1919: Inicios del Automovilismo en La Araucanía. La Carrera “Traiguén – Victoria – María Ester”

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Corría el año 1919. Era Chile un país con pocos caminos, pues todos los esfuerzos de comunicar al país de norte a sur y de cordillera a mar estaban centrados en la expansión del ferrocarril, que ya llegaba a Puerto Montt, pero se seguían construyendo ramales que saliendo desde la línea central se empeñaban en lograr unir los pueblos entre cordillera y mar.

Esta situación, si bien es cierto daba auge a pueblos y ciudades, especialmente en nuestra región, en la capital del país se originaban protestas por lo oneroso que resultaban las nuevas lineas férreas, en comparación al nuevo medio de movilización que ya desde los primeros años del siglo se hacía fuerte con la importación de automóviles y camiones, que en ese tiempo no pasaban de una o dos toneladas de carga.

A pesar de que los gobiernos no se hacían cargo de estas protestas, éstas comenzaban sí a hacerse sentir en el seno de los ferrocarriles y ya en esa fecha se hacían publicaciones en las que flotaba una pregunta “¿caminos o ferrocarriles?”, expresada por ingenieros que analizaban el envío de carga menuda, señalando que el camión podía hacer un flete puerta a puerta, en cambio el ferrocarril quedaba anclado en las estaciones, donde los usuarios debían recoger sus cargas con un costo siempre superior.

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El Cadillac de Guillermo Aguiar y su choffeur Alberto Moreno, ganadores de la prueba

Para ese año se habían dictado ya algunas disposiciones de tránsito en Santiago relativas a patentes, velocidad e incluso las primeras normativas para circular por las calles de la ciudad conservando la derecha. Era los comienzos de la ley de tránsito que rige actualmente.

Ese año Chile importaba 7.300 autos desde los EE.UU., en tanto la gigante Ford producía 1.124.000 vehículos, de su conocido modelo “T”, del que también se producían algunas variables. Con el fin de abaratar un poco los costos, que en nuestro país se encarecían por una serie de impuestos que se aplicaban, muchas veces se importaban sólo los chassis, ya que acá había talleres que confeccionaban carrocerías un poco más económicas que las originales.

Recordemos que en 1919, en la Araucanía se contabilizaban casi 200 automóviles distribuidos de la siguiente forma:

Temuco 70, Traiguén 45, Angol 27, Victoria 19, Lautaro 13, Galvarino 7, Nueva Imperial 6, Collipulli 3, Chol Chol 2, Carahue 1.

La carrera Traiguén – Victoria – María Ester

Si bien es cierto había una cantidad de autos no despreciable en la región, sus habitantes no habían tenido oportunidad de ver una carrera inter-ciudades, como la que programó  con bastante anticipación el agricultor Guillermo Bunster, propietario del fundo “María Ester”, del entonces Departamento de Traiguén.

Los ganadores de la prueba: Al centro Alberto Moreno, a la izquierda Pablo Lavanchy y Carlos Lavanchy

La prensa había anunciado que esta carrera, primero conocida como “Carrera de Victoria”, se realizaría el 23 de febrero, pero distintas situaciones demoraron su ejecución hasta el 2 de marzo, lo que le dio una mayor difusión y permitió captar una mayor cantidad de participantes.

La partida se programó para las 07:30 horas de ese día domingo, a cuya cita se habían inscrito 15 vehículos:

AUTOMÓVILPILOTO
WarrenGuillermo Brower
DodgeAdolfo García, Besa y Cía
ChevroletPablo Lavanchy
FordLuis Tapia
FordJuan Patillo
ChevroletGastón Schuwirt
FordLeopoldo Jacques
OverlandGuillermo Bunster
FordFrancisco Zuleta
10°KingHonorio Basly
11°DodgeLeoncio Provoste
12°FordGuillermo Jiménez
13°CadillacAlberto Moreno Guillermo Aguiar
14°FordCarlos Lavanchy
15°ChandlerJuan Picasso

Como puede verse seis Ford, dos Chevrolet, dos Dodge, Un Overland, un Chandler, un Cadillac, un King y un Warren, estuvieron al momento de la largada. Eran en su mayor parte vehículos de la zona, destacando entre los forasteros un Dodge de la firma importadora Besa y Cía., que piloteaba Adolfo García.

A la hora de salida todos los corredores estaban en la Plaza de Armas de Traiguén, lugar desde el que fueron despachados con una diferencia de 15 minutos, para evitar que los vehículos pudieran tener algún encuentro desafortunado.

El mayor problema de la ruta era, sin lugar a dudas, la cuesta de Traiguén, la que a pesar de haberse reparado el camino, tenía grandes hoyos que dificultaban la ascensión.

Esta situación provocó serios problemas a los corredores, quienes tuvieron que parchar neumáticos y algunas averías menores sufridas por los autos. Gran parte del camino donde había desvíos, estaba vigilada por policías y mozos del fundo, para evitar que ingresaran otros vehículos a la ruta mientras se desarrollaba la carrera. Un numeroso público se aglomeró en las calles de Traiguén, Victoria y a través de todo el recorrido.

