Andrés Tripaiñan, Werken y Sabio Mapuche

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Andrés, es un sabio mapuche de la comunidad Antonio Tripaiñán, que se ubica a unos cuatro kilómetros al poniente de Lautaro, en la ruta del camino a Galvarino. Aparte de sus labores como dirigente desempeña la muy antigua misión de Werken (mensajero). Por sus cualidades como orador es constantemente invitado a participar en diversas instancias en que se conmemora algún acontecimiento vinculado con la cultura mapuche. Gran parte de la historia de su pueblo la aprendió en sus lecturas en la Biblioteca Nacional, en Santiago, lo que une al rescate y preservación que ha efectuado en forma personal de la tradición oral de sus antepasados.

La última vez que lo oí fue en la ceremonia que se realizó en febrero frente al Icono del Parlamento de Kilín, que se encuentra al interior de su comunidad. Comprendiendo la importancia de su personalidad hemos querido conocer algo más de su vida, su pensamiento y cómo se gestó la instalación de este ícono, por ello hemos viajado a visitarlo a esta zona de Lautaro, plena Región de La Araucanía.

Andrés Tripaiñán revisando algunos documentos en su casa.
Andrés Tripaiñán revisando algunos documentos en su casa.

Su vivienda se ubica en medio de un lomaje, cercano a un bosque, donde las gavillas ya han sido cortadas y el trigo se ha cosechado. Allí, en sus dos hectáreas y media se desarrolla la vida de este personaje que ha pasado a ser popular gracias al conocimiento de la historia de su pueblo y también de la historia de Chile, hecho que ha quedado demostrado en cada aniversario del Parlamento de Kilín, donde se dirige a todos los presentes sólo con el conocimiento que mantiene en su privilegiada memoria.

Andrés es un hombre de expresiones claras, sencillas, cotidianas. Tampoco se trata de un discurso único, aprendido de memoria; al contrario, son múltiples las reflexiones del momento, el empuje de su voz, el timbre sonoro y distinguido que mantiene en silencio a los presentes y los lleva a rememorar los viejos tiempos de Araucanía, cuyos pasajes van saliendo como embriones de conocimiento y lucidez expresados por medio de sus palabras.

Ya en su casa nos sentamos en una mesa al aire libre, con el sol sobre los cerros de Kuel Ñielol a nuestras espaldas, bajo un durazno cuyos frutos ya comienzan a madurar y  acompañados de los graznidos de las aves de corral que vagan libremente por el rastrojo cercano.

Le pregunto su nombre y algunas instancias de su vida.

Con parsimonia me dice que nació el 5 de octubre de 1945 en la Comunidad Antonio Quintrileo, sector Coihueco, de Lautaro y su nombre completo es Andrés Ricardo Tripaiñan Huilcaleo.

Estudió en la antigua Escuela F Nº 18, al lado del río “en la casa que era del doctor Abraham Godoy”. Recuerda, que en ese sector había unas pueblas, que con motivo del trazado del nuevo camino, debieron ser sacadas de ese lugar.

 “No pude estudiar más porque el trabajo no me lo permitía, pero me empecé a capacitar solo. Cuando estuve en Santiago comencé a ir a la Biblioteca Nacional, así que el tiempo que tenía libre me iba a meter a la biblioteca, ahí pedía textos y leía. Ese periodo me sirvió como haber ido a la escuela. Compré libros que todavía tengo sobre los primeros cronistas, entonces a mi me interesó eso, porque en realidad yo me hacía siempre la pregunta ¿Porqué yo tuve que salir a trabajar a los catorce años?, cuando era el periodo en que yo podía haber estudiado, un periodo en que todavía se es adolescente, entonces no pude hacer una vida de niño sino que pasé prácticamente de niño a hombre”.

“Entonces empecé a buscar en los libros mis inquietudes sobre mi pueblo y eso me llevó a adquirir los conocimientos que ahora poseo, pero nunca tuve la posibilidad después de estudiar”.

 “Nunca tomé contacto con ningún historiador, ni alguien que hubiese escrito algún libro sobre mi pueblo, después yo tenía mis libros guardados; ahí,  después fui dirigente de los agricultores, porque después mi padre se trasladó a Pichunlao, ahí actualmente está mi familia”.

