Renacer de Tradiciones en el Chile de Hoy – III

175

En  artículo pasado analizábamos la tendencia manifestada en estas últimas décadas hacia un Chile con más empeño creativo, con más perfección y tono de civilización, con más belleza en su cultura viva, con más color local en su fisonomía o identidad. Mostrábamos que esta tendencia ha estado en el trasfondo psicológico-social, sea de las vías del crecimiento económico, sea de las del renacer de tradiciones religiosas y culturales que el país ha venido trillando hasta aquí.

Detengámonos ahora un poco en el momento especial en que este despertar o renovación de mentalidad se dio: ¿Cuáles fueron, las circunstancias históricas en que se hicieron patentes ambos impulsos?

Para intentar determinarlo es indispensable que recordemos –aún sumariamente– aspectos de nuestro pasado reciente, sobre los cuales se hace silencio hoy. Son aspectos que además necesitan ser bien conocidos por las generaciones actuales que no los vivieron.

El Chile de los años 60-70

Durante buena parte del siglo XX, Chile se había debatido en una larga y gris mediocridad. En el ámbito económico-social, el país luchaba contra una morosidad que los esfuerzos gubernamentales para industrializarlo –un tanto forzadamente y en perjuicio notorio de nuestras actividades agropecuarias– no conseguían vencer.

Las energías vitales del cuerpo social eran drenadas por los grandes niveles de subdesarrollo, de pobreza y de desnutrición infantil con su alta y dolorosa tasa de mortalidad, especialmente en sectores más populares; con todos sus efectos limitantes tanto físico-biológicos, como psicológicos y socio-culturales en los sobrevivientes.

Ello no era todo. Haciendo caldo de cultivo en esta realidad, en los años 60-70 comenzó a soplar con más fuerza en Occidente y de modo especial en América Latina, una propaganda revolucionaria de ámbito mundial que sembraba la desconfianza y la hostilidad ideológicas hacia la persona individual, hacia el derecho de propiedad privada y la iniciativa particular. El interés individual era presentado como necesariamente opuesto al interés general; el dirigismo del Estado y la gradual estatización de los medios de producción, como las panaceas para la solución de todos los problemas económico-sociales. Se hablaba en medios intelectuales, religiosos y políticos latinoamericanos, inclusive cristianos, de reformas de estructuras socialistas e igualitarias, de una Revolución continental en “libertad” que debía partir de cero…

El contexto latinoamericano y mundial de intensa Guerra Fría

Mientras en el extremo, despuntaba la Revolución cubana, la violencia subversiva en Colombia, el foquismo guerrillero del Che Guevara, que prometía un incendio continental que nació y murió en la selva boliviana…pero fue seguido del terrorismo maoísta del Sendero Luminoso en Perú, la violencia urbana tupamara en Uruguay, la montonera en Argentina, la guerrilla del Araguaya en Brasil y sus similares en América Central. Era la potente escenificación de un subsuelo social latinoamericano, donde bullirían volcanes sociales a punto de estallar en erupciones revolucionarias incontenibles. Debidamente alentadas, es claro, por la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) fundada por Fidel Castro para tal efecto.

La desconfianza y la hostilidad hacia la persona individual y la iniciativa particular venían así  acompañadas por un trasfondo de guerra psicológica subversiva impactante y acentuadas por una intensa promoción de la lucha de clases. Esta última era atizada constantemente por agitadores revolucionarios especializados y destinada –según los postulados “dogmáticos” propios de la gnosis marxista–, a agudizar las contradicciones y los conflictos, los cuales eran presentados después como supuesto motor “dialéctico” inmanente al “progreso” social…

Ello se encuadraba,  además, en un contexto internacional mucho más amplio de intensa y multiforme Guerra Fría. O sea, un conflicto no-declarado pero omnipresente por el predominio mundial entre el bloque occidental (liderado por las grandes potencias capitalistas y especialmente por la super-potencia norteamericana) y el inmenso imperio comunista (conducido por la Rusia soviética, Meca del estatismo colectivista y, en alguna medida, la China maoísta).