El circuito comprendía un trayecto de 59 kilómetros, con salida desde la plaza de Traiguén, continuando en línea recta hasta el hospital de Victoria y desde ahí regresaba hasta el bosque de pinos del fundo María Ester, en el que una gran bandera chilena señalaba la meta. En Victoria había control de pasada y las comisiones de control actuaban en los puestos terminales. Como juez de partida actuó Roberto Duclos y como jueces de llegada Manuel Galilea y Constancio Blanco.

Las condiciones de la prueba eran sencillas. Había una sola categoría para vehículos de cualquier potencia; quedaba a opción del conductor sacar los tapabarros, parabrisas y capota, premiándose los tres primeros lugares, siendo el primero de ellos la copa “María Ester”.

Con la llegada de 9 participantes, se dio por terminada la carrera, procediendo a sacar los cómputos de tiempo y proclamándose vencedores a los siguientes:

Primer Premio copa “María Ester”: Auto Cadillac, de don Guillermo Aguiar, quien viajó como copiloto y conductor Alberto Moreno, tiempo 59 minutos.

Segundo Premio un juego de neumáticos: Auto Chevrolet, propietario y conductor Pablo Lavanchy, tiempo 1 hora y 7 segundos.

Tercer Premio un reloj pulsera y un par de anteojos: Auto Ford, propietario y conductor Carlos Lavanchy (hijo), tiempo 1 hora 2 minutos y 12 segundos.

Otros seis pilotos llegaron a la meta, el último con un tiempo de 2 horas y 23 minutos, en tanto 7 autos no llegaron, por haber sufrido diferentes averías, entre ellos el Overland de Guillermo Bunster, organizador de la carrera.

El ganador hizo un tiempo promedio de 60 kilómetros por hora, considerado bastante aceptable para la época, por la calidad del camino y los autos, que sólo eran máquinas de turismo, sin ninguna preparación para este tipo de carreras.  

Una vez terminada la entrega de premios, el señor Bunster invitó a los presentes a un almuerzo campestre que se realizó en el mismo fundo con alrededor de 400 comensales y que se prolongó hasta bien entrada la tarde.

Del informe que Guillermo Aguiar remitió a la importadora de su auto extractamos algunos puntos importantes, para saber cómo se practicaba el automovilismo en esa primitiva época de este deporte:

“El Cadillac iba manejado por mi chauffeur Alberto Moreno y me llevaba como pasajero. Este tiempo de 59 minutos que representa 60 kilómetros por hora es malo para un Cadillac, incluso en los caminos de La Frontera, pero la explicación es sencilla. La cuesta de Traiguén tenía grandes hoyos y en uno de ellos se aflojó un tornillo de los frenos, de manera que cuando principiamos a correr en el alto, el freno de la rueda izquierda apretaba tanto, que llegó a producir una llama. Tuvimos que parar para soltar los frenos y como no había tiempo para graduarlos, los soltamos completamente, corriendo con sólo el freno de mano. Esta paradilla nos costó, reloj en mano 2 minutos 20 segundos, lo que agregado al tiempo de parar y hacer partir el auto y volver a lanzar, nos costó 3 minutos.

Llegamos al control de Victoria, sin embargo con el tiempo, 33 minutos para 35 kilómetros, o sea descontando la parada en 30 minutos. Desgraciadamente a la vuelta se reventó un neumático de la rueda trasera derecha, con tan mala suerte, que el coche se detuvo en un arenal, donde se enterró la rueda, de manera que la gata no cabía entre el eje y el suelo. Tratamos de cavar el suelo para dar espacio a la gata, pero la arena no se dejaba solidificar. Tuvimos que levantar el coche por el resorte, poner debajo una chaqueta, aflojar la gata y volver a ponerla debajo del eje, lo que nos costó, reloj en mano 8 minutos 30 segundos, y con el tiempo de sujetar y volver a correr, 9 minutos 30 segundos, o sea en todo 12 minutos 30 segundos de atraso en un recorrido tan corto… Entramos al potrero del gallo, a más o menos 8 y medio kilómetros de la meta con 54 kilómetros de recorrido. Este resto lo hicimos en 5 minutos, o sea a razón de 102 kilómetros, lo que en un terreno algo desparejo sometió el coche a unos brincos fuertes, que resistió maravillosamente, sin que sufriera en lo más mínimo ni el motor ni los resortes, ni la carrocería. El coche iba con los amortiguadores Hartford en las ruedas traseras y de goma sencilla en las delanteras, tal como lo venden ustedes. Si hubiese tenido los cuatro amortiguadores hubiésemos podido desarrollar más rapidez”.

Esos eran parte de los inicios del automovilismo en la vieja Frontera, donde poco a poco se fue implantando la ley de los motores de combustión interna. Por ese mismo año llegaban también a las casas distribuidoras los primeros tractores “Fordson”, que más tarde junto a otras marcas vendrían a revolucionar la agricultura nacional.

Fuente: Revista Auto y Aero, 15 marzo 1919./ Archivo del autor