Viñedos chilenos buscan ser Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO

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Chile es el cuarto principal exportador de vinos, detrás de Francia, España e Italia, por eso el historiador Pablo Lacoste busca poner valor a la dimensión patrimonial de los viñedos de nuestro país y que se conviertan en Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

Antigua Viña chilena del valle de Almahue

“Hasta ahora, Chile no ha podido desarrollar la dimensión simbólica, cultural y patrimonial de sus vinos. Este ha sido el lado débil que ha sufrido la industria vitivinícola chilena”, expuso el académico de la Universidad de Santiago.

Comparó que, a diferencia de lo que ocurre con los países del llamado “nuevo mundo vitivinícola”, donde la tradición vitivinícola es muy reciente (Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, Argentina), “en Chile, es muy antigua”.

Son 500 años de tradición que tiene”, pero sostuvo el autor del libro “La vid y el vino en el Cono Sur de América”, “todavía no ha podido poner en valor y realizar desde el punto de vista patrimonial y simbólico”. La primera mención escrita de la palabra “vino” en territorio chileno es la de una carta escrita por Pedro de Valdivia al rey Carlos V, y fechada el 4 de septiembre de 1545, en la que solicita “vides y vinos para evangelizar Chile”, puesto que el traído por su expedición se había agotado; producto de esta petición, llegaron posteriormente cargamentos de vino desde Perú.

El estudio sobre las viñas patrimoniales en Chile, recientemente publicado en la revista científica italiana “Opificio della Storia”, detectó 15 mil hectáreas, al interior sur del Río Mataquito (Curicó) hasta el Bío Bío. Puede leer el estudio en este link: http://www.serena.unina.it/index.php/os/article/view/8252/9010

En esta zona central de Chile se mantuvieron los métodos tradicionales de cultivo de comienzos de la colonia española con desarrollo de métodos propios de sistema de riegos y de vinos con uva tradicional del país que lograron mantenerse vivas.

“A pesar del discurso de la industria que recomendaba arrancar las cepas tradicionales y plantar la cepa francesa, los campesinos fueron fieles a su identidad, a su legado cultural, y mantuvieron estas viñas, y estas son las viñas que tienen ahora un enorme valor patrimonial. Desde ahí surge esta idea, de la importancia del patrimonio vitivinícola”, explicó el investigador.

También director de la Revista Iberoamericana de Viticultura, Agroindustria y Ruralidad (RIVAR), abundó que hay que “tratar de crear conciencia y lograr el apoyo de la cancillería y la presidencia de la República para hacer la postulación formal ante la Unesco de estos viñedos como Patrimonio de la Humanidad”.

Con el objetivo de lograr este reconocimiento, el historiador indicó que este paso lograría subir de categoría a la industria, incorporarse a un mapa mundial en una corriente internacional de turismo que va a conocer los viñedos patrimoniales lo que podría ser rentable para las regiones del Maule, Ñuble y del Bío Bío y un impacto social y económico relevante para el país.

“Si logramos que estos viñedos campesinos se conviertan en Patrimonio de la Humanidad, vamos a tener múltiples beneficios sociales y económicos porque esas zonas son de fácil acceso, y los campesinos podrán poner en marcha un montón de pymes turísticas”, detalló.

Además, llamó la atención, “vamos a frenar el avance de la frontera forestal, que es la que está avanzando en esos territorios, que arrancan viñas patrimoniales de 500 años para plantar eucaliptos y pinos porque resultan más rentables”.

Catalogada como la principal industria emblemática y la principal exportación industrial, Chile exporta más de dos mil millones de dólares en vino, lo que convierte a este territorio en la cuarta potencia del mundo como exportadora.

De acuerdo a Lacoste, ante la falta de identidad patrimonial, el vino chileno tendría un precio de venta “muy bajito”, siendo percibido en el mercado como un vino sin mucho valor simbólico.

Esta es un área importante para tener «mayor rentabilidad para los viticultores, para la gente del campo, toda la industria y la cadena de valor que podría fortalecerse gracias al desarrollo de esta dimensión».

En el estudio también formaron parte el historiador Gonzalo Rojas, y el director de la Escuela de Agronomía de la Universidad Mayor, Philippo Pszczolkowski.