En este clima de conflagración ideológica internacional –operada a través de guerras localizadas, guerrillas rurales o urbanas, agitaciones subversivas y tensiones político-ideológicas, diplomáticas,  o económico-sociales– el imperio comunista movilizaba una amplísima red de agentes de influencia, infiltración y promoción de guerra psicológica revolucionaria con la cual disputaba a las potencias occidentales lo que se podría llamar la tierra de nadie de la opinión pública en las propias democracias liberales, consiguiendo volver tributarios de su utopía socialista,  a muchos intelectuales y a no pocos dirigentes sociales, políticos y hasta religiosos no marxistas en el mundo entero. El socialismo era presentado como el futuro irreversible de la evolución de la humanidad.

reforma agraria toma del fundo los cristales talca identidadyfuturo.cl
Preparando la implantación de la Reforma Agraria: Toma del Fundo Los Cristales en Curicó. 1965. Foto Revista Ercilla 21/09/1966.

La vía chilena para el socialismo y su desenlace

Todo este proceso ideológico fue atravesando etapas y pasando de la teoría a la práctica, concretándose paulatinamente en políticas de control dirigistas, legislaciones y reformas estructurales igualitarias, cuya punta de lanza –como lo fue en Rusia y en muchas naciones que cayeron en el comunismo– era una Reforma Agraria socialista y confiscatoria.

Cuando llegó el momento en que tales reformas comenzaron a implementarse en Chile se había conseguido difundir ya entre los propietarios agrícolas y entre muchos empresarios un verdadero complejo de culpa por ser legítimos poseedores de tierras y de empresas;lo cual los paralizaba y predisponía a la entrega.

El resultado de todo ello en Chile es historia conocida:  los promotores locales del marxismo, con una soberbia y un voluntarismo que los hacía auto-referentes, se sintieron prematuramente señores del futuro y de la historia, precipitándose a la aventura de la vía chilena para el socialismo.

En realidad, si tenían a su favor el bullicio de esta propaganda revolucionaria minoritaria pero muy intensa y de sus mitos, no contaban con un apoyo popular profundo y verdadero. Son las trampas que preparan contra si mismos estos procesos propagandísticos aparentemente apabullantes, pero artificialmente montados y conducidos contra la porfiada realidad. Ya lo sabía el propio Lenin, conductor de la Revolución Rusa y teórico del papel del Partido bolchevique como “vanguardia revolucionaria” del proletariado al cual, en realidad, había que “ayudarlo” a adherir a una Revolución marxista, que no quería ni entendía…

Nuestros marxistas criollos no consiguieron montar previamente o con la rapidez necesaria, ese aparato de fuerza necesario para imponer a Chile por la violencia sus quimeras colectivistas de un modo durable(1).

Ellos y todos los que le sirvieron de compañeros de ruta en diferentes intensidades, inclusive no pocos intelectuales y dirigentes religiosos y políticos cristianos, condujeron así al país –queriéndolo o no– a una de las mayores crisis de su historia. Responsabilidad patente que –dígase de paso– hasta hoy no sé que haya sido asumida. Lo cierto es que, la vía chilena para el socialismo derivó en una vía del caos económico-social e institucional rumbo a la miseria, atrayendo finalmente el doloroso quiebre del régimen político democrático(2).

Cuando el sortilegio de las utopías colectivistas se disipó en Chile…

Se inició entonces la reconstrucción del país, la renovación de las bases de su economía, la preparación de su abertura a los mercados internacionales, mientras paralelamente se iba consiguiendo vencer el flagelo de la desnutrición infantil. En cierto momento se pudo constatar que se había producido una especie de liberación transversal, en amplios sectores de la sociedad chilena, de lo que podríamos llamar el potente sortilegio o encantamiento que habían ejercido hasta entonces los “dogmas” estatistas y radicalmente igualitarios.

Las evidencias de lo real habían terminado por triunfar en el espíritu público sobre el predominio anterior de las ideologías colectivistas y  sus mitos paralizantes y distorsionadores.

