Demuelen la Estación de Ferrocarriles de Curacautín

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Iniciativa Municipal de construir un nuevo terminal de buses avanzó, pese a los reclamos de los vecinos, y acabó con la demolición de la Estación de Ferrocarriles de Curacautín. Es una importante agresión al patrimonio ferroviario de la Araucanía.

Historia de la Estación de Ferrocarriles de Curacautín

La primera estación de ferrocarriles de Curacautín se construyó en 1913, como punta de rieles del entonces ramal “Púa a Curacautín”, quedando a la espera de la construcción de la vía a Lonquimay. Dicha obra todavía no estaba proyectada y no se tenía conocimiento por donde se pasaría la cordillera de Las Raíces, obstáculo natural que recién en 1929 tendría la decisión gubernativa de atravesarla mediante un túnel, cuyas especificaciones técnicas fueron proyectadas por el ingeniero Emiliano Jiménez, en base a una ruta seleccionada por el ingeniero Teodoro Schmidt Quezada del Departamento de Ferrocarriles de la Dirección de Obras Públicas.       

La construcción de la segunda sección del ferrocarril entre Selva Oscura y Curacautín fue adjudicada a la empresa dirigida por el ingeniero Ignacio Vivanco, obras que el 13 de septiembre de 1912 permitían iniciar la llamada explotación provisoria de la red entre Púa y Curacautín.
Para tener una imagen más precisa, entregamos la visión del corresponsal del periódico “Las Noticias” de Victoria, quien en julio de 1913, se refería a la recién inaugurada estación del poblado de Curacautín:

Uno de los edificios públicos más hermosos con que cuenta nuestro pueblo es la estación de ferrocarril.
Es algo imponente lo que se presenta a la vista del viajero al entrar en tren en la Estación: un pintoresco edificio, estilo chalet, de dos pisos y coronado en uno de sus costados, con una linda torrecita, desde la que se domina en el horizonte el soberbio cuadro en el que la pródiga naturaleza se contempla en toda su grandiosa hermosura; actualmente las gradas, pisos y demás obras complementarias están por terminarse con lo que quedará lista para el servicio.
Es una lástima que las salas de espera y bodega de equipajes hayan quedado muy demasiado estrechas para el movimiento que creo le esperan cuando estén en completo desarrollo las industrias y comercio de esta extensa e importante región.
El recinto de la estación tendrá unas cinco cuadras de largo por una de ancho y está totalmente cubierto de maderas, se calcula que habrá unos dos millones de pulgadas más o menos de las cuales saldrán unas 40 o 50.000 al mes.

Primera Estación de ferrocarriles de Curacautín

En su patio de maniobras tuvo lugar el año 1948 una singular ceremonia, que fue conocida como “El primer clavo del tren transandino”, a la que concurrió el Ministro de Obras Públicas Ernesto Merino Segura y otras autoridades de Gobierno, oportunidad en que se colocó el primer riel de lo que sería la prolongación hasta Lonquimay y por qué no decirlo, la futura continuación hasta la frontera.    

Esta estación prestó servicios hasta fines de la década del 40, oportunidad en que un incendio le ocasionó una serie de daños, los que se acentuaron con el tiempo por la falta de una buena mantención.

En sesión edilicia del sábado 29 de enero de 1951, el Alcalde de Curacautín dio a conocer un proyecto presentado por el ingeniero Ángel Zanghellini del Departamento de Ferrocarriles de la Dirección de Obras Públicas, en el que manifestaba la necesidad de propiciar la construcción de una nueva estación de ferrocarriles. Apoyando la iniciativa el Dr. Polidoro Celedón hizo diversas consideraciones demostrando la posibilidad que existía de ir a la construcción de este edificio. Finalmente se acordó que la municipalidad colocaría la suma de cincuenta mil pesos, con los que se encabezaría una suscripción para formalizar el proyecto, para cuyos efectos se contaría con los aportes de la Dirección General de Obras Públicas, de Ferrocarriles y de particulares.  

El 11 de septiembre de 1958 el Austral de Temuco anunciaba en sus páginas interiores que se habían abierto las propuestas para construir la nueva estación de Curacautín, para cuyos efectos el fisco había destinado la cantidad de 200 millones de pesos.

El miércoles 7 de octubre  de 1958 se hizo entrega de los terrenos en que se realizaría la construcción de la estación el arquitecto Ernesto Salas Parker, quien había obtenido la propuesta por un total de $ 26.500.000.

De acuerdo a los planos, el edificio presentaba modernas líneas arquitectónicas, sería enchapado en piedra, con techumbre de tejuelas de alerce, de piso y medio y con espacio disponible en la buhardilla para futuras construcciones.

En los detalles se especificaba que sería construida al oeste de la antigua edificación y tendría 42 metros de largo por 10 de ancho. El piso sería similar al de la estación de Manzanar, contaría con todas las dependencias necesarias para una estación de esta naturaleza: salas de espera de 1ª y 2ª clase, con chimeneas para su calefacción, oficinas para el jefe de estación y de movilización nocturna. Bodegas de equipaje y un amplio andén cubierto.

