Ayer por esas cosas de la vida terminé viendo un reportaje sobre qué comemos los chilenos. Un interesante análisis sobre lo que nos lleva como nación a alcanzar los índices de obesidad de países como EEUU y México. Un experto declaraba que es una curva que sube y sube.

el olvido de las recetas de la abuela

Foto: https://www.flickr.com/photos/juanismyname

el olvido de las recetas de la abuelaLos grandes culpables: mala alimentacaión y sedentarismo, la comida chatarra. Y aquí me quiero detener sobre un factor cultural que creo ha sido poco abordado por los expertos y que se resume en la siguiente analogía: “Antes las abuelitas te invitan a su casa los domingos a un abundante, variado y casero almuerzo. Hoy, en cambio, pasan en su auto a buscar a los nietos y se los llevan al mall”. Algunos dirán que es extrema la comparación, pero creo que tiene mucho de cierto.

Con el auge económico y la entrada de la mujer al campo laboral post 80 el tiempo para preparar sus tradicionales recetas era cada vez menor; debían ocuparlo en sus trabajos y desarrollo profesional. Tiempo para cocinar quedaba cada vez menos y fueron proliferando los delivery y con el auge de los malls en los 90 los “patios de comida” fueron ocupando un lugar de importancia en el abastecimiento de necesidades de los fines de semana, ni que hablar de la proliferación de todo tipo de locales de comida “rápida”.

Esa generación alcanzó a conocer y usar las recetas de sus madres. Sin embargo creo que la nueva generación post 2000, ha perdido los recetarios de nuestras abuelas y el saber que de ellas tenían sus madres. Quedaron en desuso, se olvidaron, o simplemente no tuvieron oportunidad de conocerlos. Un cambio cultural imperceptible, del que puedo entender una parte del auge de la comida extranjera, la cual es alabada y reconocida, que lleva a que cada cada vez halla menos preparaciones chilenas en los hogares. Muchos solos las prueban en restaurants o en las tan concurridas y buscadas fiestas costumbristas, que tienen uno de sus méritos en devolver a sus visitantes el sabor de lo auténtico, nuestro y casero.

Un cambio que ha hecho tambalear nuestra identidad gastronómica hogareña (con graves repercusiones en la salud de las personas, sobretodo en los niños), salvo puntuales y esforzados esfuerzos por mantenerla y difundirla, debido a que no hemos valorado el valor cultural de quienes deberían ser las grandes guardadoras de estas tradiciones: nuestras esposas, madres y abuelas.

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