Este alejamiento de la mayoría de la sociedad chilena en relación a esos “dogmas” ideológicos revolucionarios, tendría pocos años después la más rotunda confirmación: el histórico y rápido desmoronamiento del inmenso imperio soviético y sus satélites, que develó a los ojos del mundo lo que pasó, concretamente, cuando la utopía dejó el ámbito de las teorías y de las promesas quiméricas para transformarse en la dura realidad del socialismo real…con su régimen totalitario y persecutorio, sus campos de concentración, asesinatos masivos de millones de personas, su dramático fracaso económico.

valle de casablanca
Valle de Casablanca con su renovación vinicultora: una de las primeras postales del despertar de energías y creatividad económicas que comenzó a transformar la fisonomía de Chile  hace poco más de tres décadas. Foto de Fernando Manfujano/Flickr

Un Chile renovado del emprendimiento libre,  la creatividad y el crecimiento económicos 

En el nuevo clima creado de aceptación y favorecimiento de la libertad de emprender, muchos sectores –independientemente de sus simpatías ideológicas anteriores–, se incorporaron transversalmente, con optimismo y esperanza, a los esfuerzos de renovación en que Estado y sociedad colaboraron para abrirse al mundo y competir rumbo a una mejora de progreso y civilización. Fue un verdadero despertar de energías y creatividad económicas.

Ello generó un gran empeño común a lo largo de estas décadas en que se sucedieron gobiernos de distinto signo, por aprovechar exitosamente las ventajas comparativas del país, por mejorar y modernizar sus infraestructuras y avanzar en la civilización material.

La re-encuentro con la identidad y la puesta al día de las tradiciones

El progreso económico modernizador potenció el surgimiento de una estimación menos deprimida,  más positiva de nuestra propia identidad, de nuestra cultura popular y de nuestras más arraigadas tradiciones y, en consecuencia, hubo impulsos creativos también en este ámbito tendientes a fortalecer dichas tradiciones, renovarlas y proyectarlas hacia el futuro.

¿Potenció solamente o coincidió en parte con un comienzo de afirmación de nuestra identidad? Es algo por estudiarse pues hay inclusive quienes sustenten que una tendencia nueva a la afirmación de nuestra identidad nacional ya comenzaba a manifestar síntomas, aún en medio de la crisis de los años 60-70; época en que, por ejemplo, tomó forma y se estableció, ahí ya  en el mundo intelectual y científico, el Instituto de Chile,  afín de reunir en él y proyectar la labor de las más prestigiosas Academias del país, para sólo citar un aspecto altamente significativo de una tendencia hacia una madurez cultural que comenzaba a delinearse.

fiesta-religiosa-de-la-tirana http://identidadyfuturo.cl
Diabladas Siervos de la María en la Fiesta de La Tirana; celebración multitudinaria a la Virgen del Carmen en el Norte de Chile, que da lugar a unas de las expresiones más vivas del desarrollo del Catolicismo popular en el país.

Fenómeno hoy innegable y creciente, que muchos políticos parecen ignorar

Sea como fuere, lo cierto es que el despertar del esfuerzo creativo particular desvencijado de las amarras ideológicas revolucionarias y la búsqueda de caminos de libertad y de progreso de la sociedad civil, tanto como la afirmación renovada de nuestras tradiciones identitarias están hoy ahí, como un fenómeno innegable.

Más aún, él se constituye, claramente, en la gran novedad del Chile de hoy. Representa una tendencia creciente, si no en todos los chilenos, por lo menos en una minoría grande y perteneciente a los más diferentes sectores sociales. Tendencia ésta que posee autonomía de criterio, capacidad de diferenciación cultural y dinamismo para reproducirse y crecer, a pesar de la fuerza uniformadora del mundo globalizado e híper-comunicado de hoy.

Se trata a nuestro juicio de una realidad profunda, más instintiva que planificada, de un Chile a la vez antiguo y nuevo, cuya existencia muchos dirigentes del país –al parecer obcecados por intereses políticos menores– ni siquiera han percibido bien. Se trata, es cierto, de un tema más sutil y de largo aliento que atañe a tendencias psicológicas y culturales de fondo y a una transformación de mentalidades en zonas significativas de la opinión pública nacional. Un tema, por tanto, más apropiado para suscitar la atención de hombres de estado de miras altas y horizontes amplios, que para captar el interés muchas veces inmediatista de los agentes de corretaje político –cazadores ansiosos de pequeñas ventajas electorales o partidistas– a que no pocos de  nuestros hombres públicos se han reducido lamentablemente.

La actual encrucijada: ¿Seguimos y perfeccionamos el camino o volvemos para atrás?

