Max Bangert, Restaurador de Coches Antiguos

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Max Bangert se encontraba en Argentina trabajando con algunos amigos en la recuperación y restauración de vehículos antiguos que luego enviaban a Alemania cuando les llega el encargo de conseguir un carruaje. El tema le llama la atención, se interesa, comienza la búsqueda y luego de despachar el coche investiga sobre su construcción y modelos. Éste fue el medio que le sirvió de puente para trasladarse al mundo de los carruajes antiguos en Alemania, donde aprendió el arte-oficio de la restauración con la familia Kühnle, prestigiosos constructores de carruajes de Haiterbach-Beihingen.

Dueño de su métier desembarcó en Santa Cruz a comienzos de los 90. Primero en las cocheras de Pepe Richasse, luego en un galpón al costado de la estación de trenes de Santa Cruz.
Max ha llegado a convertirse en un emblema de la restauración de coches, una actividad que esconde una pléyade de sentimientos y una inmensidad de sensaciones que dan vida a un mundo. Es una “satisfacción personal, espiritual, mística, religiosa, emocional.” “Cada restauración es un renacer. En ese proceso de la nada al todo, imagino las tradiciones para darle alma y corazón al objeto restaurado. Quiero imprimirle vida propia”.

Asimismo, hay en ello una expresión de amistad, por el gozo de ver que otros hacen uso de lo que él restauró.
Cada coche tiene historia, tradición, orgullo… y añoranza.

En la restauración de los carruajes Max Bangert descubrió y motivó a todo un conjunto de artesanos: tapiceros, soldadores, pintores, carpinteros y mecánicos, a quienes supo transmitir ese mismo anhelo de realizar las cosas con esmero y perfección, secreto que transforma un oficio en un arte.

En la paz de los campos colchagüinos el restaurador contribuye activamente a la renovación de las tradiciones chilenas, “sobre un coche el tiempo ni se detiene ni se adelanta. Se entretejen el entusiasmo y la tranquilidad.”

Gracias a su perseverancia y excelencia, se ha restaurado también el interés “patrimonial“ en el coche, como elemento presente en el campo chileno. Las viñas Santa Cruz, Concha y Toro, Cousiño Macul, Undurraga, Montes, etc., están utilizando carruajes.

Y las competencias que se realizan en Lolol, Villarrica y Santiago cada año van reuniendo a una mayor cantidad de participantes que cada vez con mejores coches provocan admiración y entusiasmo por las reminiscencias que evocan.

Con esto se cumple uno de los deseos de Max: reconstruir carruajes para revivir la historia.

Con sus 22 años apasionados con los carruajes, su marca es sinónimo de calidad.

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