Orígenes de la prensa y el periodismo en Chile: la labor de Fray Camilo Henríquez y la Aurora de Chile

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13 de febrero, Día Nacional de la Prensa
Cuando la prensa nacional comienza a tener un cambio sustancial, originado por los embates de la pandemia y los avances del nuevo siglo; cuando ya ha quedado atrás la tipografía de la legendaria Biblia de cuarenta y dos líneas de Gutemberg y la linotipia Mergenthaler es sólo una pieza de museo, es bueno recordar que desde los tiempos coloniales hubo intentos por establecer imprentas en el país.

Fray Camilo Henríquez imprimiendo la Aurora de Chile


La primera manifestación sobre artes gráficas en escala menor, la tenemos en marzo de 1696, cuando un tal José de los Reyes, en una presentación que hizo a la contaduría de la Real Audiencia, expresaba haber impreso naipes, primero con moldes de madera y luego con moldes de bronce. Adquirida por el gobierno la imprenta, que trabajaba desde 1694, siguió funcionando con dos impresores, los españoles Cristóbal de Castro, alférez, que ganaba como maestro trescientos pesos al año y Marcos Rodríguez, que ganaba doscientos, como ayudante.
Posteriormente se sabe que alrededor de 1770, hubo dos imprentas pequeñas, con tal vez una caja de tipos, en las que básicamente se hacían esquelas de invitación. Al parecer en una de ellas, que era de propiedad de la Recoleta Domínica tuvo lugar la impresión del opúsculo “Modo de ganar el Jubileo Santo”, de 1776, en cuyas páginas se establecía la forma de lograr el jubileo, que había dictado el Papa Pío VI, por breve de 25 de diciembre de 1775, para toda la cristiandad.
De la misma imprenta se conocen dos tesis universitarias del año 1780, dos esquelas de convite del mismo año y cinco hojas impresas por una sola cara, que contiene reglamentos de la Recoleta Domínica, dados por el padre Sebastián Díaz en 1783. Luego de ese año desaparece esa tipografía.
A fines del siglo XVIII, el Ayuntamiento de Santiago realiza las gestiones para importar una imprenta, por considerarla necesaria y “por cuyo medio puedan los habitantes dar al público sus tareas literarias de sus distintas ocupaciones”.
No prosperó esta petición, pero es sabido que el bedel de la Universidad José Camilo Gallardo, manejó una imprenta en ese lugar, en la que se imprimieron numerosas esquelas de convite, añalejos religiosos, reglamentos y otros folletos. Se sabe que entre 1789 y 1801 se imprimió un opúsculo de 89 páginas, conocido como el Directorio, lo que revela que había manos expertas y buenos elementos tipográficos. Posteriormente la imprenta desapareció, sin que se hubieran efectuado nuevas impresiones.

La imprenta de la Aurora de Chile

En agosto de 1810 don Juan Egaña, hombre eminente de la época e integrante del Cabildo, se dirigió al Presidente don Mateo de Toro y Zambrano, manifestándole “que convendría en las críticas circunstancias del día costear una imprenta, aunque sea del fondo más sagrado, para uniformar la opinión pública a los principios del Gobierno”.
Dos imprentas fueron encargadas por el Gobierno. Una a Inglaterra, que no pudo importarse debido a la muerte del emisario que debía efectuar el trámite y otra a Nueva York, cuya tramitación se encargó en febrero de 1811 al ciudadano sueco originario de Gotemburgo, pero nacionalizado norteamericano y luego chileno Mateo Arnaldo Hoevel.
El 24 de noviembre de aquel año, en la fragata Galloway, procedente de Estados Unidos y consignada a nombre de Hoevel, llegaba a Valparaíso la primera imprenta nacional y los primeros técnicos en el oficio.
El taller tipográfico, apenas transportado a Santiago fue armado en la Universidad de San Felipe, lugar en que ahora está ubicado el Teatro Municipal.

primera imprenta de chile fray camilo henriquez
Imprenta ultilizada por Fray Camilo Henríquez para La Aurora de Chile.De Eduardo Testart – Trabajo propio.Este archivo ha sido publicado en Wikimedia Commons gracias a una colaboración entre Memoria Chilena y Wikimedia Chile., CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=38357788


Con la imprenta en funciones, y siendo jefe del Gobierno don José Miguel Carrera el 6 de enero de 1812, nombró como director literario a fray Camilo Henríquez, que actuaría también como redactor y al que por sus principios políticos, religiosos; por su talento y demás virtudes naturales y civiles, se le asignó un honorario de setecientos pesos anuales.
En seguida se hizo contrato a los operarios extranjeros que acababan de llegar y el 1° de febrero dictó el gobierno el respectivo decreto, asignando a los tipógrafos Samuel Bush Johnston, Guillermo H. Burbidge y Simón Garrisson, norteamericanos, la suma de 1.000 pesos anuales a cada uno y 300 al intérprete Alonso J. Benitez, de Londres. Hoevel como director del taller ganaba 300 pesos.
Con estos nombramientos se precipitó el gran día para la prensa nacional y fue así como el jueves 13 de febrero de 1812, vio la luz el primer periódico chileno, que con el nombre de “Aurora de Chile”, se proponía entregar los ideales libertarios a sus lectores, que esperaban con ansias el nacimiento de este medio de comunicación.

