Mirtha Iturra Bernales, la Voz del Rodeo

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Esta folclorista que lleva 33 años cantando, dueña de una memoria privilegiada y una voz inconfundible para interpretar tonadas y cuecas, cultivó desde su infancia el canto que refleja la vida del campo y sus tradiciones. Con más de 15 discos grabados, Mirtha reparte hoy sus actividades entre rodeos, clases y presentaciones por todo el país.

El rodeo no es solamente la collera corriendo detrás de un novillo. Como fiesta tradicional del campo chileno reúne en si una serie de manifestaciones culturales: fraternidad y estilos huasos, criadores y arregladores, briosos caballos de raza,  gastronomía y, por supuesto, la musicalización de este colorido microcosmos, la sonoridad del rodeo. Arpa, guitarra y voz acompañan a los corredores desde un rincón al otro de la medialuna y contribuyen a expresar y completar el conjunto de este mundo especial al tañido del arpa y la guitarra.

Raíces campesinas. La importancia de la tradición familiar

“Nací cantando”, es una de las primeras afirmaciones de esta cultora de la cueca y la tonada chilena. Natural de Constitución, recuerda el incentivo de sus padres y sobretodo de su abuela Filomena Pereira, quien  le enseñaba letras de tonadas cada vez que la visitaba. También recuerda a Rosa López y otras cantoras que iban a su casa a los encuentros que arreglaba su padre, se pegaba a ellas y aprendía las letras. Se encantaba con el saber y destreza de esas cantoras de campo.

En ese entonces, muy cerca de su casa en Constitución venía a ensayar todas las semanas Otilia González, la conocida “Tilita”, del villorio de Putú, mítica interprete del “Dúo Mutrún”. El sonido del arpa que salía por la ventana de la antigua casa era como un sonido mágico que le provocaba una atracción como de abeja a la miel. Salía corriendo y se quedaba pegada al borde de la ventana tardes enteras asistiendo a los ensayos, mientras memorizaba letras y melodías. Así pasaron tres años hasta que la “Tilita” reparó en su figura, viendo a alguien que ya superaba la curiosidad.

–“Te gusta la música?”, preguntó la “Tilita”.

–“Por supuesto”, respondió Mirtha.

Le dieron una guitarra y comenzó a cantar las mismas canciones que escuchaba en esos ensayos. Sorprendida, “Tilita” comenzó a visitarla cada vez que venía por la ciudad y a enseñarle el amor por la tonada campesina.

Y así comenzaron varios años de aprendizaje, todos ellos en la práctica, en el amor al campo, sus tradiciones y a sus vivencias de infancia.

Ya en Santiago mientras estudiaba, un día sintonizó en Radio Panamericana las “Mañanitas Campesinas”, programa de la recordada folclorista Ofelia Ruiz Pérez. En él solicitaban una 2ª voz para cantar en un conjunto profesional de rodeo. De inmediato afloraron los recuerdos de su infancia acompañando a su padre a las fiestas chilenas del rodeo, las trillas y las carreras a la chilena. No sabía muy bien de qué se trataba pero ese sería el comienzo de su carrera profesional que ya se extiende por 33 años.

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Integró por 18 años el conjunto “Tierra Chilena”, que junto al Bafona ha sido uno de los más grandes que ha tenido el folclor nacional.

El Rodeo

Cantar en el rodeo es duro. Normalmente son tres días (viernes, sábado y domingo) que comienzan a las 8.30 de la mañana con un intervalo al almuerzo y sigue hasta las 8 o 9 de la noche. En total unas 12 horas. “Ahí se ve quienes están preparados, quienes han trabajado su voz”, nos cuenta Mirtha.

Durante la corrida, los huasos le piden sus canciones favoritas, que ella ya conoce, y sabe el momento en que deben comenzar: “Los aperos de mi taita”, “Mi potrillito regalón”, “Hijo de yegua Tordilla” son los más pedidos. Algunos dicen que les trae suerte, pero ella es más precavida porque sabe que la Providencia escribe recto con letras chuecas, pues a muchos ha tenido que acompañarlos durante sus funerales con alguna canción, especialmente “El Novillo del Silencio”.

