El Saco Como Medida en Chile

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Para referirnos a esta, conocida como ley del saco, que tal vez para muchos no tenga ninguna importancia, sí la ha tenido a través de nuestra historia para miles de hombres esforzados, que a diario buscaban (y aún buscan), en el oficio de cargador, el sustento para sí y en muchos casos también para sus familias.

El Saco Como Medida en Chile
Cargador de la Vega, 1971. Foto de José Carvajal. www.fotografiapatrimonial.cl

El saco es conocido desde antes de la Edad Media, pero su uso como sistema de peso y medida parece ser un poco posterior. Prueba de esto es una referencia sobre las compañías ambulantes de mercaderes que recorrían Europa, se dice que viajaban en grupos con sus acémilas y carros de cuatro ruedas cargados de cajas, vasijas, odres y toneles[i], elementos de la época que permitían contener todo tipo de mercancías tanto líquidas como de otra naturaleza. Como vemos no se menciona el saco.

Durante la Colonia, en nuestro país, se utilizó el almud, un contenedor de madera con una medida fija. Hacia 1860, ya existían tres fábricas de sacos de cáñamo, lo que daba abasto para contener, las hasta ese tiempo exiguas cosechas de nuestros campos, que con el tiempo habrán de convertirse en abundantes, sobre todo en la Araucanía, que a fines del siglo XIX pasó a ser conocida como el granero de Chile, por sus abundantes campos trigueros.

Pero revisemos algunas medidas administrativas del Estado que se fueron dictando y sus efectos sobre esta materia.

En 15 de diciembre de 1843, bajo el Gobierno de don Manuel Bulnes, el Congreso Nacional aprobaba una ley de pesos y medidas, en la que se adoptó como medidas de longitud la vara, la cuadra y la legua. Para las superficies se reglamentaban la pulgada, la vara y la cuadra cuadradas (anteriormente la cuadra no tenía una medida fija). En tanto para los volúmenes: la pulgada el pie y la vara cúbicas.

El mismo texto legal agregaba como medidas de líquidos: la arroba, las cuartas de arroba y los cuartillos.

En cuanto al peso fijaba como medida el quintal, que es el peso de 3.674 pulgadas cúbicas de agua pura. (Equivalente a cien kilos). Para estos efectos el quintal se dividía en cuatro partes iguales con el nombre de arrobas, la arroba en veinticinco libras, la libra en dieciséis onzas, la onza en dieciséis adarmes, el adarme en tres tomines y el tomín en doce granos[ii].

Entraba a tallar allí este sistema de peso de granos que vendría a repercutir sobre los hombros de los sufridos cargadores de ferias, estaciones ferroviarias, molinos y bodegas de frutos, a lo largo de todo nuestro territorio.

En enero de 1848 el Presidente Bulnes dicta una nueva ley de pesos y medidas, derogando la anterior, que en lo que nos compete dice: Pesos.- Art. 8.- La unidad de medida para las cosas que se compran y venden al peso será el kilógramo, que es el peso de un decímetro cúbico de agua destilada, pesada en el vacío y a la temperatura de 4° del termómetro, centígrado sobre cero.[iii]

Art. 9.- El kilogramo se dividirá en: 10 hectogramos; 100 decagramos: 1.000 gramos; 10.000 decigramos; 100.000 centigramos; 1.000.000 de miligramos. Se usará además, el quintal métrico igual a cien kilogramos.

Acá, nuevamente el temido quintal métrico de cien kilos, aparece como un fantasma omnipotente, que obligará a nuestros sufridos rotos a alimentarse reciamente con la munición de boca preferida de la época: el buen plato de porotos, la galleta horneada en el día, el agua con harina y en ocasiones el buen charquicán y una copa de pipeño o mote con huesillos, suficiente para no sucumbir en las temporadas de cosecha, cuando los buenos peones eran solicitados por las grandes faenas agrícolas. Es decir, la evolución de una reglamentación estatal que estandarizaba el quintal como medida, puso en sus hombros el conocido quintal o saco.

Siendo Presidente don Arturo Alessandri Palma, el llamado León de Tarapacá, tuvo el mérito de retribuir a su querida chusma, con la Ley N° 3.915 de 1 de marzo de 1923, que en su artículo único decía:

El peso de los sacos que contengan cualquiera clase de productos, destinados al carguío por fuerza del hombre, no podrá exceder de ochenta kilogramos”.

Como puede apreciarse, en esta Ley se hace referencia a la fuerza del hombre,  sentando un sentido social y humanitario a esta labor de tanto esfuerzo personal y de la que las leyes anteriores se habían olvidado.  

Esta Ley, de tanto mérito, fue asociada a otras de carácter social como las viviendas sociales, el derecho al agua potable, la educación y otras impulsadas durante su Gobierno, que obedecían en parte a resolver la llamada Cuestión Social y en parte a las entidades creadas luego del término de la Primera Guerra Mundial, que alentaban a los gobiernos a considerar el aspecto social como una prioridad de los pueblos.

Fue así como millones de sacos pasaron por los hombros de otros tanto millones de rotos, cuya actividad es muchas veces desconocida, pero que está diariamente moviendo granos, legumbres y otros alimentos y abonos.

