“Metal”, la nobleza de un caballo

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Conocido como “Metal”, luego llamado “Abismo”, este noble corcel destaca por su lealtad hasta después de la muerte de su jinete en un valle de la sierra peruana.

Carabineros de Chile nació el 27, de abril de 1927, pero sus cimientos fueron reforzados con hechos destacados de serenos, guardianes y policías, que aportaron los aspectos de la policía de ciudad, incluida la Sección de Seguridad (más tarde Servicio de Investigaciones, hoy PDI) y los integrantes del Cuerpo de Carabineros, policía rural montada del Ejército de Chile, que trajo consigo los más altos símbolos de la caballería que aún son partes del uniforme verde de la institución: la carabina, la bandolera, la lanza, la bota de montar, los espolines, la blusa cerrada y el distintivo que lo identifica dentro de las demás armas: los botones blancos; tradiciones que hoy son símbolos que se resguardan en los planteles institucionales y especialmente en la Escuela de Caballería de Carabineros.

No podemos olvidar que junto a estas tradiciones que acompañaron el paso de los Carabineros a la nueva institución, también lo hizo la caballada que de norte a sur pertenecía a ese Cuerpo, entre cuyos ejemplares destacaba uno de singulares cualidades llamado “Metal”,  cuya historia es la que ahora conoceremos.

Debemos aclarar que los hechos narrados a continuación acontecen el año 1925 y el carabinero Manuel Aguayo Paillalef y su caballo “Metal”, pertenecían en ese entonces al Cuerpo de Carabineros del Ejército de Chile.

Dos años más tarde, este Cuerpo es la base de la actual Institución Carabineros de Chile, a la que se incorpora con todos sus efectivos, enseres y ganado, entre los que “Metal” fue un traspaso importante.

Chile devuelve Tacna al Perú y queda en posesión de Arica

El 28 de Agosto de 1929 Chile devolvió Tacna al Perú, mediante el llamado “Tratado de Lima”. Se cumplía así, en parte, el artículo 3°, pendiente del “Tratado de Ancón”, cuyas disposiciones habían sido las de someter a plebiscito el dominio de las provincias de Tacna y Arica, luego de cumplidos 10 años del tratado; disposiciones que hasta esa fecha no habían sido cumplidas.
De esta forma Chile abandonaba después de casi 50 años la provincia de Tacna. Además se demarcó la frontera definitiva. Era el fin de la cuestión de Tacna y Arica.
Previamente, el 4 de marzo de 1925, el Presidente de los Estados Unidos de América, Calvin Coolidge, designado árbitro por Chile y Perú, había emitido su laudo sobre la cuestión de Tacna y Arica.
En él se consideraba que el territorio de Tarata, ocupado por Chile, no era parte de la provincia de Tacna, por lo que debía ser devuelto al Perú.
En vista de esta situación, a contar del 20 de agosto de 1925, el subdelegado y a la vez jefe de las tropas del Cuerpo de Carabineros acantonadas en Tarata, empezó a recibir claras y precisas instrucciones sobre cómo debería procederse a la entrega de ese vasto territorio a las autoridades peruanas.

Era el 28 de agosto, en vísperas ya de la entrega, en horas de la tarde, el mando dispuso que un carabinero del puesto de “Pistala” debía concurrir a la tenencia “Chucatamani”, a comunicar que el personal, con la totalidad del equipo y bagajes, debería replegarse al día siguiente a la base del Escuadrón.

Recibida la orden en “Pistala”, se dispone que ella sea cumplida por el Carabinero Manuel Aguayo Paillalef, un mocetón venido de las lejanas tierras de Carahue, en pleno corazón de la selva mapuche. Diestro en el manejo de la carabina, es además un excelente jinete, motivo por el que no hay dudas de su correcta designación.

Montado en su brioso caballo “Metal”, abandona el caserío rumbo a Chucatamani, con la confianza propia del hombre de bien, que no teme adentrarse en esos sombríos parajes; lo mismo que hacía en su lejana tierra cubierta de quilantros y robles añosos y cimbreantes, allá donde la lluvia caía persistente cubriéndole el rostro y el viento marino lo doblegaba y se alejaba presuroso hasta perderse en los roqueríos de su lejana Nahuelbuta.