Quiera Dios que un mayor número de nuestros dirigentes religiosos, políticos y sociales despierten para esta realidad y sepan estimular lealmente esta gestación de un Chile solidario que ama la vida y no la lucha destructiva; que asume con ánimo la libertad de emprender y de crear, que desea legítimamente el progreso propio y de sus familias, el crecimiento sostenible y amigable con el medio-ambiente; que busca con alegría y esperanza el orden, la armonía y la belleza en nuestra vida pública, en lugar de los resentimientos, el chaqueteo, el amargo culto de lo feo, el vandalismo o el negativismo anárquico.

Dos episodios recientes, entre muchos otros, nos manifiestan trazos de este Chile nuevo posible: el rescate épico y exitoso de los mineros que unió al país y conmovió al mundo que aún está presente en el la retina de todos. Y, en estos mismos días, el notable desempeño de la selección nacional en el mundial de fútbol. Mas allá del lugar final que venga a obtener en el campeonato, nuestra querida selección ha dado muestras de un espíritu de valentía, sacrificio y esfuerzo; de una disciplinada y creativa asimilación de las estrategias de su entrenador, de una disposición de colaboración mutua y un afán de superación, que les han merecido inclusive el respeto de técnicos extranjeros, de comentaristas y figuras internacionales del deporte y hasta de equipos rivales.

Es claro que el cabo de estas décadas de crecimiento el país enfrenta nuevos y urgentes desafíos y también evidentes abusos, distorsiones e inequidades que se necesita corregir. En estas circunstancias el país esta viendo con sorpresa surgir en nuestra vida pública los nostálgicos de los mitos revolucionarios niveladores y libertarios cuyo fracaso histórico resulta innegable. Ellos parecen querer aprovechar  los nuevos desafíos del crecimiento y la urgente necesidad de vencer las inequidades sociales rumbo a una sociedad más integradora e inclusiva, para re-levantar –con su antigua soberbia y su espíritu dirigista e impositivo– sus utopías y experimentos sociales radicalmente igualitarios e interrumpir o perturbar esta marcha esperanzadora hacia el futuro. En el extremo reaparecen ya los cultores de la agitación, la violencia anarquizante y el vandalismo.

¿Podrán ellos traer de vuelta a Chile los demonios, fantasmas y conflictos del pasado reciente bajo nuevas formas? ¿A que tensiones y riesgos podría conducirnos una tan extemporánea aventura?

Es algo que esta por verse. Pues por el propio fenómeno del avance unido de tradición y progreso que ilustramos bajo tantas modalidades en este portal “de las buenas noticias” y que estamos estudiando en estos comentarios, es claro que el Chile de hoy no es el mismo que se debatía en el subdesarrollo y en la lucha de clases dentro del horizonte gris, mediocre y tempestuoso de los años 60-70.

* * *

Para tratar de comprender mejor ese Chile de hoy, esperamos considerar más de cerca en un próximo artículo, tanto el Catolicismo popular con su fe, la originalidad de su piedad, de su espiritualidad, de su mística y el papel especial que en ello tiene la fiesta sacra; como la variedad de expresiones costumbristas que esta renovación nacida de las profundidades de la tradición tiene en el plano de la cultura chilena viva , entre otros trazos de la fisionomía con que el país se presenta hoy al mundo.

___________________

1) Como parece que lo preparó hoy, en Venezuela, la llamada Revolución chavista y su “socialismo del siglo XXI”; cuyos notorios mentores son los  hermanos Castro, expertos en la instalación, ejecución y prolongamiento — indefinido y por la fuerza — de la dictadura del “proletariado”.

2) No es nuestro tema el análisis pormenorizado de todo este proceso, ni tampoco de la naturaleza y practica del régimen militar que le siguió, donde se produjeron los lamentables e indefendibles abusos en materia de derechos humanos hoy de todos conocidos. Nuestro objetivo es identificar el cambio psicológico y social que se operó en el país hace más de 3 décadas cuando se dio una verdadera liberación de aquella especie de fascinación que ejerció la utopía revolucionaria, la cual llegó a parecer a muchos lideres y formadores de opinión nacional como el único camino para el país antes del desastre en que terminó la vía chilena para el socialismo.

Comentarios: