Una gran oportunidad de poder apreciar cómo eran los grandes vestidos de las mujeres de la segunda mitad del s. XIX es la muestra que desde el 7 de junio y hasta el 27 de julio se podrá visitar en la casa museo Santa Rosa de Apoquindo, en Las Condes.
Los vestidos pertenecientes a la colección del Museo Histórico Nacional, se unen a una serie de retratos pictóricos de destacados artistas nacionales y extranjeros, en la exposición Re-tratadas. Son siete vestidos, diseñados y usados entre 1850 y 1900, hoy pertenecientes a la Colección Textil y Vestuario del MHN, y diez retratos, realizados por destacados pintores nacionales, como Pedro Lira, Alfredo Valenzuela Puelma, Manuel Antonio Caro, Raimundo Monvoisin y Joaquín Sorolla que dan cuenta del vestuario utilizado, sus diseños, detalles de telas y elementos decorativos.
Para Diego Matte, director del Museo Histórico Nacional, “esta muestra permite vincular nuestra colección textil con las pinturas del Museo en torno al retrato femenino de la época. La pintura y los trajes nos hablan del mundo de aquellas mujeres retratadas, las que siguen presentes en su vestuario y su imagen impresa en la tela”.
Entre las pinturas, destaca por su tamaño y detalles un gigantesco retrato familiar del francés Monvoisin, pintado en 1844, en el que aparecen 14 figuras a tamaño real, 6 de las cuales son mujeres ricamente ataviadas.
Para la experta en textiles Isabel Alvarado, los retratos han sido siempre una fuente de conocimiento para el estudio del vestuario, los accesorios, peinados, joyas y cosméticos. Representar en la pintura un traje y la tela de la que está confeccionado, requiere una observación minuciosa de los pliegues. Los cambios de color del tejido según la luz, crean volúmenes y zonas de profundidad.
La muestra es organizada por la Corporación Cultural de Las Condes y el Museo Histórico Nacional, y cuenta con la colaboración del Museo Nacional de Bellas Artes, Museo de Artes Decorativas y coleccionistas particulares, que han facilitado algunas pinturas.
RE-TRATADAS Pintura y vestuario del siglo XIX
Colección Museo Histórico Nacional 7 de junio al 27 de julio de 2014
Casa-Museo Santa Rosa de Apoquindo Padre Hurtado 1195 esquina C. Colón
2 243 1031 Martes a domingo, 10:30 a 19:00 horas
Entrada liberada
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¿Cómo era el vestuario femenino en la segunda mitad del s. XIX?
1840 – 1870: Hacia 1840 el vestuario femenino se caracteriza por la disminución del gran volumen de las mangas usado durante la década anterior. Éste se desplaza hacia las faldas. Hace su aparición la crinolina que ayuda a aumentar el volumen de la falda, que sigue creciendo hasta que el ruedo alcanza su mayor dimensión en 1860; originalmente la crinolina era una enagua, cuya tela estaba tramada con crin y posteriormente se usaría una estructura de alambres. Entre 1865 y 1875, la cola era exageradamente larga y con gran cantidad de adornos. La cintura se ubica en su lugar y terminaba en punta en el delantero, para luego hacia 1860 volver a ser recta. Durante todo este periodo, en el día se usaba cuello cerrado y escote amplio para la tarde y noche.
1870 – 1890: En 1870, al igual que años anteriores, el volumen de los trajes se concentra en la falda, pero de un modo diferente, ubicándose preferentemente en la espalda. En 1880, disminuye en forma considerable el ruedo en la falda y el volumen es mayor en la parte alta de la espalda con el uso del polizón, accesorio formado por pequeños cojines o estructuras de tela con alambres que iba por dentro de la falda, sujeto a la cintura. Hacia 1885, el polizón, los drapeados y los adornos en la espalda, aumentan el volumen de la falda aún más, para después poco a poco ir disminuyendo de tamaño hasta desaparecer a fines del siglo. El talle en 1880 era largo con muchos botones y terminaba en punta. Hacia 1890 volvería a ser recto. El cuerpo y las mangas eran muy entallados, en principio con escote cuadrado y luego con cuello alto para el día.
1890 – 1900: En 1890 los trajes se hicieron más sencillos, desapareció el polizón y las faldas eran angostas en las caderas y con mayor amplitud hacia el ruedo en forma de campana. Las mangas comienzan a tener un recogido en el hombro. Con el paso de los años, éste va en aumento llegando en 1895 a tener un volumen tal, como el que se produjo en 1830. La zona del antebrazo era muy ajustada y se denominaban mangas pata de cordero. Al finalizar el siglo XIX, la silueta se estiliza aún más, y llegando al cambio de siglo se destaca un pequeño volumen en el pecho, que años más tarde aumentaría convirtiéndose en lo que se denominó pecho de paloma.. Las mangas vuelven a ser más lisas y angostas. Se usó el cuello alto para el día y los escotes pronunciados para la noche.
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