Hasta los años sesenta, fueron también muchos los niños y jóvenes que trabajando en fundos o bodegas se iniciaron en la dura labor de ser un cargador humano. Si bien es cierto, estaba reglamentada la carga máxima del saco, aquellos que contenían salitre pasaban en muchos kilos el máximo exigido. Existía entre los muchachos de la época una disputa franca de no ser hombre el que no podía levantar un saco y echarlo al hombro por sí sólo. Si aquello no acontecía, el aspirante a cargador era reprendido de inmediato por sus pares y los dichos como “cabro criado con leche de tarro” y otros de mayor calibre, no se hacían esperar.

Durante la campaña presidencial de 1958, el candidato Jorge Alessandri se hizo popular entre la rotada por un cartel en que aparecía un jornalero cargando un saco, reverenciado por una frase que se hizo popular: “A usted lo necesito”.  Como es sabido, Alessandri ganó la elección y los cargadores continuaron como siempre realizando sus duras faenas, jugando a diario con los sacos de ochenta kilos que había instituido su padre, el viejo León de Tarapacá.

Siendo Presidente de la República Ricardo Lagos, el año 2005 se dictó la Ley N° 20.001, que efectuó modificaciones al Código del Trabajo y que entre otras, limitaron el peso máximo que un trabajador puede cargar manualmente. Si la manipulación manual es inevitable y las ayudas mecánicas no pueden usarse, no se permitirá que se opere con cargas superiores a 50 kilogramos.” Se agregaba además que los menores de 18 años, de ambos sexos, no podrían manipular cargas superiores a los 20 kilogramos, quedando prohibida esta actividad para las embarazadas.

Con ello, Chile daba cumplimiento al Convenio 127 de la OIT, relativo al peso máximo de la carga que puede ser transportada por un trabajador.

Los estudios efectuados posteriormente determinaron que a pesar de las restricciones, los obreros que efectuaban estas labores continuaban presentando dolores lumbares, siendo esto motivo primordial de la ausencia laboral en este tipo de faenas.

Fue por ello que en agosto de 2012, los Senadores Hernán Larraín Fernández, Andrés Allamand Zavala, Alejandro García Huidobro y Jaime Orpis Bouchón presentaran una moción basada en estudios internacionales para que se bajara el peso de 50 a 38 kilos, no obstante si el trabajo se producía una vez cada 30 minutos las cargas no podrían ser superiores a 25 kilos.

Con leves cambios la moción se convirtió en ley, firmada por la Presidenta Michelle Bachelet, con fecha 17 de septiembre de 2016, la que disponía el plazo de un año para entrar en vigencia, plazo que se hizo efectivo con fecha 17 de septiembre del presente año:

 “Artículo 211-H.- Si la manipulación manual es inevitable y las ayudas mecánicas no pueden usarse, no se permitirá que se opere con cargas superiores a 25 kilogramos. Esta carga será modificada en la medida que existan otros factores agravantes, caso en el cual, la manipulación deberá efectuarse en conformidad a lo dispuesto en el decreto supremo Nº 63, del Ministerio del Trabajo y Previsión Social, del año 2005, que aprueba reglamento para la aplicación de la ley Nº 20.001, que regula el peso máximo de carga humana, y en la Guía Técnica para la Evaluación y Control de los Riesgos Asociados al Manejo o Manipulación Manual de Carga.”

“Artículo 211-J.- Los menores de 18 años y las mujeres no podrán llevar, transportar, cargar, arrastrar ni empujar manualmente, y sin ayuda mecánica, cargas superiores a 20 kilogramos. Para estos trabajadores, el empleador deberá implementar medidas de seguridad y mitigación, tales como rotación de trabajadores, disminución de las alturas de levantamiento o aumento de la frecuencia con que se manipula la carga. El detalle de la implementación de dichas medidas estará contenido en la Guía Técnica para la Evaluación y Control de los Riesgos Asociados al Manejo o Manipulación Manual de Carga.”.

Si bien es cierto, esta ley desde sus inicios el año 1923, fue dictada con el fin de favorecer  a los cargadores, que debían efectuar grandes esfuerzos físicos para trasladar cargas superiores a los ochenta kilos, hoy en día surgen voces contrarias, ya que el cargador deberá hacer el doble de viajes para transportar la misma carga que antes hacía de una sola vez, necesitando también el doble de tiempo para realizar su faena.

Se argumenta también, que esta situación colaborará a mecanizar algunas de estas labores en las empresas, con el fin de acelerar los procesos de carga y descarga, prescindiendo del trabajo del cargador, que poco a poco verá mermar su área de desempeño.

Como vemos, los esfuerzos por ayudar al hombre, pueden ser una amenaza para su labor diaria, que poco a poco va sacando del paisaje cotidiano ciertos trabajos que en algunos años más serán parte del recuerdo; así, poco a poco se va extinguiendo la imagen del roto fornido, del hombre de campo que a fuerza de músculos realizaba los duros trabajos campesinos, todo ello en pro del progreso y del mayor bienestar social del trabajador.

 

[i] Riu, Manuel; La vida las costumbres y el amor en la Edad Media, De Gassó Hermanos, Barcelona, España, 1959.

[ii] Anguita y Quesney, Leyes promulgadas en Chile desde 1810 a 1901, Imp. Nacional, Santiago, Chile. 1902.

[iii] Conforme a sus disposiciones, esta ley debía entrar en vigencia diez años después de su promulgación, pero recién fue puesta en vigencia el 21 de enero de 1864 por el Presidente José Joaquín Pérez y por su importancia se conoce como la “Ley del sistema Métrico Decimal”.

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