El 6 de noviembre de 1965, Chile se convulsionó. En las lejanas y solitarias tierras de Aysén un joven oficial de carabineros había sido abatido por balas de gendarmes argentinos. Era el teniente Hernán Merino Correa, nombre que corrió como reguero de pólvora y de Arica a Punta Arenas el fervor popular se manifestó en concurridas protestas de airado patriotismo. Sólo en la capital se calculó en cuatrocientas mil las personas que fueron a su funeral.
Aspirante a oficial de Carabineros Hernán Merino Correa
Retén O´Higgins, junto a Laguna del Desierto
Cabo Washington Soto, por estar buscando leña vio la muerte del teniente Merino desde lejos.
El presidente Eduardo Frei Montalva da el pésame a la madre del teniente Merino.
Ataúd del teniente Merino siendo sacado de la Catedral de Santiago.
Unas cuatrocientas mil personas participaron de los funerales del teniente Merino en Santiago. Aquí su runa sobre la cureña de Bomberos es escoltada por el Cuadro en Avenida La Paz.
Multitud despide los restos del teniente Merino en el Cementerio General.
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