El rodeo es la única fiesta huasa en que hoy se canta exclusivamente música chilena. Hermosas tonadas acompañadas por arpa y guitarra van pasando una a una durante la jornada. El acordeón, tan común en los ambientes rurales, está relegada por considerarse “poco tradicional”. Dependiendo de la duración del rodeo, Mirtha y Alma de Chile pueden cantar unas 200 o trescientas canciones, porque no puede repetir, “uno piensa que nadie se fija, pero los huasos se dan cuenta si repites alguna y te lo hacen saber” dice.

El Novillo Del Silencio

Al comienzo de la Serie de Campeones, normalmente durante la tarde del domingo, en todos los rodeos del país, se recuerda corriendo a los que se han ido. Cada espectador presente recuerda a los familiares que los han dejado, en un silencio profundo, que permite reflexionar y hace que broten la emociones mas guardadas y escondidas. La medialuna llena, los capataces y una collera de huasos cercanos a los recordados formando un semicírculo, conforman un cuadro maravilloso que es muy difícil de olvidar y que los lleva a los trascendentales del hombre.

Una collera encamina al novillo, de preferencia negro, sin gritos, en el más profundo silencio. Hasta hace algunos años atrás una trompeta o algunas notas de arpa lo acompañaban, hoy se prefiere la interpretación de “El Novillo Del Silencio”, que Mirtha popularizó.

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Cuenta que un día conversaba con su amiga y compositora, Alicia Valdés, para nada cercana al mundo huaso, pero artista con la percepción de situaciones que van más allá de lo común. Y le narraba esta pequeña ceremonia en recuerdo de los que no estaban presentes. A la semana ella vuelve con la composición que empezaba con la siguiente estrofa:

La medialuna en silencio
que va correr un campeón
o el arreo lleva prisa
por jinete un corazón
corazón que ahora late
mas allá de las estrellas
por que entrego en cien rodeo
su valer en las arenas

Las puertas se abren al paso
del novillo del silencio
los HUASOS emocionados
se inclinan con gran respeto

Escuche “El Novillo del Silencio

 

“Al leerla me estremecí, pues ella reflejó en una tonada el sentir del huaso corralero por sus amigos que se fueron”, dice Mirtha. “La mandamos a la preselección del Festival del Huaso de Olmué –agrega– pues era una tonada potente”. Pero como todos sabemos, ese jurado, de tonadas no sabe mucho y no pasó a la competencia. Así que decidió grabarla en un cassete y de rodeo en rodeo se fue popularizando, y así pasó a ser el himno del huaso corralero.

Una popularidad que le ha traído muchas penas porque varios corraleros han pedido a sus familiares que le toquen esa tonada en su entierro. Y Mirtha ha tenido que tomar su guitarra y partir a despedir a muchos amigos y conocidos.

Pero no todo es tristeza, también grandes alegrías acompañan su oficio. Es común que la inviten a cantar en matrimonios y bautizos de los mismos chicos que veia correr en las medialunas. Sus letras y acordes también acompañan al huaso en los momentos fundamentales de su vida como los matrimonios –cantando la Misa a la Chilena de  Vicente Bianchi– y el bautizo de sus hijos. También fue invitada a los primeros rodeos chilenos que se realizaron en Argentina y Brasil.

Con su experiencia, de los años y conocimiento de la música chilena, ve que hay una nueva generación de cantoras de rodeo que vienen con fuerza: “Las Morenas” en Traiguén, “Los Chileneros”, Carmen Valdés, Fernanda Martínez, Fátima Carreño, Ofelia Gana, y tantas otras a lo largo de país. Quizá esto le da la tranquilidad de que el oficio continúe y ella pueda dedicarse a tareas no tan sacrificadas como ir a cantar al rodeo. Quiere aplicarse a la enseñanza, como lo hace con los grupos folclóricos de un banco y un Hospital. Y lo que es más importante transmitir a las nuevas generaciones el amor por nuestra tierra, sus cantos y sus tradiciones.