Además se contemplaban servicios sanitarios para público y personal, como también diversas dependencias para la mejor atención a los pasajeros y expedición del personal ferroviario.

Detalles de la Construcción de la Estación de Ferrocarriles de Curacautín

La empresa constructora informó que los trabajos estarían a cargo del jefe de obra Huelén Quintana.

Los planos fueron ejecutados por el ingeniero proyectista Benjamín Palma, del servicio de Arquitectura de los Ferrocarriles del Estado, del departamento de Vías y Obras.

A cargo de la inspección técnica ferrocarriles nombró a los arquitectos Enrique Uribe y Carlos Hidalgo.

Las obras debía iniciarse ese mismo mes, luego de firmarse la documentación notarial respectiva. En la construcción se ocuparían alrededor de 45 obreros y gran parte de material sería adquirido en la zona como ripio, piedras, además del terciado y el “Mosso panel” que producía a poca distancia la firma Mosso.

En el acto de entrega de los terrenos se encontraban presentes todos los jefes de la firma constructora y el alcalde de la comuna Gabriel Fresard.

No obstante, al parecer los dineros no llegaron y la estación sólo vino a terminarse a fines de los años cincuenta, siendo inaugurada a mediados de 1961.

Luego de haber prestado servicios a la comunidad, con su inconfundible aspecto de estación ferrocarrilera de montaña, el año 2002, la Empresa de los Ferrocarriles del Estado –EFE- entregó en administración y custodia a la Municipalidad de Curacautín la estación de ferrocarriles de la ciudad, que fue destinada a terminal ferroviario.

Hasta hace poco, a pesar de su falta de mantenimiento, la estación prestaba los servicios básicos para este tipo de movilización, los que se vieron abruptamente interrumpidos por el cierre total del perímetro y ante la estupefacción de sus habitantes se cambió momentáneamente el terminal.

Así, la picota del progreso dio en tierra con el edificio que era parte de la trilogía ferroviaria patrimonial de la comuna, integrada además por las estaciones de Manzanar –Monumento Nacional- y Malalcahuello, convertida en Biblioteca, destino que muy bien pudo haber tenido esta edificación que ya cumplía sus sesenta años en la retina de sus habitantes.

Ni el cambio directo a la línea 1, ni la semáfora extendida fueron capaces de frenar el avance de la destrucción de un edificio que no estaba en ruinas, que soportaba  una buena refacción y que todavía bien mantenido tenía muchos años por delante.

En el sector hay mucho terreno desocupado, necesario para albergar unos dos terminales de buses, pero se necesitaba destruir un bien patrimonial, sin mayores fundamentos, para hacer esta verdadera agresión al patrimonio ferroviario regional.

Tampoco se ha respetado la iniciativa expresada por el municipio sobre la antigua edificación como dice en su página web:      

La idea de esta iniciativa se concentra en rescatar la memoria histórica de la estación de trenes conservando la estructura de mampostería (la estructura en roca) y construyendo sobre ella el nuevo programa arquitectónico”.

Como es natural, las reacciones no se han hecho esperar y como sabemos la Fundación Brotes que dirige el conocido vecino de Malalcahuello Max Monreal, que está empeñada en una activa campaña pro regreso del viejo ferrocarril transandino, nos ha expresado su malestar sobre esta situación por las relevancias de todo tipo que representa esta negativa medida:.      

Bueno, nosotros lo denunciamos en los medios y a las autoridades y, ya vemos el resultado. Así es como ha quedado lo que hasta hace unos días fue por décadas la Estación Patrimonial de tren Curacautín.

¿Y cuáles son sus sentimientos?

Es un momento triste que refleja la desidia e indolencia de quienes ostentan el poder, pero que, de una manera tozuda y con una clara miopía respecto de la visión de territorio… pregonan discursillos pobres y populistas que no hacen más que alimentar el apetito voraz de unos pocos que, en nombre del malentendido “progreso” quieren a toda costa borrar la historia y, con ella la identidad de un maravilloso y rico territorio en cultura, costumbres y medio ambiente.

¿Y de quienes son las responsabilidades?

Algunos que desde la oscuridad apoyaron esta aberración y vana muestra de poder. Aquellos que se han llenado la boca hablando de Patrimonio, Cultura y Turismo.
Los mismos que nos atacaron a mansalva cuando denunciamos las intenciones de un municipio absorto en una nube que no les permite ver la realidad y necesidades de una comuna que renace de la mano del Turismo.

El mismo que ni siquiera ha apoyado el proyecto del ramal Púa Lonquimay. Solo la historia se encargará de poner en contexto esta flagrante atrocidad.

Evidentemente, no sólo hay sentimientos de pesar por lo sucedido, pero ya no hay nada que hacer al respecto. Sólo resta esperar que efectivamente se considere dejar los restos de las paredes de piedra y que no se obstruya el terreno de la antigua vía, con el fin de que algún día el turismo pueda tener un tren transandino y una ciclovía que invite a pedalear desde Púa a la montaña.

Video del artista visual Javier Peterson “Adiós Estación de Curacautín”