Juegos y Diversiones Populares de Chile

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Tradicionalmente el hombre ha buscado la forma de entretenerse, de divertirse, de ocupar el tiempo libre, tratando de hacer más llevadera la vida. Esta búsqueda permanente de entretención ha encontrado muchas formas diferentes de manifestarse, siendo el juego uno de las más preferidas.

El juego puede ser personal, de a dos o totalmente grupal, no hay cánones restrictivos en estas materias. Sólo basta que la persona que participa en un juego tenga interés por hacerlo, por manifestar sus destrezas y/o habilidades en determinadas entretenciones.

En nuestro país los juegos populares comienzan con la llegada de los españoles; no obstante los mapuches también tenían los propios, generalmente de destreza física.

Según René León Echaiz en su libro “Diversiones y juegos típicos chilenos”, a fines del siglo XVI comienza a gestarse una fusión de juegos entre españoles y mapuches. Estos últimos aportan el juego del “palín”, que los españoles bautizan como “la chueca”, ya que es muy parecido a un juego de ese nombre que se jugaba en España.

 

La Chueca

La chueca comenzó a hacerse tan popular que algunos gobernadores llegaron a prohibirla, debido a que los jugadores competían casi desnudos. La prohibición, sin embargo, no alcanzó a mayores porque los jugadores hacían caso omiso de la disposición. Ante esto, se optó por reglamentar el juego y colocar árbitros en cada encuentro.

Si bien es cierto en la actualidad este juego todavía se practica, principalmente entre los mapuches, a principios del siglo pasado todavía había varios clubes en Santiago y Valparaíso, dedicados a difundirlo.

En la chueca  cada equipo tiene ocho jugadores, los que se distribuyen en una cancha que puede tener hasta cien metros de largo por 10 de ancho; cada jugador está provisto de un madero curvo llamado palín con el que se impulsa una pelota de madera, de pequeñas dimensiones. El equipo que logra llegar al término del campo rival, gana un punto, celebrado con gritos y algazara por parte de quienes lo convirtieron.

 

Los Naipes

El juego de naipes o cartas, fue sin duda uno de los más característicos de esa época colonial. Se jugaba en los cuarteles, en las calles, en las chinganas y el obispo tuvo que prohibir que los frailes tuvieran mesa de juego porque muchos pasaban a diario ejercitándose en tan mundano arte.

Sin duda que los mayores practicantes de este “vicio”, que traía aparejada la apuesta en dinero, eran los militares, quienes cuando estaban en sus cuarteles buscaban de esta forma matar el tiempo libre.

Entre los juegos de barajas se recuerda la “dobladilla”, al que era muy aficionado don Pedro de Valdivia y en el que se jugaban fuertes sumas. Más tarde vinieron otros como “la primera” y el “treinta por fuerza”.  Luego aparecieron “la malilla” y el que más adeptos ha tenido, tantos que aún subsiste en nuestros días y es conocido como “la brisca”

En siglos pasados hubo verdaderos “ tahúres”,  quienes recorrían los pueblos y los campos, utilizando cartas marcadas o defectuosas para favorecer su juego.

El juego del “monte”  o “montoncito”, era tal vez uno de los más practicados entre las clases populares, ya que el tallón, se instalaba en los más disímiles lugares empezando a tirar sus naipes para ir juntando apostadores.

 

Dados

Los conquistadores trajeron también el antiguo juego de los dados, al que pronto se aficionaron los mapuches, quienes tendían sus mantas en el suelo y tiraban los dados; quien lograba mejor puntaje durante tres veces era el ganador. Hubo también otras variantes de  este juego que fue introducido por los españoles, pero que tiene raigambres milenarias griegas, árabes y romanas. Acá en Chile el juego adquirió luego nuevos horizontes y dio origen al juego del cacho, el que hoy todavía se practica en los bares, especialmente de la capital y los puertos, donde los marinos son muy aficionados a este juego.

 

El Chupe

Este juego tuvo mucha vigencia hasta fines de los sesenta. Era un juego callejero que practicaban algunos muchachones, quienes luego de ganarse algunas monedas en trabajos esporádicos las jugaban con otros de su misma edad. Generalmente quien organizaba el juego tiraba cinco monedas al aire, si caían tres o más “caras”, él ganaba y se salían “sellos”, ganaban los apostadores.

En este juego, como en otros, había tipos que tiraban las monedas, previamente compuestas, de tal forma que siempre o casi siempre le favorecían.

 

El Trompo

Trompo de siete colores,
Sobre el patio de la escuela
Donde la tarde esparcía
Sonrisas de madreselva…

Así rememoraba este juego infantil el poeta Alejandro Galaz (1905-1938), quien con este poema sencillo logró cautivar a generaciones, que hicieron del trompo su entretenimiento favorito.

