayecto para desembarcar a Graciela en un embarcadero rústico de un grueso tronco con una pequeña baranda; sin embargo el fuerte viento impide al patrón hacer el desembarco, por lo que luego de dos intentos decide dejarla un poco más al sur en un embarcadero de cemento, donde el Calfuqueo recala sin problemas permitiendo bajar a la pasajera.

Siguiendo hacia el sur descienden los últimos pasajeros en un embarcadero de madera, donde se recala sin mayores problemas.

Gabriel Antiné
Gabriel Antiné

Iniciamos el regreso pasando frente a la península y a unas pequeñas islas, donde algunas araucarias semejan palmeras del Caribe, expuestas a un sol que ha persistido toda la tarde a pesar de las amenazantes nubes que hasta han dejado caer algunos copos de nieve durante el trayecto.

Gabriel Antiné es el joven capitán que comanda el Calfuqueo, quien trabaja en la empresa hace unos cinco años. Ya de regreso al muelle de Icalma, el capitán afirma la caña y acelera la marcha, mientras su ayudante Segundo Torres, se preocupa de que la maniobra final sea perfecta. Para ello da las indicaciones al capitán desde proa.

El Calfuqueo ha recalado perfectamente en el muelle, haciendo honor al cacique cuyo nombre lleva impreso en sus costados y cuya efigie da distinción y jerarquía a la vista de quienes se internan hasta estas serranías para visitar este apartado lugar de nuestra geografía, sorprendiéndose por encontrar un verdadero barco surcando las aguas, aquí, en el último rincón de Malleco, en plena Araucanía, territorio ancestral del pueblo Pehuenche.