Fray Camilo Henríquez y su labor periodística

Conocido por sus virtudes religiosas como el Fraile de la Buena Muerte, tenía también la virtud del buen escribir, expresando claramente los ideales libertarios que impulsaban a la publicación, lo que quedó en evidencia desde el prospecto que precedió al primer número. En parte de él decía: “La voz de la razón y la verdad se oirán entre nosotros, después del triste e insufrible silencio de tres siglos… ¡Siglos de infamia y de llanto! la sabiduría os recordará con horror y la humanidad llorará sobre vuestra memoria!
De claras tendencias liberales, durante su estadía en Lima dejaba de lados sus estudios teológicos hasta el punto de no poder aprobar los exámenes que le exigían las reglas de la orden, por haberse dedicado de lleno a las ciencias políticas y a la historia.
Cuando acontecieron los sucesos de la Primera Junta Nacional de Gobierno, contaba sólo con 25 años y con esa juventud que nada censura y todo lo aprueba, muy pronto se encontró escribiendo proclamas libertarias donde daba a conocer realidades de otros países, de otros pueblos que antes que Chile habían abandonado el yugo de la opresión y eran naciones de respeto y de cultura, como era el caso de Estados Unidos, Francia y otros de la vieja Europa. En una proclama que circuló el 6 de enero de 1811, en la que incitaba al pueblo a votar por la constitución de un Congreso Nacional formado por hombres de gran sentido de lucha por la independencia, la firmó con el seudónimo de Quirino Lemachez, un anagrama de su nombre.

Portada de la primera edición de la Aurora de Chile. 13 de febrero de 1812.


La Aurora tenía el eslogan de “Ministerial y Político”, por lo que Henríquez en sus editoriales siempre expresaba mensajes impregnados de patriotismo y pensamientos libertarios, pero no olvidaba el sentido de la educación, la policía, la religión, la soberanía y otros temas como la salud, e incluso la minería fueron motivo de comentarios de editoriales de primera página.
El periódico se publicó hasta el 1° de abril de 1913, con un total de 58 números. A contar del martes 6 de abril de ese año se abre un nuevo sistema de trabajo con la publicación de “El Monitor Araucano”, siempre dirigido por fray Camilo Henriquez “de la Orden de Agonizantes”, como se definió en la portada.
La imprenta siguió prestando servicios y más tarde abandonada en el mismo local, fue recogida por el redactor de El Mercurio Santiago Godoy, quien la llevó a Copiapó en 1852, donde publicó el diario “El Pueblo”, con la ayuda de los ricos propietarios del Huasco, Juan y Manuel Ávalos.
En 1855 ceso de publicarse el diario y don Juan Ávalos guardó la prensa en una casa que luego arrendó a don Aníbal Verdugo Alvarado. Este señor armó de nuevo la prensa y publicó “La Aurora del Huasco”, que en 1857 quedó a cargo de don Sinforoso Volados.
Estando prácticamente extraviada la prensa, don Benjamín Vicuña Mackenna tomó contacto con don Manuel Ávalos para recuperarla, quien la requirió de su arrendatario y así ésta regresó de Vallenar a Santiago, siendo llevada a la Escuela de Artes y Oficios, donde aprovechando el tornillo, el marco, la tabla de la prensa y el marco, fue completamente restaurada. Don José Miguel Blanco moldeó y fundió para coronarla un busto del padre de la prensa chilena, fray Camilo Henríquez.
Expuesta en los salones de la Exposición Nacional de 1872, pasó en seguida al Museo Nacional, donde el año 1891 sirvió para imprimir periódicos y proclamas revolucionarias y más tarde tuvo ocupación en la impresión de rótulos e inscripciones para el servicio del Museo.
La primitiva imprenta, restaurada, se encuentra hoy en la sección periódicos de la Biblioteca Nacional.
Finalmente debemos decir que en base esta legendaria imprenta, nuestro país forjó el acervo cultural de su destino libertario, siendo la “Aurora de Chile” el medio que dio lugar al nacimiento del periodismo chileno, el que representado por fray Camilo Henríquez siguió manifestándose en otras publicaciones que le precedieron luego y que a la fecha constituyen la base de la prensa chilena, voz independiente que día a día está presente en todos los acontecimientos que son de importancia en el diario vivir de la contingencia nacional.