Al igual que otros juegos, sus raíces se remontan a la vieja Grecia de Virgilio y Persio, quienes en su niñez  también fueron aficionados a este singular juego.

El trompo se podía comprar en almacenes de barrio, pero no tenía la personalidad de los que hacían diestros talladores pueblerinos, quienes buscaban los mejores y más duros maderos para construirlos.

Cada vez que se compraba un trompo, se le colocaba una hilera de tachuelas, ligeramente sobresalientes  en su circunferencia, ya que con eso se podía jugar al “gallo”, juego que consistía en aplicar el trompo sobre una moneda, la que para ganar tenía que atravesar una raya ubicada a cierta distancia.

Aparte del trompo existía la “paguacha”, un trompo que tenía dos púas y por lo tanto se podía tomar con ambas manos.

Elemento primordial del juego era la soga, lienza o soguilla, cuerda con la que se hacía bailar el trompo. Luego venía el proceso de suavizar su baile, lo que se lograba torciendo ligeramente la púa. De allí nacían las expresiones “cucarro”, si bailaba mal o “lanito” (como lana, que se sentía poco, muy equilibrado), si subía suavemente a la mano. Además el juguete bailaba según la mano del jugador, por lo tanto si era zurdo, sólo se podía tomar con la mano izquierda y si enrollaba del lado derecho, con la diestra.

 

Los Bolos

El juego del bolo era típico de los escolares, que casi siempre andaban con los bolsillos llenos de estas diminutas bolitas con las que se podían hacer una serie de juegos, siendo el más conocido el de “los tres hoyitos”, en el que dos o más competidores trataban de ir ocupando en primer lugar los hoyos dispuestos en el suelo a un metro de distancia cada uno. Ganaba quien llegaba primero a las tres vueltas. Otro de estos juegos era el “pique inglés”, que consistía en golpear los bolos contra una muralla y el primero que golpeaba unos de los ya jugados, se ganaba todos los bolos en competencia.

El “hachita y cuarta” era un juego de camino, de regreso a casa, en el que los jugadores se iban desplazando y lanzando sus bolos tratando de golpear al del contrario o de quedar dentro de una “cuarta”, medida entre el dedo pulgar y el índice.

Para jugar antiguamente se utilizaba un “tirolio” (tirador) o bolo más grande, el que más tarde comenzó a ser cambiado por los llamados “ojitos” o “polcas”, como se les conocía en el sur a las esferas de vidrio.

 

El Tejo

El tejo era un juego común, que junto con el chupe practicaban los desocupados y a veces los niños en los colegios. No tenía los reglamentos de la rayuela y se podía hacer marcando una línea en la tierra o un hilo blanco atravesado. Se jugaba con monedas, especialmente con las antiguas de los años ‘30 del siglo pasado, las que por su tamaño y peso se adaptaban especialmente para esta diversión.

Se jugaba entre dos o más a las diez o quince rayas, quien las lograba primero era el ganador.

 

*La Rayuela es deporte nacional según ley nro. 20. 777, del 17 de septiembre de 2014: “Declárase la actividad deportiva de la rayuela como deporte nacional, que se disputa por puntos, consistente en el lanzamiento de tejos, desde distancias prefijadas, hacia una superficie determinada, atravesada por una lienza a alcanzar.”

 

El Emboque

Aunque en otros países se llama boliche, en Chile este juego se popularizó como “emboque”, por la forma de en que la antigua esfera cilíndrica luego de ser lanzada al aire se embocaba en un palo que sostenía diestramente el jugador.

Una vez embocado el elemento, se comenzaba a voltear hacia adentro y cada vez que apuntaba era un punto. Cuando se era más diestro se podía impulsar la vuelta hacia fuera, la que tenía el valor de dos puntos.

En Chile el máximo exponente de este juego fue el conchalino conocido como “Nano King”, quien se dedicaba a construir emboques de todos los tamaños, siendo invitado en varias oportunidades a programas de TV, especialmente a Sábados Gigantes”, donde en los ’80 del siglo pasado tuvo participaciones memorables con el conocido animador Mario Kreusberger “Don Francisco”.

El Palo Ensebado

Este divertimiento, que todavía puede verse, consistía en un palo recién cortado al que se le sacaba la corteza, en su punta se le colocaban algunos billetes y se ubicaba en un lugar a la vista del público. Si el palo estaba muy seco se le frotaba con grasa animal o sebo, para dificultar la subida.

A una hora indicada, con presencia de público, comenzaban los interesados a intentar el escalamiento, que se dificultaba por el sebo y simplemente no se podía subir, causando gran regocijo entre los espectadores. Generalmente los primeros en intentarlo iban sacando el sebo y eran otros los que llegaban hasta la cima a retirar el premio.

