Armada Interesada en Reapertura de Museo con Restos de Primera Esmeralda

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Hace más de 180 años que los restos de la fragata Esmeralda yacen sepultados bajo la Plaza Sotomayor de Valparaíso. No son estos, los  de la embarcación que combatió el 21 de mayo de 1879, sino los restos de la primera de seis naves que han llevado el nombre de «Esmeralda» en la Armada chilena.

Maqueta a escala del navío que se encuentra bajo la Plaza Sotomayor en Valparaíso ©Armada.cl

Esta primera Esmeralda había sido antes un buque insignia dentro de la Armada española —botado en 1791— y su navío más importante en el Pacífico. Capturado por el almirante Lord Thomas Cochrane en el puerto de El Callao en 1820 —al mando del buque “O’Higgins”—, pasó a formar parte de la flota chilena. En 1998, a raíz de la construcción de estacionamientos subterráneos en la Plaza Sotomayor, fue descubierto por los trabajadores.

Además de su importancia naval  los viejos maderos que aparecieron en el lugar, escondían consigo otros trazos de la historia del puerto. En junio de 1825, la Esmeralda fue arrastrada por un temporal y encalló en la playa San Agustín, que en esa fecha se ubicaba a los pies del actual edificio de la Comandancia en Jefe de la Armada.

Este hecho, sumado a la necesidad de construir un muelle para la ciudad —idea planteada por Diego Portales en 1823—, llevó al gobernador José Ignacio Zenteno a ordenar que su quilla fuera arrastrada más afuera de la playa y rellenada con arena, sirviendo así de base para la naciente instalación portuaria.

En el lugar del hallazgo se construyó, a mediados del año 2000, un museo subterráneo para  conservar no sólo los restos de la proa y la quilla de este navío. Se habían econtrado también vestigios de cuatro muelles, del Hotel Inglés y de la primera Bolsa de Comercio del país. Cuando el museo se inauguró, las autoridades de la época aseguraron que el recinto se convertiría en un atractivo turístico, donde los visitantes podrían conocer los restos del primer muelle fiscal —cuando Valparaíso recién comenzaba a ganar terrenos al mar— y algunas partes de la Esmeralda.

Poco tiempo después,  sin embargo, un bus de turismo se estacionó sobre el recinto, dañando el mecanismo de la compuerta hidráulica de acceso. Desde entonces, el esfuerzo de arqueólogos, historiadores y conservadores quedó fuera del alcance del público, estando hasta hoy impedido el ingreso. El museo permanece cerrado. Para Alejandra Didier, arqueóloga que trabajó en el grupo de rescate de los restos de la fragata hace catorce años, es al menos “lamentable” que una ciudad reconocida por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, mantenga en total abandono el “museo in situ” que se habilitó en el lugar del hallazgo.

La Armada ha manifestado su interés en contribuir a reabrirlo. El vicealmirante Kenneth Pugh, comandante en jefe de la Primera Zona Naval, ha declarado que la institución considera que “es urgente e imperioso cooperar con el municipio para poder recuperar un espacio patrimonial de todos, que nos conecta con nuestra historia más profunda”.

Agrega que el museo recuerda un Valparaíso de antaño, cuando la playa llegaba a metros del edificio de la Armada y cuando el desarrollo económico del país obligó a ganar terreno al mar, donde “quedó como relleno un buque que para la Marina es importantísimo, incorporado a Chile en un acto audaz”.

Pugh afirma que la Marina tiene la capacidad de evaluación y mano de obra para colocarlos a disposición del proyecto. Asmar podría colaborar en la reparación o reemplazo del sistema hidráulico del acceso al museo, así como en la restauración de la dañada compuerta de vidrio.

Mientras, el historiador porteño Archibaldo Peralta afirma que el Liceo Matilde Brandau de Ross está dispuesto a colaborar en su atención, con alumnos de la carrera de técnicos en turismo que imparte el establecimiento.

Alejandra Didier espera que también haya preocupación por la colección de materiales recuperados, como “fragmentos de loza, vidrios, botellas, pipas y restos culturales históricos, que dan cuenta del desarrollo decimonónico del espacio”.

Fuente: El Mercurio