2018 Año Centenario del Cruce de los Andes: Dagoberto Godoy por Chile y Luis Candelaria por Argentina

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El año 1918 la Gran Guerra o Primera Guerra Mundial como se le conoce hoy en día, estaba en su apogeo. No obstante, el decisivo ingreso de Estados Unidos al conflicto durante el año anterior, vino a inclinar la balanza en favor de los aliados, pero ello no significó de ninguna manera que los muertos en la contienda no sumaran millones y que las fuerzas pelearan cada pedazo de terreno como si fuera propio.

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La aviación, a decir de publicaciones de la época, jugó un rol menor, pero importante. El espacio aéreo fue el campo de acción de aviones de muchos  países. La guerra fue el campo propicio para el desarrollo de esta arma que hasta el inicio de la conflagración todavía tenía muchos defectos.

En el cono sur de América, los países que contaban con aviación sufrían la falta de repuestos para sus máquinas aéreas, en su mayoría procedentes de Francia, pero ello no era motivo para que tanto Chile como Argentina no dejaran de instruir nuevos aviadores, tratando de mantener en vuelo aeroplanos con varios años de uso y ya desfasados de la actividad aérea.

OBJETIVO: CRUZAR LA CORDILLERA

Como es sabido, en los inicios de la aviación fueron determinantes los logros obtenidos por aviadores principalmente franceses, siendo el más connotado el cruce del Canal de la Mancha por Luis Bleriot, en 1909. Desde ese vuelo se inició una vertiginosa carrera aérea por vencer obstáculos en cualquier parte del mundo. Los aviadores iban a Francia a gozar de los destellos luminosos de un París que estaba en su apogeo y a buscar la instrucción necesaria  para poder pilotear un avión.

Y regresaban los criollos, tanto chilenos como argentinos, mirando ese gran muro que nos separa, como el gran obstáculo a vencer. Uno de los que lo miraba era el ingeniero argentino Jorge Newbery, aviador, globonauta y deportista, quien plasmó la idea de atravesar la cordillera por su parte más alta, emulando al gran José de San Martín, quien la cruzó con el Ejército Libertador a la altura de Mendoza.

En Chile se acogió la idea y luego de los intentos del aviador civil Clodomiro Figueroa, en 1913, se dictó una Ley con estímulos de una medalla y un premio en dinero para quien lograra atravesarla en avión entre los paralelos 31° y 35° de latitud sur, es decir, aproximadamente entre La Serena y Linares.

Este era el escenario, la mole seguía incorruptible, esperando que el ruido de un motor de avión viniera a perturbar su eterna quietud y a disputarle a los vientos arrachados el privilegio de gozar de su agreste paisaje.

LUIS CENOBIO CANDELARIA

Este joven teniente de ingenieros de la hermana República Argentina, había obtenido su brevet de aviador en septiembre de 1917 en la Escuela de Aviación Militar de El Palomar. Como todos los aviadores de su época, sueña con lograr la gloria efectuando el cruce cordillerano. Pide autorización para hacerlo, pero por su poca experiencia no se le otorgan los medios. En abril de 1918 logra que se le ponga a disposición un monoplano Morane Saulnier de 1913 que se hallaba olvidado en un hangar mendocino, con la instrucción de patrullar los cielos de la Patagonia.

Luis Cenobio Candelaria
Luis Cenobio Candelaria

Junto a su mecánico Miguel Soriano, un par de aprendices y un hangar portátil se dirige al sur, llegando en ferrocarril a la localidad de Zapala, a los pies de la cordillera andina. Allí realiza varios vuelos de prueba, a pesar de que el mal tiempo jugaba en su contra.

Finalmente el día 13 de abril a las seis de la mañana el aviador está listo para emprender el vuelo decisivo hacia Chile, pero en una última revisión uno de los tensores se encuentra en malas condiciones. Candelaria da las instrucciones a su mecánico para superar el problema y a las 15:30 horas, finalmente levanta vuelo dirigiéndose hacia la cordillera en busca de Temuco, logrando aterrizar de emergencia en un potrero cercano a Cunco.

En los días siguientes Candelaria llega a Temuco donde recibe diversas manifestaciones de aprecio, no obstante haber surgido algunas acusaciones sin fundamento que lo sindicaban como un “espía” argentino.

En la capital fue recibido también con mucha simpatía, pero en el discurso del representante del Aeroclub, doctor Lisandro Santelices, hizo la salvedad de que había “cruzado el primero nuestra cordillera austral”, precisando más adelante que las altas cumbres no habían sido vencidas todavía.

No obstante lo anterior, el Teniente candelaria fue recibido en Argentina como un héroe por su arriesgada proeza, que lo elevaba al cénit de los aviadores de su país.

