En un momento histórico donde la humanidad vuelve a mirar hacia el cielo, la misión Artemis II marca un nuevo capítulo en la exploración espacial. Después de décadas desde que el ser humano orbitó por última vez la Luna, este vuelo no solo representa un avance tecnológico, sino también el renacer de una vieja obsesión: conquistar, comprender y, de alguna forma, apropiarse simbólicamente de nuestro satélite natural.
Pero mucho antes de los sofisticados sistemas de la NASA y de las misiones modernas, hubo quienes soñaron con la Luna desde un lugar completamente distinto. Historias que mezclan imaginación, audacia y una cuota de irreverencia, como la de un hombre que, en pleno siglo XX, decidió declararse dueño de la Luna.
Este artículo nos transporta precisamente a ese cruce entre la realidad y el sueño, donde la ambición humana no conoce límites, y donde la Luna deja de ser solo un destino científico para convertirse en una idea, un símbolo… e incluso una propiedad.

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Jenaro Gajardo Vera el chileno que inscribió la Luna
Jenaro Gajardo Vera nació en Traiguén el 25 de septiembre de 1919. Hijo de Delfín Gajardo Vera y Edelmirá Vera Zúñiga, fue abogado de profesión, pero también un espíritu inquieto: poeta, pintor y violinista aficionado.
En septiembre de 1954 protagonizó uno de los episodios más insólitos de la historia chilena. Se presentó ante un escribano del Conservador de Bienes Raíces de Talca con un documento en el que declaraba ser dueño de la Luna, afirmando que le pertenecía desde antes de 1857.
El funcionario, tras escucharlo, le respondió con una lógica tan simple como sorprendente: la Luna tenía dimensiones y deslindes, pero no tenía dueño. Si publicaba un aviso durante tres días y nadie se oponía, podía adjudicársela.
Y así lo hizo.

«Jenaro Gajardo Vera, abogado, es dueño, desde antes del año 1857, uniendo su posesión a la de sus antecesores, del astro, satélite único de la Tierra, de un diámetro de 3.475,00 kilómetros, denominada LUNA, y cuyos deslindes por ser esferoidal son: Norte, Sur, Oriente y Poniente, espacio sideral. Fija su domicilio en calle 1 oriente 1270 y su estado civil es soltero. Jenaro Gajardo Vera. Carné 1.487.45-K. Ñuñoa. Talca, 25 de septiembre de 1954».
Un sueño más allá de la Tierra
Cuando le preguntaban para qué quería la Luna, su respuesta revelaba más que una ocurrencia: era una declaración de principios.
Decía que soñaba con un mundo mejor, lejos de las envidias, los odios y las guerras que veía en la Tierra. Imaginaba un espacio nuevo, habitado por personas capaces de amar y construir una sociedad más justa.
Para él, todo había nacido como un sueño infantil que nunca abandonó.
Incluso relataba con humor que funcionarios del Servicio de Impuestos Internos lo visitaron por no declarar su “propiedad”. Su respuesta fue tan irónica como memorable: si querían cobrar impuestos, que viajaran hasta la Luna, la midieran, la tasaran y luego volvieran con la cuenta. Incluso se ofrecía a acompañarlos.
Cuando la NASA necesitó permiso chileno
Uno de los episodios más curiosos de su historia ocurrió durante la carrera espacial. Según relataba, el entonces presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, le solicitó autorización para que los astronautas Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins pudieran alunizar.
Jenaro Gajardo concedió el permiso, aunque más tarde reclamó, con su característico humor, que nunca más le pidieron autorización, ni estadounidenses ni soviéticos, por lo que aseguraba haber iniciado acciones legales contra todos por invadir su propiedad.
El final de una historia única
Jenaro Gajardo Vera falleció el 29 de junio de 1998 en Santiago, en el Hospital Barros Luco Trudeau, a causa de un paro cardiorrespiratorio.
Su historia, a medio camino entre la genialidad, la poesía y el humor, lo convirtió en una figura inolvidable: el hombre que, con una mezcla de ingenio y sueño, logró algo que nadie más ha hecho… convertirse en dueño de la Luna.
Jenaro Gajardo Vera: Video en Sábados Gigantes
Fuentes: “Trallenco, la Historia de Traiguén”



