Entrevista a Monseñor Gaspar Quintana

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Monseñor Gaspar Quintana

En febrero de 2009 Monseñor Gaspar Quintana, obispo de Copiapó y presidente de la Comisión Nacional de Santuarios y Piedad Popular de la Conferencia Episcopal de Chile, otorgó esta entrevista a Editorial Novum. En medio de la reconfortante diversidad de los días santos de la Fiesta de la Virgen de la Candelaria, dispuso un tiempo para compartir su experiencia y reflexiones. Cuando se acerca esta festividad sagrada tan singnificativa para incontables chilenos, creo que sus inspiradas palabras nos proporcionan una clave de interpretación muy valiosa de lo que representan estos momentos en que la fe lleva al hombre a celebrar en comunicación con lo sagrado.

Hay en esto una visión de la realidad, iluminada por valores eternos, que brota como algo natural de los devotos presentes en la Candelaria. Ellos consienten en hacer una pausa en la rutina de sus vidas para dirigirse al santuario, dándole a estos días una importancia superior a los demás, y jerarquizando el sentido de sus propias vidas según este rito.

Creencias, actitudes y expresiones

El sociólogo Pedro Morandé viene a la mente de Mons. Quintana al apuntar el hábito del rito, muy arraigado en Latinoamérica gracias a las etnias precolombinas, para explicar la piedad popular, ya que el rito implica una creencia. Eso concuerda con las conferencias de Puebla, México, en 1979, y de Aparecida, Brasil, en 2007, donde los episcopados americanos apreciaron este fenómeno multidimensional que elude las definiciones rápidas, y en el cual lo más importante es precisamente lo que no se ve:

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“La Conferencia de Puebla habla de un conjunto de creencias, actitudes y expresiones. En este caso la médula está en la creencia profunda (Dios es Padre, María es Madre, Jesús es mi hermano…), de donde se origina un núcleo llamado ‘actitudes’ (si Dios es Padre, la actitud de mi corazón será confiada, amorosa, filial). A su vez estas actitudes, dada la psicosomática naturaleza humana, se manifiestan en expresiones visibles, es decir formas que uno puede percibir: el Baile, el traje, la vela, el caminar de rodillas, el manto de la imagen, el Sagrario”.

Sucede que el espectador superficial se queda en la expresión exterior. Pero quien tenga más agudeza –“el hombre inteligente, el artista y el creyente”, en palabras de Mons. Quintana– emprenderá un viaje “hacia lo interior”, y tras las actitudes descubrirá las creencias profundas.

Todo esto no es una especie de “subproducto” de importancia menor en el universo religioso. Al contrario, en esta particular forma de devoción anida el mismo Espíritu que alienta las vocaciones tradicionales, según la Conferencia de Aparecida, la cual habla incluso de “mística popular” para referirse a esta espiritualidad que inflama a tantas almas, convocándolas hacia la “cumbre” que constituye el santuario para salir del tiempo cotidiano y repasar, desde allí, la vida entera.

Este impulso de partir en busca de un lugar santo donde se produce el encuentro con Dios recorre la mentalidad nortina de arriba abajo, y corresponde a una experiencia de tipo colectivo. El santuario tiene el don de reunir a quienes son diferentes. Cubre todas las categorías porque es un lugar de misericordia, de apertura, de gracia. Es también la oportunidad de irradiar creencias y valores profundos, de los que nacen vínculos vivos entre el pueblo y la propia fe.

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Síntoma elocuente de esta mutua influencia es la Liturgia –el rito por excelencia– que se ve enriquecida por la Piedad Popular, y a su vez ésta es enriquecida por la Liturgia.

“Sensum fidelium”

Hace 25 años en la Candelaria, el propio Mons. Quintana alentó ese acercamiento y mutua influencia entre la Iglesia y la Piedad Popular cuando compuso una Misa especialmente para los Bailes Religiosos, en la cual las grandes partes litúrgicas han sido adaptadas al estilo de canto de los bailes. Esta experiencia sigue viva hasta hoy en la Misa de los Bailes, que se repite el domingo y el lunes, los días finales de la Fiesta.

“Hay una categoría muy importante –finaliza Monseñor Quintana– llamada en latín sensum fidelium, que es algo así como el sentir profundo del pueblo creyente. Según eso, el Espíritu de Dios acompaña las expresiones de la fe y nunca permitirá que haya errores de fondo. Esto es un don recibido en el Bautismo, que abarca a todo el Pueblo de Dios. Yo defiendo que esta Piedad es una dimensión del sensum fidelium”.