Historia de la Aviación en Chile: Centenario de la Aviación Militar

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La sugestiva ilusión del hombre de poder algún día alzar el vuelo sobre bosques y montañas es demasiado antigua como para mencionar algunos nombres. Sin embargo a través de los últimos quinientos años mejoraron las condiciones, se desarrollaron teorías y técnicas y se avanzó lo suficiente en el perfeccionamiento de la industria y la tecnología, lo que permitió que poco a poco fueran superándose escollos que parecían insalvables, situación que acrecentó el perfeccionamiento de los medios para finalmente lograr tan ansiado sueño.

En este camino agreste y a veces poco conocido figuran nombres como Leonardo da Vinci, Francisco Lana, Lorenzo de Guzmán y algunos personajes especiales que hacen intentos  casi suicidas por lograr conseguir sus fines.

Comienzos de la Aviación

Sin embargo, es en 1783 cuando los hermanos Mongolfier logran elevar el primer globo inflado a base de aire caliente, lo que da lugar a las primeras ascensiones por este medio, que se perfeccionará más tarde, permitiendo cumplir misiones incluso con fines bélicos.

Aparecerán después los dirigibles, la teoría del avión, el uso del motor y a fines del siglo XIX, ya se han ensayado varios tipos de aviones, surgiendo un vocabulario nuevo, donde las palabras: aviación, aeronauta, aviador, aeródromo, aviatriz y otras comienzan a sorprender al ciudadano común.

Pero también aparecen nombres de pioneros como Otto Lilienthal, Alberto Santos Dumont, Gabriel Voisin, Luis Bleriot, Henry Farman y muchos otros, que con sus experimentaciones en los suelos de la bella Francia y en un París sugerente, explosivo,  dinámico y emprendedor, se dedican a la tarea de dar vida al gran avance del siglo XX, que hoy en día conocemos como la aviación.

Santos Dumont vuela en los campos de Bagatelle, cerca de París en su 14 bis el 23 de octubre de 1906, siendo nominado el primer vuelo de un hombre en un más pesado que el aire. Su fama traspasa fronteras y llega hasta Estado Unidos, donde calladamente los hermanos  Wilbur y Orville Wright habían volado el 17 de diciembre de 1903.

Pero Francia era la cuna de la aviación, allí estaban los constructores de aviones, los diseñadores, los que soñaban con desarrollar por completo esta nueva ciencia de volar.

Por ello fue preciso que los Wright fueran a Europa en 1908, para demostrar que volaban en sus aviones y donde además iniciaron una serie de demandas por el uso de las patentes de diversas partes y elementos que ellos habían registrado en su país desde hacía varios años.

Esto naturalmente provocó problemas a varias empresas, pero no retrasó el desarrollo de la aviación, que encontró en el aeroplano Bleriot su mejor exponente.

Así, Francia siguió siendo la capital de la aviación mundial. Las noticias sobre este desarrollo de la ciencia aeronáutica surcaban rápidamente las llanuras, las montañas, los desiertos y los mares, llamando también la atención de embajadas y visitantes del país galo.

Muchos gobiernos pidieron informes para tener una idea más precisa de este nuevo invento que muy pronto demostraría ser tan útil en la paz como destructivo en la guerra.

Inicios de la Aviación en Chile

Desde este alejado rincón del mundo, el Gobierno también creyó necesario interiorizarse sobre los usos que se estaban dando al aeroplano, especialmente en el campo militar.

Ya en 1910 existía preocupación por el tema. El año anterior Luis Bleriot había cruzado el Canal de  la Mancha y el país cumpliendo su Centenario, había tenido oportunidad de conocer los vuelos de César Copetta en la chacra Valparaíso, en un modesto Voisin de 50 HP.

Estos aprontes, más la venida del aviador italiano Bartolomeo Cattaneo, quien voló en Santiago y Viña del Mar, calaron profundo en muchos jóvenes que creyeron ver en la aviación el futuro de sus vidas.

Con el fin de no quedarse atrás en esta nueva invención que puede ser decisiva en caso de un conflicto bélico, el Ejército dispuso el rápido envío a Francia del teniente Manuel Ávalos Prado, del Regimiento de Artillería Montada General Maturana N°5 y del teniente Eduardo Molina Lavín, de la Escuela de Grumetes, quienes se embarcan a Europa en febrero de 1911. En París ingresan a la Escuela Bleriot en Etampes, donde habrán de recibir la instrucción adecuada para manejar un avión.

Luego de un intenso curso reciben el  brevet de piloto aviador otorgado por la Federación Aeronáutica Internacional.

