Eugenia Levicoy, tejedora de la Isla de Llingua. Chiloé

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Eugenia Levicoy vive en la Isla Llingua, cerca de Achao en el archipiélago de Chiloé. Una pequeña comunidad de nos más de 400 habitantes sin servicios básicos como electricidad ni agua potable. Desde muy pequeña aprendió de su madre el tejido de fibras vegetales que crecen en la isla, como el quiscal, manila y junquillo.

Es una técnica antigua que requiere mucha paciencia y tiempo, pues una vez cortada la fibra hay que secarla, proceso que por la lluvia de la zona puede demorar varios días, luego comenzar a trenzarla para dar vida a individuales, canastos o paneras.

Su trabajo es muy prolijo, casi perfecto. Se vale de una aguja y un cuchillo solamente. Eso le ha valido un reconocimiento con el Sello Excelencia de Artesanía 2010 del Consejo de la Cultura.

Sin embargo la poca valoración del resto de la comunidad hacen peligrar la continuidad de este oficio en su isla. “De 10 mujeres que tejían ahora trabajan 4”, nos comenta.

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