 “Después de mi último discurso en enero acá en la comunidad, las autoridades presentes se unieron para ver la posibilidad de escribir un libro con mis discursos, pero yo no tengo la preparación como para hacer un libro, no ha sido nunca mi idea. Lo que yo tengo dentro de la cabeza mía, porque yo apelo siempre al sistema oral, ni un papel escrito nada, sino que estudio un texto y gracias a que me ayudó la mente para poder retener y poder hacer el discurso; no tengo la preparación, por ejemplo no he estudiado castellano porque ahí está la forma como se tiene que partir y terminar y eso yo no lo tengo. Lo que hay mucho de mí son grabaciones de los discursos. He estao’ haciendo discursos desde que empezamos a reunirnos”.

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El ícono que se levantó en Tripaiñán representa el Parlamento de Kilin de 6 de enero de 1641, el primero efectuado por la monarquía española con el pueblo Mapuche. En él se acordó un sistema de defensa mutua en caso de agresión, fijándose como soberanía Mapuche los territorios ubicados entre los ríos Bío Bío y Toltén.

A pesar de su importancia, la falta de información había dejado en el olvido el lugar en que se efectuó este importante parlamento, ya que ni siquiera se contaba con el acta que se levantó luego de la ceremonia. Su hallazgo en España por el historiador José Bengoa permitió conocer algunos detalles interesantes del pacto al que España dio el carácter de “Tratado”, sin embargo todavía persistía el desconocimiento del lugar exacto en que se realizó esta importante reunión.

Sobre este tenor Andrés recuerda los pasos que se dieron para ubicar el lugar más o menos exacto en que se efectuó el Parlamento de Kilín:

 “En el año 1998 apareció el señor Liempi, que es un profesor y otro compañero de él, de apellido Quidel. Entonces ellos eran de la misma congregación evangélica, entonces ellos, yo no sé quién de ellos tuvo la idea de buscar esta parte de la historia y me imagino que debe haber sido el señor Liempi. Porque andaban los dos en esas fechas”.

“Entonces ellos llegaron a la casa de Eleuterio Tripaiñan, que estaba allá en el rincón abajo al lado del río, entonces el señor Quidel me conocía a mí porque habíamos sido compañeros de trabajo en Santiago y él sabía que yo cuando estaba allá hablaba de los mapuches cuando estábamos reunidos, incluso él me decía ¡Qué andai hablando tanto hombre! ¡sí ya pasó ya!, entonces me decía ¡olvídate de eso!, ¡si ahora estay en la capital!”.

“Y después cuando llegó aquí yo le recordé eso y le dije: en qué andamos ahora (risas) y ahí conversando me dijo: nosotros andamos buscando el lugar en que se hizo el Parlamento de Kilin,  me dijo. Como esto es tan antiguo hemos recorrido desde Galvarino hacia abajo y vamos atravesando hacia arriba preguntando y nadie sabe nada. Entonces yo como que estaba preparado, porque yo había leído ya mucho sobre el parlamento entonces ya sabía donde habían estado porque yo tenía los nombres, todo anotado en un librito resumido  que tenía”.

“Entonces le dije, yo puedo aportar alguna idea, tengo algunos conocimientos. Nos sentamos aquí mismo en esta parte y nos pusimos a conversar. Yo le dije, lejos no puede estar porque los españoles tenían dos caminos no más, en uno de los dos tenían que haberlo hecho, entonces estaba el camino de los riscos que iba por el lado del camino de Lumaco, Chol-chol y el otro camino que venía por la parte central aquí, que se dirigía también, pero por los cerros Ñielol, que los atravesaba y seguía a Imperial. Entonces en uno de esos dos tiene que ser y como yo había leído anteriormente a Diego Rosales y Diego Rosales dice que atravesaron el Perquenco, un antecedente muy importante y después lo repite Bengoa, quien cita el texto de Rosales y dice que de ahí atravesaron y llegaron al río que se llama el kilin. Entonces buscando nosotros no hay ningún otro río ni hacia el norte ni hacia el sur con el mismo nombre, claro que los españoles le cambiaron un poco el nombre porque este rio siempre se ha llamado “Qullim” y que cuando me preguntaron en la Universidad Católica, yo dije que se traducía como el “río de las lagrimas de los antepasados”.     

“Porque Quill que viene de lágrima y em es el pasado de los muertos”. Malpichawe viene de moll que sigifica charro, algo malo, de mala calidad; picha, es como un diminutivo de pitra, entonces debería decir: las pitras malas o pitras de mala calidad. En algunos mapas dice Molpichawe, entonces más tarde lo cambiaron a malpichawe”.

