sábado 19 septiembre 2026

Los equipos de segundo nivel buscan nuevas vías para sobrevivir en los esports

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El segundo nivel de los esports ya no puede sostenerse únicamente con la idea de formar jugadores y esperar un ascenso. Los equipos que compiten fuera de las principales ligas deben financiar salarios, viajes, entrenadores y preparación durante meses, aunque su audiencia sea menor y los patrocinadores tiendan a concentrarse en las marcas más visibles. Esa presión está obligando a revisar el modelo. En lugar de depender de un único torneo decisivo, cada vez resulta más importante combinar desarrollo de talento, premios, acuerdos comerciales, contenido propio y apoyo procedente del propio ecosistema competitivo.

Competir mucho ya no garantiza estabilidad

La presión se entiende mejor cuando aparecen cifras concretas. CYBERSHOKE publicó un balance correspondiente a aproximadamente dos años y medio con 942.675 dólares en gastos y 620.110 dólares en ingresos, lo que dejó un déficit de 322.565 dólares. Solo los salarios y las compensaciones alcanzaron 504.411 dólares, a los que se sumaron fichajes, alojamiento, bootcamps, viajes y costes legales. El caso no representa a todos los equipos, pero demuestra por qué una organización activa puede seguir perdiendo dinero incluso cuando compite con regularidad y cuenta con varias fuentes de ingresos.

Por eso, la supervivencia ya no depende únicamente de alcanzar una división superior. Los aficionados siguen resultados, plantillas, retransmisiones y contenido relacionado a través de numerosos servicios, mientras plataformas como 1bet también forman parte del entorno digital que rodea a los esports. Para una organización pequeña, esa atención adquiere valor económico cuando puede transformarse en patrocinios, contenido propio, productos o acuerdos con organizadores. Ganar continúa siendo fundamental, pero ya no basta por sí solo para financiar una plantilla durante toda la temporada.

Los circuitos empiezan a pagar por avanzar

VALORANT ofrece uno de los ejemplos más claros de este cambio. En 2026, los equipos de Challengers que se clasifican para la ruta hacia Stage 2 reciben un estipendio de 75.000 dólares destinado a facilitar viajes, visados y participación. Para 2027, Riot ha anunciado un sistema más abierto basado en torneos y clasificatorios, acompañado de pagos fijos para equipos no asociados que alcancen determinadas fases. Un equipo abierto podrá recibir 100.000 dólares por clasificarse para un Kickoff o una Cup, 200.000 por llegar a Masters y 400.000 por alcanzar Champions. El modelo vincula directamente el progreso competitivo con apoyo económico.

Abrir el camino al primer nivel también reduce el riesgo

Counter-Strike también avanza hacia un circuito en el que competir puede generar ingresos sin pertenecer a una estructura completamente cerrada. ESL FACEIT Group anunció una contribución superior a 22 millones de dólares para equipos y jugadores durante 2025 y 2026, mientras BLAST modificó sus pagos para relacionarlos con la fase alcanzada. En los eventos Open de 2026, las cantidades previstas van de 15.000 a 100.000 dólares según la posición final. Para un equipo de segundo nivel esto no garantiza rentabilidad, pero convierte cada clasificación importante en una fuente de ingresos más clara y previsible.

El talento debe convertirse en un activo

La otra parte del modelo consiste en tratar el desarrollo de jugadores como una inversión que puede generar valor. Una organización pequeña puede detectar talento antes que un club de primer nivel, darle experiencia competitiva y aumentar su valor de mercado, pero ese trabajo solo resulta sostenible si los contratos protegen una parte de la inversión realizada. Cuando un jugador puede marcharse justo después de desarrollarse sin una compensación adecuada, el equipo asume casi todo el coste y recibe poco a cambio. Por eso los traspasos, las cláusulas de salida y la duración de los contratos forman parte cada vez más del cálculo financiero.

La búsqueda de estabilidad obliga a combinar varias fuentes de ingresos en lugar de confiar en una sola. Un patrocinador puede retirarse, una plantilla puede fallar una clasificación o un jugador clave puede aceptar una oferta superior. Depender de una única vía deja demasiado expuesto al proyecto. Las organizaciones que quieran mantenerse necesitan equilibrar los ingresos competitivos y comerciales, además de conservar una comunidad activa durante los periodos sin torneos. En la práctica, las principales vías suelen concentrarse en cuatro áreas:

  • pagos por participación y resultados en torneos
  • patrocinios con contratos de varios meses
  • contenido, merchandising y productos digitales
  • formación y traspaso de jugadores con mayor valor

Los pagos de los torneos generan ingresos ligados directamente al rendimiento, mientras que los patrocinios pueden cubrir parte de los costes durante periodos más largos. El contenido mantiene la visibilidad cuando no hay competición y el desarrollo de jugadores puede producir valor mediante ascensos o traspasos. A ello se suman el merchandising, los productos digitales y las colaboraciones con creadores. Ninguna de estas vías suele ser suficiente por separado, por lo que un equipo Tier 2 necesita una identidad reconocible y actividad constante para convertir la atención deportiva en valor comercial.

Ascender también puede convertirse en un problema financiero

El ascenso también puede elevar los costes con mayor rapidez que los ingresos. Entrar en una competición superior suele implicar contratos más exigentes, personal adicional, viajes más frecuentes, alojamiento, visados, preparación y una infraestructura profesional capaz de responder a un calendario más intenso. Parte de los nuevos ingresos puede llegar después, mientras muchos de esos gastos deben asumirse desde el principio. Por eso, conseguir una plaza en un nivel superior no resuelve automáticamente los problemas financieros: en algunos casos, obliga a la organización a aumentar su presupuesto antes de saber cuánto podrá recuperar.

El éxito ya no se mide solo por los trofeos

Esta realidad también cambia la definición de éxito. Para una organización de segundo nivel, una temporada productiva no tiene que terminar necesariamente con un título o un ascenso. También puede significar transferir un jugador con beneficio, renovar un patrocinador, alcanzar varias fases con pagos asociados o hacer crecer una comunidad propia. La clave está en conseguir que el rendimiento deportivo produzca activos que mantengan valor después del torneo. Cuando una plantilla solo genera gastos mientras compite, una eliminación temprana puede poner en riesgo todo el proyecto y obligar a reconstruirlo con menos recursos.

Un modelo más pequeño, pero más resistente

El nuevo modelo de supervivencia apunta hacia una combinación de competencia más abierta y una gestión financiera más disciplinada. Los editores están ampliando las rutas hacia grandes eventos, algunos organizadores vinculan pagos a la participación y al rendimiento, y los equipos prestan más atención a contratos, contenido y desarrollo de talento. Nada de esto elimina el riesgo, pero evita que toda la estructura dependa de una única fuente de ingresos. Si esta tendencia continúa, los equipos podrán construir temporadas en las que cada clasificación, jugador, patrocinador y segmento de audiencia aporte una parte medible al presupuesto.