Sorprendente Renacer de las Tradiciones en el Chile de Hoy – I

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El Chile de que emergió de la crisis político-ideológica de los 60-70

El Chile actual -para usar un término de comparación- dista mucho del que festejaba el centenario en 1910. Llegamos al Bicentenario de nuestra Independencia, habiendo vencido,por ejemplo, el terrible mal oculto de la desnutrición infantil, que mutiló -física y síquicamente- a generaciones de chilenos, especialmente las más pobres; conquista notable en una nación aún en vías de desarrollo, cuyo alcance se ha medido poco, como condición básica para el crecimiento integral del pueblo chileno.

En el último tercio del siglo XX vivimos un auténtico proceso de liberación de energías productivas; entrampadas durante décadas en prejuicios y quimeras ideológicas igualitarias, hostiles a la persona y libertad individuales. La mayoría de los chilenos pareció comprender-lo finalmente: no existe una oposición necesaria entre interés individual y Bien Común. La acción y el estímulo del Estado favorecieron continuadamente, bajo diferentes gobiernos, la iniciativa particular; mejorando paulatinamente la infraestructura económica. Empresarios grandes, medianos y pequeños tuvieron condiciones de demostrar su capacidad realizadora, venciendo la gris mediocridad de otrora. Dejaron de temer a los desafíos de la competencia internacional para descubrir, con creatividad y espíritu de excelencia, nuestras ventajas comparativas, alcanzando complejos niveles de exigencia de los grandes mercados. Muchos nuevos emprendedores se han incorporado con dinamismo al desarrollo del país. Se han concluido Tratados de Libre Comercio con numerosísimas naciones. Productos chilenos tienen presencia relevante en mercados mundiales. Chile ingresó al club de países de la OCDE.

Casa y parque de Concha y Toro. Viña emblemática con gran presencia en mercados mundiales

Vasto esfuerzo de modernización, capacitación y emprendimientos que acarreó, a su vez, una elevación socio-cultural de incontables chilenos participantes en él; con reflejos  notorios en el tono general de civilización material del país. No obstante, resta muchísimo por hacer. 

Los Desafíos del Crecimiento y de la Globalización

Hoy emergen nuevos límites y desafíos: urge aminorar los efectos y las causas  de la exclusión e inequidades sociales; reducir la extrema pobreza y crear condiciones para que cada vez más chilenos superen la pobreza; mejorar en cualidad y cobertura nuestra educación y avanzar en ciencia e innovación; armonizar las necesidades del crecimiento económico con la preservación del medio-ambiente; mejorar la calidad de vida en nuestras grandes ciudades y equilibrar las relaciones centro-regiones y ciudad-campo, etc.

Fiesta de la Tirana

a) Riesgos implícitos en eventuales respuestas ideológicas a los desafíos  económico- sociales.- Tales desafíos colocan al país en una encrucijada en donde fácilmente puede extraviarse el camino por el cual venía creciendo y avanzando. Sí, porque al cabo décadas continuas en un rumbo exitoso hacia el desarrollo, reconocido internacionalmente, las circunstancias actuales de nuestra vida pública — más aún en un contexto latinoamericano conturbado por el populismo revolucionario — obligan a que nos preguntemos:

¿Sabremos los chilenos encontrar respuestas realistas a los nuevos problemas, que junto con preservar la paz social, cuiden y mejoren esta marcha de armonía, progreso y civilización? ¿o abandonaremos los avances reales obtenidos con tanto esfuerzo para ser presa, una vez más, de las mismas utopías radicalmente igualitarias del pasado reciente bajo nuevas formas? ¿Nos sumergiremos en  todo un atizar de antiguos conflictos, envidias, odios, divisiones y rencores que acaben paralizando la marcha emprendida y  lanzando gradualmente al país en las vías del retroceso, la ruptura y, finalmente, el caos? Prestemos atención porque no son preguntas vanas. Todo indica que entramos en un momento de decisión crucial a ese respecto.

b)Desafíos socio-culturales y morales.- Por otra parte, si nuestra mayor integración al mundo ha traído muchos beneficios materiales y avances tecnológicos, ha acentuado también las tensiones, las distorsiones y el relativismo moral que la secularización contemporánea expande en un mundo híper-comunicado. También bajo este aspecto, el horizonte se cubre a menudo  de nubarrones.

Se mundializa la llamada industria “cultural”, que todo lo descaracteriza, uniforma y vulgariza. Se globalizan las crisis financieras cada vez más amenazantes. Se internacionalizan hasta las redes corrosivas del narco-tráfico y el crimen organizado. El acontecer se acelera, los cambios se suceden, los puntos de referencia se derrumban, la estabilidad se estremece. El ser de las personas, cosas y situaciones pierde densidad y consistencia.