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 “Cuando nos sentamos la primera vez en mi casa, no con mucha fe, porque habíamos cuatro y como que estábamos mirando al futuro, viendo algo grande ahí, ya en el segundo año habíamos más y yo quiero agradecer y ser sincero por el apoyo que nos prestó el ex alcalde Hauri. El nos apoyó mucho, con algunas cosas pequeñas para hacer un convite chiquitito”.

“Así poco a poco fuimos ganando, logramos ya como en el año nueve, logramos que esto llegara a la Conadi y que se interesara por esto. Entonces la Conadi llamó a un concurso para poder buscar cuatro puntos importantes de la historia Mapuche, a raíz de esto mismo. Entonces se ganó este proyecto la Universidad Católica, la que designó a varios investigadores, antropólogos, de la escuela de arte, fueron integrándose ahí, entonces hicieron ellos el diseño de lo que se podía hacer, los otros fueron los parlamentos de Negrete, la batalla de Kuralaba y el parlamento de Koz Koz, entonces a esos cuatro se le hicieron un ícono, a lo que yo había sugerido que hubiese sido una cosa de cemento, de mejor calidad”.

Es claro que el ícono más importante que se construyó fue el que se ubica al interior de la Comunidad Antonio Tripaiñán. Que la Comunidad se ha preocupado de mantenerlo, de revivir sus antiguas tradiciones y en este aspecto Andrés, como Werken ocupa un lugar importante. Su palabra siempre es respetada y esperada por los presentes en todas las reuniones vinculadas al tema del Parlamento y los oyentes saben que de las palabras de Andrés obtendrán un caudal de conocimientos que se va acrecentando con los años.

Cuando ya las primeras sombras comienzan a apoderarse del lugar emprendemos nuestro viaje de retorno, seguros de haber estado con un hombre sabio, autodidacta, con un personaje sencillo, con un representante de su cultura ancestral. Sólo cuando es necesaria, su palabra se convierte en texto, un texto no escrito, que hasta ahora no ha caído en el vacío, porque su timbre tiene el sello de la paz de, la concordia, del entendimiento y de la conversación para la superación de los problemas.

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Andrés Ricardo Tripaiñan Huilcaleo

Hijo de Raimundo Tripaiñan y de Jacinta Huilcaleo. Su padre era nieto del Cacique Antonio Tripaiñan. Las tierras donde vive son herencia de su bisabuelo Antonio quien tuvo tres esposas, de cuyo matrimonio nacieron  ocho hijos, entre ellos el abuelo de Andrés. Cuando él murió los hermanos comenzaron a tener disputas por la tierra, por lo que se presentaron en Temuco ante la comisión del Juzgado de Indios y pidieron la cesión de la tierra, eso fue el año 1941. De esa partición su padre tocó dos hectáreas y media y en las que hoy vive Andrés. Sus otros hermanos se quedaron con el campo que tenía su madre.

A los 14 años Andrés tuvo que comenzar a trabajar. Lo hizo en los fundos cercanos Santa Marta y Santa Rosa. Estuvo ahí hasta los 17 años. En 1962 efectuó un curso de capacitación agrícola que impartía el Instituto de Educación Rural –IER– en la Colonia Lautaro.

Luego de trabajar como gásfiter en Lautaro, volvió nuevamente al IER, institución que lo envió a Malloco (año 1964), a hacer un curso por un año, pasando luego a desempeñarse como auxiliar en La Colonia, desde donde fue enviado a trabajar a Chaura, un lugar cercano a Loncoche. Allí tomó contacto con otras comunidades indígenas, formando comités de agricultores para obtener beneficios de Indap.

En 1966 se retira del IER y se dirige a trabajar a Santiago, donde permanece algunos años y tiene oportunidad de estudiar libros sobre la historia Mapuche en la Biblioteca Nacional.

Hoy se encuentra radicado en sus tierras en la Comunidad Antonio Tripaiñán de la Comuna de Lautaro, Región de La Araucanía.

Por sus especiales connotaciones de investigador y conservador del patrimonio inmaterial de su cultura, en fecha reciente fue nombrado “Embajador Cultural de la Comuna de Lautaro”, junto a otras distinguidas personalidades del arte y la cultura local, nombramiento que se hace por primera vez en la Comuna.

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