El teniente Molina regresa al país, donde pronto es separado del Ejército, entretanto Ávalos completó su aprendizaje en el campo de aviación de Reims en las máquinas Voisin y Sánchez Besa, este último un chileno avecindado en Francia y también pionero de la aviación mundial.

Posteriormente es llamado a Alemania, donde le sorprende el ascenso al grado de Capitán de Ejército (26 de diciembre de 1911). Allí se le interioriza del plan de adquisiciones que proponía la Comisión de Armamentos para la futura aviación militar.

Luego de una corta estadía regresa a la Escuela Bleriot, donde se le somete a la prueba de volar durante una hora a mil metros de altura en un monoplano de 50 HP, con descenso a motor detenido, lo que le capacita para recibirse del primer aeroplano adquirido para la aviación militar chilena. Se trata del Bleriot de 50 HP “Manuel Rodríguez”, que ya en Chile habrá de servir para la instrucción de los aviadores militares que se prepararán en el país.

La prueba del material aéreo consistía en volar desde el aeródromo de Etampes hasta París, unos 120 km de ida y vuelta. Otros vuelos de prueba se efectuaron desde el aeródromo Issy les Moulineaux a París, donde la distancia era de unos 20 km ida y vuelta.

Convertido prácticamente en piloto de pruebas, le corresponde volar el monoplano biplaza Deperdussin con motor Gnome de 70 HP, bautizado con el sugestivo nombre de “Cóndor”. Luego se le entrega un monoplano Bleriot Escuela de 35 HP, denominado “Chile”, ambos destinados a la instrucción de nuestros futuros pilotos militares.

Bleriot "Chile". 1913
Bleriot “Chile”. 1913

En todos estos vuelos, Ávalos da muestras de las técnicas aprendidas en las diferentes escuelas en que recibió instrucción y que le permitieron recibirse con éxito de este material que más tarde sería embalado y enviado a nuestro país por barco.

A principios de 1912, los mecánicos Miguel Cabezas y Pedro Donoso, ambos pertenecientes a la Maestranza del Ejército y formados en la Escuela de Artes y Oficios de Santiago, quienes se encontraban en la Comisión Revisora de Armamento en Alemania, fueron enviados como alumnos a la Escuela de Gabriel Voisin en Mourmelon Le Grand, donde hicieron el curso de aviador, el que aprobaron luego de algunos meses en esa escuela.

Posteriormente asistieron a las fábricas de motores Renault en Billancourt  y Gnome en Argenteuil, donde recibieron una acabada instrucción sobre los motores y elementos que fabricaban estas industrias; adquiriendo más tarde nuevos conocimientos en las casas Nieuport, Farman y Deperdussin.

En febrero de 1913 Cabezas regresará a Chile, en tanto que Donoso continuó en Francia hasta abril, recibiendo los aeroplanos y automóviles destinados a la aviación militar de Chile.

Como se ha dicho, Francia era la cuna de la aviación por lo que Ávalos tiene además la posibilidad de compartir con pioneros como Alberto Santos Dumont, Luis Bleriot, Farman, Gabriel Voisin y con los chilenos José Sánchez Besa y Emilio Edwards Bello, primeros aviadores nacionales formados en ese país. Entre otros también se encuentra con David Fuentes Sosa, civil amigo que visitaba Europa en calidad de turista y al cual Ávalos incentivó para que hiciera el curso de aviador en la Escuela de Luis Bleriot.

La Escuela de Aeronáutica Militar

Toda esta preparación previa sirvió para que nuestro Ejército pudiera crear su propia Escuela con gente de sus filas, especialmente preparada para los delicados fines que en aquellos años requería la aviación.

El proyecto de formación de la Escuela se concretó con el Decreto Supremo G.1. N° 187, de fecha 11 de febrero de 1913, que en parte de sus primeros artículos creaba la Escuela de Aeronáutica Militar para adiestrar oficiales y suboficiales como pilotos aviadores, pilotos mecánicos, o pilotos aerostáticos para el servicio del Ejército, destinando además un terreno en la chacra Lo Espejo de propiedad fiscal para ejercicios, hangares, dependencias y edificios.

El Decreto, que constaba de 10 artículos, fijaba más adelante la dotación, las cualidades de los alumnos y sus requisitos para el ingreso, dejando establecido el programa de estudios a que éstos serían sometidos.

Para dirigir los destinos de la Escuela se disponía una plaza de oficial superior como comandante; un capitán, un teniente ayudante, un contador, un cirujano, dos oficiales instructores, dos profesores, un administrador de aeródromo, diez oficiales alumnos, siete suboficiales alumnos y una cantidad de suboficiales y soldados necesarios para el funcionamiento del plantel.