Como en una gran licuadora universal, se van relativizando principios morales, diluyendo valores, disolviendo costumbres, desdibujando símbolos y perdiendo sentidos de pertenencia e identidades. Un caos sutil lo invade todo. Apoderándose de mentalidades y comportamientos, penetra hasta en las instituciones más venerables. Rebaja toda forma de honra y respeto a la autoridad, debilitando el amor reverente por lo sagrado. La vida misma se desacraliza y desvaloriza en el vértigo de la rapidez y la inconsistencia. La sobreabundancia de informaciones, sin nexo ni jerarquía, nos desinforma. Los acontecimientos y personajes, perdiendo substancia, carecen cada vez más de peso y de lógica. Aumenta la precariedad en todos los ámbitos; la inseguridad física y sicológica nos asaltan cada vez con mayor con frecuencia.

Cuasimodo de Colina

Novedades provenientes de la Tradición: movimientos de reacción, en profundidad, ante factores de riesgo o amenaza a la propia identidad

Pero surgen también -un poco por todas partes- tendencias, posiciones, actitudes que, medio instintivamente, ofrecen resistencia al movimiento de licuefacción de todo lo que es sólido. Paradójicamente, el mismo avance  del caos ha disuelto el poder e influencia de antiguos mecanismos de presión o de control social que inhibían y paralizaban a muchas personas y grupos sociales impidiéndoles ser ellos mismos. Cierto racionalismo unilateral y petulante -que pretendía saber y controlarlo todo- fue perdiendo credibilidad a lo largo del siglo XX. Las  devastaciones de dos guerras mundiales y las ruinas dejadas por los totalitarismos de diverso signo en sus vanos intentos de imponer a la humanidad los dogmas de sus utopías ideológicas, mostraron que los sueños reguladores y delirantes de la razón producen monstruos…Los viejos slogans revolucionarios de una modernidad racionalista se desgastaron. Sus representantes peroran en el vacío. El desatar de amarras de la  pos-modernidad, ha posibilitado también que afloren modos de ser y de ver que estaban sofocados; ansias profundas, larga y dolorosamente oprimidas. En muchos individuos, grupos y sectores emergen -con vitalidad notable y frescor insospechado- novedades espirituales y culturales…que vienen de la Tradición. Aquí hay algo a ser analizado.

Ecos de un Chile Antiguo y Profundo donde se Escucha el Futuro

Carlos Cardoen en el Museo de Santa Cruz

No se trata de nostalgias románticas. Es algo mucho más hondo: proviene de una profunda raíz cristiana que muchos creian sumergida, definitivamente, en la vorágine contemporánea. Tal raíz permanece viva y fecunda. Su savia corre con fuerza en honduras y segmentos de nuestra sociedad que escapan al escrutinio de sociólogos y encuestadores. El Chile a la vez antiguo y nuevo que ella vivifica, no niega los beneficios de la modernidad. Pero sí experimenta, en medio del caos y del vacío contemporáneos, una incontenible añoranza de orden y de belleza; una entrañable búsqueda de contenido e identidad. Sus potentes movimientos de alma constituyen expresiones de lo que podría llamarse el sentido del ser de las gentes, por tanto tiempo sofocado y reprimido, que busca formas propias y actuales de realización al margen del consumismo materialista, desarraigado y febril.

Son manifestaciones preciosas de sanidad y de vitalidad orgánica del tejido social chileno, que posibilitan la continuidad de nuestra patria como nación. Revelan ellas un verdadero quehacer cultural colectivo, no planificado, fruto del vigor de una tradición actualizada. Su germinar se da, por cierto, más allá del ámbito estrictamente académico, en un terreno vivo y cercano a la cotidianidad; allí donde la cultura es asumida primordialmente como bien y valor de amistosa convivencia. Ecos vitales, en fin, de un Chile antiguo y profundo en que se escucha el futuro.

Un carruaje en las viñas de Lolol

Sepamos reconocer, en medio de un panorama cargado de incertidumbres, esta inspirada búsqueda del ser e identidad nacionales y salirle al encuentro. Abrámosle espacios de resonancia, sin apuros ni apriorismos, sin purismos racionalistas, con cariño y entretenimiento de espíritu. Y, sobre todo, a la luz de la Fe en Cristo, Quien un día infundió vida nueva a la patria naciente y posee en Sí aquella fecundidad perenne capaz de renovarla victoriosamente hoy, mañana y siempre,  para más allá de la confusión contemporánea.

(revisar continuación en https://identidadyfuturo.cl/2014/06/09/renacer-de-las-t…-chile-de-hoy-ii/)

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