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Esos eran los lugares que solía recorrer durante su niñez, acompañado de su madre, la que gustaba coger manojos de copihues y los dejaba deslizar por sus orejas simulando chaquiras, situación que le agradaba y, sin embargo un día de arrestos juveniles llegó hasta la casona donde funcionaba el Escuadrón, con su juventud y sus ansias de correr tierras y se hizo carabinero…

El carabinero Aguayo Paillalef es asesinado, Metal permanece a su lado

Pero mientras seguía su marcha, repentinamente la huella por la que transitaba se hizo fugaz, de su mano izquierda manaba sangre, algo incomprensible que le hizo soltar las bridas. Volteó su cuerpo hacia la derecha para repeler el ataque con su carabina, pero un nuevo escozor, esta vez en el estómago, le hizo mantenerse inmóvil sobre el noble animal, que corría raudamente. En un intento desesperado, que sólo lo otorga la hombría, Aguayo descuelga su carabina del gancho, pero ya una negra nube lo cubre todo. Sus esfuerzos son escasos e instintivamente lanza el arma en medio de unos matorrales. Sofocado abre el cuello de su blusa, la gorra cae y el cinturón de servicio se desliza, dibujando una serpiente en el camino, en tanto que la bandolera le golpea insistentemente en la espalda. En una pequeña curva el caballo se detiene, las fuerzas abandonan al jinete que desciende penosamente y trata de sentarse en la falda del cerro. Allí, rememorando las hazañas de sus nobles antepasados que se le agolpan en la mente, Aguayo da una última mirada a “Metal” y volviendo levemente su cara hacia la izquierda y hacia lo alto traspasa los umbrales de la inmortalidad. El brazo aleve que segó su vida cumplió con su estéril misión. Aguayo, en cambio, cayó por la Patria en el camino del cumplimiento del deber.

La noche cubre su manto sobre las serranías de Chucatamani.

Metal”, de quien se dirá después, que corrió unos kilómetros de regreso a Pistala, se encuentra ahora al lado de su amo y no lo abandona, parece saber que su puesto está en ese lugar y espera verlo levantarse de un momento a otro, más el manto de la noche se extiende por los cerros aledaños cubriéndolo todo y nada sucede. Ni un movimiento por parte de su jinete, eso lo impacienta. El frío nocturno se hace más y más intenso. Todo es oscuridad.

El carabinero Aguayo Paillalef muerto camino a Chucatami, a su lado el fiel “Metal” lo espera. Esta fotografía fue tomada por el mayor Gabino Cavieres, quien junto a un destacamento salió en su búsqueda al día siguiente. (foto gentileza Revista de Carabineros)

El amanecer comienza a proyectarse lentamente, el sol parece ser un nuevo observador de la escena incomprensible. Más de diez horas han pasado desde que cayera el mártir y sin embargo “Metal” no se ha movido de su lado. A ratos observa largamente el cadáver de su amo, jinete de tantas jornadas, que sólo cambia de posición por algunos momentos. La silla ya comienza a molestarle pero ni siquiera intenta desprenderse de ella, hay algo que considera primordial y de mayor atención: el jinete caído a la vera del camino.

La huella en la que se encuentran, es de día un camino de cierto tránsito entre ambos poblados. De pronto aparece en el lugar un comerciante español llamado Juan González Durán, quien descubre la dolorosa escena y presuroso lleva la notica a Chucatamani.

El sol de la tarde del 29 de agosto de 1925, fue el único mudo testigo al que nunca se le podría arrancar la verdad de lo sucedido en ese caluroso lugar.

Jamás se pudo encontrar al asesino, pues al día siguiente el destacamento abandonó para siempre esos estériles parajes. No obstante, en el sumario que se levantó al efecto, quedó estampado el nombre del peruano Julio Gil, como el autor de los dos disparos que dieron muerte al carabinero Aguayo. El hecho de vivir en el sector peruano impidió que fuera detenido y juzgado por este alevoso crimen.

Foto: Lápida del Carabinero Aguayo Paillalef en el cementerio de Tacna, noviembre de 1927. Revista de Carabineros de Chile, Nro. 5 Diciembre de 1927.

Los restos de Aguayo fueron sepultados junto a otros tres carabineros caídos en condiciones similares en el cementerio de Tacna, pero años más tarde fueron trasladados al cementerio de Arica, donde descansan hasta la fecha. SIEMPRE VIVEN LOS QUE POR LA PATRIA MUEREN”, reza su epitafio y hoy como ayer, luego de haber transcurrido más de noventa años, este hecho permanece latente en el recuerdo de generaciones de carabineros que de norte a sur, al paso de rápidas cabalgaduras, cada día emulan el último patrullaje de Aguayo y su fiel caballo “Metal”.