Como esta es una entretención típica de Fiestas Patrias, a veces los municipios colocan una bandera y cada afortunado que llega hasta ella logra un premio.

 

La Rueda

La rueda es uno de los inventos más antiguos creados por el hombre. Desde el legendario “Carro de los felinos” de la ciudad de Ur en Mesopotamia, que se remonta al siglo XXV AC., ha estado presente en muchos elementos y maquinarias, especialmente en los medios de locomoción, que es donde  hoy lo conocemos mayoritariamente.

Sin la rueda habría sido difícil el desplazamiento del hombre. Sólo su inteligencia pudo prever que utilizando ese invento apoyado por un eje en su zona media, podría realizar muchas tareas que le ahorrarían esfuerzos y tiempo en sus faenas productivas.

Luego de su descubrimiento, el hombre tuvo la agudeza de asociarla al buey y al caballo, creando más tarde diversos carruajes para unirlos  a los animales mediante correajes especiales, con lo que se dio nacimiento al primer vehículo.

 

El juego de la Rueda

Los diversos usos para los que era requerida la rueda, dieron origen a tamaños diversos: planas unas, dentadas otras, grandes y chicas, anchas y angostas. De allí, en algún lugar de Europa, a algún niño aburrido que vio deslizarse una rueda que caía desde algún carromato, se le ocurrió seguirla y con la mano la hizo avanzar, situación que le resultó divertida,  permitiéndole recrearse corriendo por las calles de la ciudad.

Así, pronto otros niños, buscando las ruedas más apropiadas comenzaron a usarlas en sus juegos. De acuerdo a cuentos y relatos antiguos, esta era la entretención preferida por los chicos de barrios pobres,  a quienes corriendo libremente por las calles, también les salpicaba el barro de las acequias, las que podían atravesar libremente a pie descalzo, sin miramientos de ninguna especie.

En Chile el juego de la rueda también tuvo muchos adeptos. Hasta fines de los años sesenta del siglo XX, todavía se veía a algunos divirtiéndose por las calles con este antiguo elemento. Aquí se usaban ruedas de latón de los tambores de bencina de doscientos litros; era una rueda “grande” y servía para correr distancias largas. Las otras eran las pequeñas o “chicas”, generalmente habían sido el ajuste de un bocín de rueda de carreta, por lo que eran más pesadas y su andar era más lento.

Para el desplazamiento de las ruedas se utilizaba un elemento llamado “manilla”, que era un  alambre o fierro delgado que terminaba en la punta en forma de “u”, la que se construía para el lado izquierdo o derecho, según cual fuera la mano diestra del niño.

Era básicamente un juego invernal, pues para que la rueda girara sin caerse había que correr tras ella, eso calentaba el cuerpo y divertía a la vez; los más diestros en su manejo hacían una serie de cabriolas, aumentando y disminuyendo la velocidad, sin que la rueda se cayera.

Con los años este juego fue decayendo, las calles se fueron llenando de  vehículos y hoy en día ya ningún niño sigue practicándolo.

 historia del volantin

El Volantín

Este juego ya ha sido comentado en estas páginas por el autor, por lo que damos a conocer su link:

No obstante haber comentado sólo algunos juegos y diversiones populares, especialmente de los niños, no cabe duda que a través de los siglos las entretenciones han ido variando según han sido las situaciones político-culturales del país.

Es sabido que luego de la Guerra del Pacífico se hicieron populares entre los mayores, los clubes de tiro al blanco. En las grandes ciudades había varios clubes y en la más pequeñas, al menos uno. Esto motivaba a los menores a vestirse con uniformes militares a su medida, así había trajes de marinos y militares, siendo comunes los Prat, Baquedano y otros personajes vinculados a la historia patria.

Sin embargo, hoy en día el sentimiento de Patria parece haber disminuido en algunos y las múltiples variables que entrega internet  y sus juegos digitales, han dado un giro drástico a las entretenciones de los niños especialmente. Las Fiestas costumbristas que actualmente se han multiplicado han crecido en todo el país, abren espacios a la honda necesidad que muchos sienten de reafirmación de nuestra memoria histórica y de nuestra identidad, promoviendo en una atmósfera campestre  estas apacibles recreaciones familiares y rescatadando algunos de aquellos juegos infantiles típicos. Porque en la vida cotidiana hoy ya nadie juega al trompo o al emboque; los juegos en línea, los comics y los teléfonos celulares han dado un vuelco en la vida corriente del chileno, como en muchas partes del mundo. El  progreso informático está haciendo sentir sin duda  su peso, la tecnología visual está en boga; en fin, es el siglo XXI  que avanza al ritmo y compás de sus pasos.

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