Con motivo de este notable vuelo, se le entregó el título de “Aviador Militar” del Ejército Argentino y póstumamente se colocó su nombre al Aeropuerto Internacional de San Carlos de Bariloche y a la Escuela Primaria N° 3 de Zapala.

Por su propia petición, a su fallecimiento en San Miguel de Tucumán, sus restos descansan en una tumba en el cementerio de Zapala.

EL CRUCE DE GODOY

En Chile los intentos de cruzar la cordillera se remontan a nuestro conciudadano Clodomiro Figueroa, quien en un frágil monoplano Bleriot de 50 HP, con gran apoyo de prensa e instituciones afines, realizó tres vuelos frente a la cordillera que no fructificaron, pero que sembraron la idea de que se necesitaba un avión de mayor potencia.

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Dagoberto Godoy

En la aviación militar chilena recién comienza a cristalizar esta idea en 1917, cuando se compra a la Argentina un avión Morane-Saulnier de 80 HP, el que en definitiva no surtió el efecto deseado por su escaso poder ascensional.

Surgió luego la posibilidad de comprar un avión similar, nuevo, por intermedio de España, pero los vaivenes de la guerra impidieron que la transacción se realizara.

Cuando ya la guerra comenzaba a marcar su ocaso, fructificaron negociaciones de nuestro Embajador en Londres Agustín Edwards, quien solicitó las compensaciones por el uso de buques construidos para nuestro país en Inglaterra y que fueron requisados por ese Gobierno al inicio de la Primera Guerra Mundial, lo que en parte favoreció a Chile con una partida de aviones, hidroaviones y submarinos.

De ellos doce monoplanos Bristol M. 1C, con motor Le Rhone de 110 HP, fueron destinados a la Escuela de Aeronáutica Militar, donde bajo las miradas del instructor inglés Capitán Víctor Huston, contratado especialmente por el gobierno, fueron armados los primeros aviones.

Godoy voló esta nueva máquina de gran techo y que rendía 200 km por hora, el 29 de noviembre y el 3 de diciembre, alcanzando alturas relativas de 1800 y 3800 metros. Luego el avión es volado por otros integrantes de la Escuela. El día 10 de diciembre Godoy hace un vuelo imponente logrando una altura de 5.500 metros, lo que genera la autorización para efectuar el vuelo decisivo sobre el macizo cordillerano.

Conseguida la autorización con el Ministro de Defensa, se tomaron algunos resguardos, como no dar a conocer este hecho a la prensa para no provocar falsas expectativas.

El vuelo se efectuó el día 12 de diciembre en horas de la madrugada, arribando alrededor de las siete horas al lugar denominado Lagunitas, en las cercanías de Mendoza, en el que hizo un aterrizaje de emergencia, ya que sus planes eran aterrizar en el aeródromo militar de Tamarindos, donde se realizaban las actividades aéreas en esos años.

Llevado en vehículo hasta Mendoza, Godoy dio a conocer su proeza al Cónsul de nuestro país y luego a las autoridades mendocinas. Conocida también la noticia en Chile, las agencias noticiosas no cesaron de inquirir pormenores, resaltando como un vuelo de carácter mundial el cruce cordillerano por las altas cumbres con una remontada de más de seis mil metros de altura.

Para Chile este fue el gran hito de la aviación militar pionera y al regreso del joven teniente se le distinguió con el grado de Capitán de Ejército, el que años más tarde se manifestaría en el grado de General de Brigada Aérea, Rama del Aire, de nuestra Fuerza Aérea de Chile.

Póstumamente se colocó su nombre al Grupo de Aviación N° 3, en ese entonces con sede en Temuco, su ciudad natal y se le erigieron bustos conmemorativos en Temuco, Pitrufquén Puerto Montt y Coyhaique. Se colocó su nombre a calles en El Bosque, Cerrillos, La Florida, San Joaquín, La Pintana, Pudahuel, Maullín e Iquique. Escuelas y liceos llevan también su nombre en El Bosque, Lo prado, La Granja y otros lugares del país.

Estos son los dos hitos centenarios de la aviación de nuestros países, cuyas circunstancias  serán recordadas durante el presente año. Son dos vuelos de diversa complejidad, por la gran diferencia de altura en que se realizaron, pero en ambos ha quedado registrado el ímpetu del hombre por vencer las diversas fronteras naturales (en este caso por el aire), las que de una u otra forma permitieron el avance de nuestros medios aéreos en estos lejanos países.

 

Fuentes:

  1. Alarcón C., Héctor, Dagoberto Godoy Fuentealba Cóndor de los Andes, Novum Editorial, Santiago de Chile, 2010.
  2. Candelaria, Luis C. Memoria de la travesía de los Andes en aeroplano, Cía. Argentina de Tabacos, Buenos Aires, Argentina, 1918.
  3. Diarios: diversos de Chile y Argentina en 1918.-
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