Ese mismo día 7 de febrero el Presidente Barros Luco firmaba el Decreto Supremo designando al General Arístides Pinto Concha como Inspector del Servicio de Aviación, sin perjuicio de sus funciones como Jefe del Estado Mayor General del Ejército.

Creada la Escuela, con fecha 22 de febrero fue designado como director el Tte. coronel Carlos Hinojosa, comandante del Regimiento Ferrocarrileros, a la fecha en Alemania, a quien nunca se le ordenó hacerse cargo de su puesto.

Capitán Manuel Ávalos Prado
Capitán Manuel Ávalos Prado

En su reemplazo, por disposición superior, asumió el mando como subrogante el capitán Manuel Ávalos Prado, encuadrado en la Escuela con fecha 17 de febrero y quien había regresado al país a fines del año anterior y se encontraba efectuando una serie de actividades preliminares vinculadas a la creación de la Aviación Militar.

Cuando recién se había firmado el Decreto de fundación, mediante una circular a los Comandos de División se les informaba de la apertura de las postulaciones a los cursos de pilotos para oficiales y suboficiales, debiendo los interesados presentar la solicitud respectiva a la Dirección del Personal.

El interés por postular a los cursos fue realmente considerable, ya que las solicitudes recibidas superaban en dos veces la cantidad de vacantes, tanto por parte de oficiales como de suboficiales.

La comisión compuesta por el General Arístides Pinto Concha, los mayores Monardes y Maldonado y el Capitán Ávalos, sometió a exhaustivos exámenes a los candidatos a aviadores comenzando por el examen médico, conocimiento de matemáticas, geometría, álgebra, logaritmos, trigonometría, geometría descriptiva, mecánica, física y química. Además debían hablar francés a nivel de conversación y los oficiales tenían que volar como pasajeros y dibujar un croquis del Regimiento de Ferrocarrileros, unidad que estaba al lado de las instalaciones que ocuparía la nueva Escuela.

Finalmente fueron aprobados los siguientes oficiales y suboficiales: teniente 2° Amadeo Casarino, de artillería; teniente 2° Víctor Contreras, de ingenieros; teniente 1° Alejandro Bello, de infantería; teniente 2° Tucapel Ponce, de infantería; teniente 2° Francisco Mery, de artillería; teniente 1° Enrique Pérez, de infantería; teniente 1° Armando Urzúa, de caballería; teniente 2° Julio Torres, de infantería; teniente 2° Gabriel Valenzuela, de ingenieros; teniente 2° Arturo Urrutia, de artillería; suboficiales Adolfo Menadier, Juan Verscheure, Eleodoro Rojas, José García, Floridor González, Luis Page y Manuel Ampuero.

En vuelo

Es significativo que el estado chileno hubiese optado por implantar tempranamente la aviación militar en el Ejército y que desde el primer momento se haya podido concretar tantos logros, como instalaciones, material de vuelo, instrucción en Europa del material humano y una serie de otras iniciativas que más tarde le dieron prestigio tanto a oficiales como suboficiales que pertenecieron a su dotación durante la etapa pionera.

Sin embargo en un principio no todo podía salir tan a la perfección y menos cuando aparte de Ávalos, Cabezas y lo que había aprendido el general Pinto Concha durante su visita a los campos de aviación, no había otros oficiales que pudieran colaborar con conocimiento de causa en las actividades diarias de un plantel de formación de personal de estas características.

Ávalos, el hombre que se recibió de una “Escuela” que no tenía más que un par de aviones y unos potreros en los que había que diseñar una pista de aterrizaje a punta de pala y picota, tuvo que luchar con tenacidad y mano militar para poder sacar adelante su precaria Unidad. El Comandante Martínez Ugarte, en su “Historia de la Fuerza Aérea de Chile”, recuerda: “fue duro, mano de hierro para aquellos que no merecían llevar los cóndores con alas desplegadas en el cuello. Eliminó a gran cantidad de personal que veía no le servía para las obligaciones que él había impuesto”.

 Continúa el Comandante Martínez refiriéndose a la personalidad de Ávalos, expresando que no aceptaba la falta de competencia profesional, la cobardía ni las ausencias injustificadas al servicio.

Hangares de la Escuela de Aviadores
Hangares de la Escuela de Aviadores

Con el fin de modernizar un poco el uniforme, suprimió la levita y el cuello duro para los oficiales dentro del cuartel, implantando una tenida apropiada a las exigencias: de brin color blanco, con el corte, insignias y botones igual al traje de campaña, la que se podía usar también en las prácticas aéreas.

Una vez que el mecánico Cabezas hubo armado los primeros aviones, el día 7 de marzo el capitán Ávalos dispuso que se alistara el avión Bleriot conocido como “Chile”, de 35 HP para efectuar un vuelo de prueba, ya que desde su regreso de Francia no había tenido oportunidad de practicar.