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27 años más tarde Metal sigue a su jinete a la eternidad

Veintisiete años más tarde, un día 7 de agosto de 1952 “Metal”, ya transformado en “Abismo” N° 620 por esas cosas reglamentarias de Carabineros, pasa a la inmortalidad. Cuarenta años contaba el noble animal. Jubilado y con doble ración pasaba sus últimos días en la 7ª Comisaría “Antofagasta” de Aduana. Su pérdida sentida y voceada por la prensa nortina, estremece los corazones llenos de patriotismo de quienes conocieron su historia y alguna vez tuvieron la dicha de verlo en los patios de la Unidad, donde era atendido preferentemente.

Bajo este monolito en la Escuela de Formación Policial de Carabineros en Antofagasta, fueron trasladados los restos de Abismo. “Eternidad y Gloria a los que en aras de la lealtad mueren”.Fotografía gentileza Sgto. 2º Herminio Mardones Robles.

El teniente Emilio Maldonado Ferrada, dijo en parte de su discurso de despedida:

El caballo Abismo no ha traspasado las fronteras de la fama, cubierto de gloria como Rocinante, ni ha sido el espanto de los moros en las dilatadas estepas castellanas, llevando sobre sus lomos al Cid Campeador, como Babieca; ni ha contribuido a la expansión helénica en el Asia, cargando con Alejandro Magno, como Bucéfalo. No, ABISMO no gustó de las pesebreras regias ni fue amigo de las gualdrapas y entorchados.

Su historia es más sencilla, pero grandiosa por su contenido. Su historia es modesta, pero es el compendio del poema épico más sublime que la raza equina ha aportado al enriquecimiento del historial glorioso de nuestra Institución.

Han pasado más de 27 años, al fin de los cuales se hace sentir la voz del amo. Terminó su descanso sobre la faz de la tierra y de nuevo se juntan, ahora en el más allá, para seguir patrullando los espacios, en demanda de la consumación de su objetivo; el carabinero MANUEL AGUAYO PAILLALEF y el caballo ABISMO, 40 años de edad, filiación N° 620; símbolo acabado de la misión de Carabineros de Chile, que erguidos gallardamente sobre su cabalgadura salen al encuentro de su magnífico destino, siguiendo su lema inmortal.

Formulaste tu plegaria y aprendiste a ser sumiso, y cuando tu edad te encontró débil e inválido, se te prodigaron los mejores cuidados…

Sin embargo, cuán poco es lo que hizo por ti el hombre, comparado con la  inmensa enseñanza que dejaste: LA LEALTAD. A la vera del camino predicaste con el ejemplo. De tu esencia animal hiciste brotar un ejemplo para la Humanidad y al traspasar los umbrales de la muerte te conviertes en filósofo.

Caballo ABISMO: una Institución se inspira en tu ejemplo. Sobre tu tumba leo: “SIEMPRE VIVEN LOS QUE POR LA PATRIA MUEREN

El agudo toque de un clarín dio el último adiós y una salva selló para siempre el recuerdo del nombre de este animal que escribiera una de las más bellas páginas de la Historia de Carabineros de Chile.

Mapa que muestra la ruta que debió seguir el carabinero Aguayo Paillalef a Chucatamani antes de ser abatido. (alejar para orientarse mejor)

BIBLIOGRAFÍA:

  • De Tacna. Actividades Plebiscitarias, artículo por El Corresponsal en revista Orden y Patria de 15.10.25, págs. 3 a 9
  • Homenaje Póstumo, Artículo del Mayor Cmdte. del Regimiento 8 Domingo Alfaro R. en Revista Orden y Patria; 15.12.25. Pág. 4.
  • “METAL”, símbolo de fidelidad, artículo de J. González A., en Gaceta de Carabineros  junio de 1944, pág. 40
  • Narración Histórica Institucional del caballo fiscal “Abismo”, artículo del Escribiente 3° Armando Ahumada Bugueño, en Revista de Carabineros N° 31 de julio-agosto de 1951 Págs. 56 y 57.
  • Tarata dos Héroes: Carabinero Aguayo, Caballo Abismo, artículo del Tte. Coronel (r) Gavino Cavieres Vega en revista de Carabineros N° 37, julio-agosto 1952.
  •  El Héroe Desaparecido, artículo del Teniente Guido González Inostroza, Revista de Carabineros N° 38, septiembre octubre de 1952 Págs. 16 y 53.
  • ABISMO, artículo del Suboficial Mayor Víctor Piñones Piñones, en Revista de Carabineros N° 185 septiembre de 1970, págs. 48 y 49. 
  • El episodio de Tarata, artículo Revista, en revista de Carabineros N°278, junio 1978, pág. 41.
  • La Última Misión, artículo por el sargento 2° Héctor Alarcón Carrasco, en Revista de Carabineros, enero-febrero 1988,  Pág. 45.