El miércoles 12 de marzo, en Lo Espejo se efectuaron los primeros vuelos oficiales del capitán Ávalos, en ese momento el único oficial aviador militar en Chile. Estaban presentes junto a la pista de vuelo el Ministro de Guerra Jorge Matte Gormaz y el general Arístides Pinto Concha, Inspector del Servicio de Aviación, a quienes interesaba sobremanera conocer el resultado de estas pruebas para informar al Gobierno sobre los progresos de la Escuela. Había también algunos invitados especiales del Ejército y otras personalidades del mundo político y social.

El aparato Bleriot de 50 HP “Manuel Rodríguez” fue sacado del hangar y colocado en la línea de vuelo, donde el aviador y mecánico Miguel Cabezas efectuó los últimos ajustes. Cuando faltaban cinco minutos para las nueve de la mañana y la hélice estaba al máximo de su potencia Ávalos dio la orden de largar y los cinco soldados que sujetaban firmemente la máquina dieron un paso al costado, iniciando el Bleriot una rápida carrera que impulsó su plácido despegue remontándose rápidamente hasta unos ciento cincuenta metros de altura.

Durante este vuelo el aviador atravesó San Bernardo de norte a sur, tomando dirección a la capital, hasta la comuna de San Miguel, demorando en su periplo un total de 26 minutos.

Los presentes pudieron admirar la pericia del joven aviador al descender sobre la pista en un vuelo planeado o “vol plané”, como decían en aquella época en que toda la terminología aeronáutica provenía de la bella Francia.

El Capitán Ávalos en su avión
El Capitán Ávalos en su avión

Ya en tierra el aviador pudo dar a conocer a los presentes su visión sobre el vuelo recién efectuado, mereciendo la aprobación del general Pinto Concha y el Ministro de Guerra.

A las 10:10 horas se efectuó un segundo vuelo. En esta oportunidad el general Pinto entregó al aviador su altímetro personal para poder controlar la prueba, ya que el avión no tenía este importante instrumento.

Habiendo tomado una altura de 300 metros, el avión colocó proa hacia Santiago. El ruido del motor no pasó desapercibido para los capitalinos que muy pronto comenzaron a agruparse para saber quién era este nuevo piloto que surcaba los cielos de la ciudad, pues en esos días había volado sobre esos mismos el aviador italiano Napoleón Rapini. Pero en esta oportunidad de trataba de un avión nacional, de la aviación militar, silueta que con el correr del tiempo comenzaría a hacerse familiar en los cielos de Santiago.

Ávalos voló sobre Santiago a unos 750 metros, alcanzando hasta el cerro San Cristóbal, empleando en este vuelo un lapso de 40 minutos.

Eso fue más o menos lo que la prensa llamó “el primer día de la Aviación Militar”, un día auspicioso que con el tiempo habría de quedar un poco en el olvido ante los logros que obtendrían aviadores como el teniente Dagoberto Godoy y el capitán Diego Aracena.

No se olvida que para llegar a esos momentos de gloria de nuestra aviación militar, otros sucumbieron  en el empeño de la conquista de los cielos patrios; así el año 1914 cae Francisco Mery, se pierde el teniente Alejandro Bello Silva y los acompaña el sargento 1º Adolfo Menadier Rojas en el vuelo sin retorno y a ellos le siguen muchos más, pero lo importante es que todos ellos pusieron pilares vigorosos a la Escuela de Aeronáutica Militar.

Escuela de Aviación Centenaria

Sobre esta sólida base se asienta la Escuela de Aviación, denominación que se origina en 1920 y que se mantendrá con motivo de la creación de la Fuerza Aérea Nacional –FAN- el 21 de marzo de 1930.

En 1944 la Escuela recibe el nombre de Escuela de Aviación “Capitán Ávalos”, en recuerdo de quien fuera su primer director y en 1999 recibe el nombre actual: Escuela de Aviación “Capitán Manuel Ávalos Prado”.

Nacida en los campos de Lo Espejo, sector hoy conocido como “El Bosque”, la Escuela no ha tenido cuarteles en otro lugar, por lo que en cien años han quedado prendidas en sus patios y su pista de vuelo muchas inquietudes, esperanzas, desvelos,  de sus cadetes, de sus oficiales y también un centenario de eficiencia y experiencia profesional que le permite ser una entidad admirada por sus pares tanto del cono sur de América como de otras similares del mundo.

VIsta aérea de las dependencias de la primera Escuela de Aviación
Vista aérea de las dependencias de la primera Escuela de Aviación

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